Todos queremos ser libres. ¿Pero somos realmente libres? No, ni lo somos ni lo seremos mientras estemos sitiados por la vergüenza… La vergüenza de aceptar, como costumbre, el convivir con el dolor del secuestro. Con estas contundentes palabras, José Domingo Garzón, gerente de Arte Dramático del Instituto Distrital de Cultura y Turismo (IDCT), invita a los habitantes de Bogotá a decirle NO al secuestro.
Unas treinta mil personas que el mes pasado aceptaron el llamado de la Alcaldía Mayor de Bogotá, en la Plaza de Bolívar, durante el lanzamiento de la campaña por el Acuerdo Humanitario, cuyo lema es Para volvernos a ver. Esa tarde del 23 de febrero —que se prolongó hasta las 10 de la noche— todos gritaron al unísono: ¡No más secuestros, no más guerra!, y demostraron que al unirse como un solo pueblo y alzar las manos, se consiguen mejores resultados que cuando se alza un fusil.
La iniciativa surgió del Alcalde Mayor, Lucho Garzón, quien diseñó así un ejercicio de participación ciudadana, mediante una propuesta de tipo simbólico: reunirse en torno de la música, de la cultura, en una correría por fortalecer los lazos entre las familias y los afectados por el flagelo del secuestro. Fue una marcha multitudinaria, pacífica y solidaria para apoyar el Acuerdo Humanitario que necesita el país.
Junto al Alcalde, en otras ciudades colombianas, hicieron lo propio Angelino Garzón (gobernador del Valle) y Sergio Fajardo (burgomaestre de Medellín).
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FOTO DE MATEO PÉREZ
Miles de bolitas de ping-pong rodaron de mano en mano entre el público durante la jornada, y en ellas estaba escrito: “¿A quién quisiera sacar de la guerra?” La pregunta generó todo tipo de respuestas, casi tan numerosas como los incalculables daños ocasionados por la guerra a Colombia.
Héctor Osorio respondió que él sacaría a la población civil; en su condición de ex secuestrado conoce muy bien las penurias de perder la libertad. “Yo estuve un año en poder del Frente 25 de las Farc; fui secuestrado en enero del 2001, hasta el 21 de enero del 2002” —recuerda todavía, como si hubiese ocurrido hace unos días—. “Por eso estoy aquí, con los familiares de los secuestrados,” agrega.
Mientras sonaban pegajosas notas a ritmo de rock, ska y reggae , la gente iba pasando la bola: “Hey, parce, mire: ¿usted a quién quiere sacar de la guerra?,” se preguntaban los asistentes entre sí. “Yo saco a mi familia y a mi mismo de esta guerra… Todos estamos, de alguna manera, involucrados en ella,” fue la respuesta de Juan Peña, actor de teatro y promotor de derechos humanos.
Así, haciendo tomar conciencia, fue como se unió a la propuesta de Lucho Garzón el IDCT. “Le estamos proponiendo a la ciudadanía un ejercicio que nace de esa pregunta, para que reflexione sobre el tema y escriba un mensaje, un poema, una canción , un cuento o cualquier otro medio de expresión, para convocar la sensibilidad colectiva,” explica Martha Senn, directora del IDCT. “Una foto, un poema, un dibujo, una canción, una carta, una hoja con mensajes, un casete o un video,” complementa José Domingo Garzón. La idea es, según Martha Senn, hacer más encuentros como el de la plaza de Bolívar en todas las 20 localidades. El IDCT hará la propuesta a las alcaldesas locales de organizar jornadas colectivas en los barrios, parques, colegios o cualquier esquina de su localidad.
Se convocará a los artistas locales a que se hagan presentes durante estos ejercicios democráticos. El IDCT ofrecerá su tarima para realizar los conciertos, y cada localidad aportará el talento: sus artistas locales y, en una esfera gigante, las personas podrán depositar sus mensajes. A final de año, un grupo de artistas plásticos construirá con ese material una instalación que será símbolo de una petición colectiva.
“Invito a los habitantes de Bogotá a manifestar sus sentimientos, a que los expresen con toda libertad, a sabiendas de que ese mensaje es el material que constituirá el lenguaje metafórico y simbólico que recibirá un artista plástico para elaborar su propuesta estética,” afirma Senn.
José Domingo Garzón incita, desde lo más profundo de su alma, a sacar a alguien –o algo– de la guerra: “Escriba, grabe, dibuje, cante… ¿A quién quiere sacar de la guerra? Al amigo secuestrado, pero también al secuestrador; al amado y al armado, al del frente y al del lado. Al enmascarado y al vendado; al carcelero y al penado; al del monte y al urbano; al combatiente veterano. Al recluta, al soldado, a la víctima, al victimario, al cómplice, al indiferente, al presente, al ausente. Al anciano desterrado, al hijo que no ha nacido, al que nació sin futuro, a mis cinco sentidos …” Cuando la ciudadanía se levanta para actuar y expresarse al unísono, logra cualquier propósito. El Acuerdo Humanitario, es la meta.