Rogelio Salmona es el único arquitecto latinoamericano al que se le ha concedido la más alta distinción a nivel mundial: la Medalla Alvar Aalto, que lleva el nombre del gran arquitecto finlandés, y sólo ha sido otor gada nueve veces. Salmona la recibió en Jyväskylä, Finlandia, y pronunció unas palabras que tituló Entre la mariposa y el elefante. El fotógrafo, crítico y arquitecto Germán Téllez dijo entonces que Salmona es el arquitecto colombiano más destacado de los últimos cincuenta años o más .
Con Salmona me une una amistad que, aunque no alcanza el medio siglo, sí llega a los 49 años, desde cuando estábamos en París, al mismo tiempo que Germán Samper, Gabriel García Márquez y Plinio Apuleyo Mendoza, sin olvidar al Chinche Ruiz. Entonces a Rogelio lo llamábamos le Petit Salmoná , antes de que se convirtiera, por derecho propio, en el Gran Salmona.
Desde hace más de treinta años los dos vivimos en la misma torre de las Residencias El Parque, diseñadas por él, a las que no sólo Laura Restrepo (su residente de tiempo incompleto) llama las Torres de Salmona, y desde cuyas terrazas vemos las escalinatas en las que él convirtió la falduda calle 26, ahora alegremente vividas por la gente y habitadas por árboles y arbustos.
Con Salmona (Escuadra Loca, lo llamaban en Cali) me une, además de la amistad, la cercanía a las plantas. Sí, Rogelio las ama y considera que son parte integral de su arquitectura. En sus jardines se encuentran sus compañeros de siempre: amarrabollos, trompetos, sietecueros, pimientos, palmas de cera, flores que atraen las mariposas, y orquídeas, como los epidendros y las sobralias.
Se suele repetir que la arquitectura de Salmona está influenciada por Le Corbusier. Yo creo que simplemente fue su discípulo, pero sus influencias iniciales (de las que Neruda dijo alguna vez que eran alas prestadas que nos ayudan a emprender el vuelo) señalan más bien una admiración por los trabajos de Frank Lloyd Wright, y sobre todo por los de Alvar Aalto. Por eso, cuando el gran finlandés murió, un amigo le mandó a Rogelio un minipoema jocoso:
Muerto Alvar ¿quién más Aalto que tú, quién más Aalto?
Y Salmona ni siquiera parpadeó.
Desde el Balcón Editorial
Bogotá, el escenario de reconciliación más grande del mundo
Destaquemos dos acontecimientos
que, por su magnitud, han contribuido a transformar el rostro y el alma de Bogotá como escenario de encuentros, como ciudad universal, como ciudad cultural: el Festival Iberoamericano de Teatro y el Festival de Teatro Alternativo —que suceden de manera simultánea— ofrecen cada uno un repertorio diverso de propuestas, tendencias y repertorios diversos y son dirigidos respectivamente por Fanny Mickey y Patricia Ariza.
Gracias, entre otros, a eventos culturales de semejante dimensión, de la percepción de ciudad agria, gris y desordenada que años atrás teníamos de nuestra capital, hemos ido lenta pero firmemente dando cuerpo a una idea de ciudad afianzada en la emoción y en el sentido de pertenencia: moldeándola como escenario de los deseos, de la inclusión, de la polifonía de voces, en un proceso en el que lo político, lo social y lo cultural han comenzado a tejer relaciones desde nociones de colectividad antes impensables: espacio público, solidaridad, responsabilidad social, derechos ciudadanos, políticas culturales, decisión y participación, descentralización, reconciliación. De los recuerdos de composición de ciudad por metros cuadrados de asfalto y lineales de puentes, se ha deslizado paulatinamente a la idea de una ciudad para ciudadanos: hombres, mujeres, jóvenes, niñas y niños, sin distinción de razas, creencias religiosas ni sexualidad, que reconocen que Bogotá es no sólo un dónde , sino un qué , es decir, una ciudad que otorga sentido de vida.
En este marco, estos dos festivales, con la algarabía y la parafernalia bienal proveniente de los cinco continentes, han echado raíz y han crecido al mismo ritmo que el concepto y la práctica de apropiación de ciudad, como sombra y como foco de la misma. Y lo han hecho como una fiesta necesaria de la cultura para esta ciudad, que invita a salir de las casas a la gente para seducirla en las calles y en los teatros.
Porque es en el teatro, sombra del hombre donde, después del fragor, como en un sueño, los tendidos en el campo de batalla, los contrincantes, los que se asesinaban por una puerilidad, en fin, los actores del conflicto, resucitan para tomarse de las manos, con el gesto purificado tras el ritual simbólico, para recibir los aplausos, la respuesta del público, rito que se repite por centenares de veces, que constituye la más hermosa metáfora de la civilización y convivencia, transformándose en un lenguaje simbólico, en un ejemplo, en una posibilidad de reconciliación.
Bertolt Brecht, uno de los paradigmas éticos y estéticos del siglo XX, puso sobre la escena las múltiples facetas de la devastación del hombre por el hombre, y creía —y sabía— que no existe otro lugar más adecuado para significar el peso ético y moral de la indiferencia que el teatro. Pero eso sí, también sabía, y lo saben quienes del teatro se sirven para simbolizar una acción o una conducta humana, que una obra de teatro es sólo un símbolo efímero que se echa a rodar hacia adentro de la conciencia individual para provocar, ojalá, una emoción pasajera o efímera o tal vez aspirar a modificar ciertos hábitos de intolerancia y exclusión, arraigados tantas veces en el inconsciente.
Tener dentro de los cuatro puntos cardinales de esta ciudad una fiesta que es una celebración a la vida —y el teatro en sus orígenes remotos fue eso, y sigue siéndolo— convierte a nuestra Bogotá en el mayor escenario del mundo para la reconciliación, y contribuye a elevar la dimensión de la cultura en un proceso de paz. Sí, la cultura, que dentro de tantos y complejos escenarios, aparece como una redentora psicoterapia del mundo.
Martha Senn
CARTAS DE LOS LECTORES
Maestro Guillermo Angulo
Director de Ciudad Viva
Instituto Distrital de Cultura y Turismo
La Ciudad
Admirado Maestro Angulo:
Una vez más, felicito a ustedes por esa
publicación, que refleja la cultura y el
buen gusto de artistas tan valiosos en
sus campos respectivos como usted y la
muy querida Martha Senn.
Hace muchos años tengo en mi errante
biblioteca un libro titulado El romancero
del virrey Solís, editado en 1928. Del
poeta no se sabe mucho. Sólo está
presente en la fina y alta calidad de sus
versos. Creo que perteneció a la Gruta
simbólica.
Le envío el canto primero de El romancero
del virrey Solís, de Manuel Briceño. Este
poema, y otros de ese libro, quisieran
revivir en Ciudad Viva. Gracias por estar
de acuerdo y recibir el verdadero afecto y
la verdadera admiración de,
Maruja Vieira
N. de la D.
En una próxima edición publicaremos el
bello poema. Gracias a la gran poeta,
Maruja Vieira.
Doctor
Guillermo Angulo
Director periódico Ciudad Viva
Ciudad
Al caer de la tarde, cuando el sol va en
busca de sus aposentos, hice tránsito
por las ilustradas páginas de Ciudad
Viva, ediciones Nº 13 y 14, publicaciones
que vienen, como es habitual,
gracias a su generosidad, a enriquecer
el acerbo cultural que nos es propio .