BIBLIOTECA EL TINTAL, DE DANIEL BERMÚDEZ
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En esta Bogotá las luces centellantes de las grandes avenidas se sincretizan con las iglesias coloniales. Hace rato se acabaron las hileras de carros apiñados en las aceras y las tiendas rojas y amarillas que se encontraban en cualquier esquina de las calles. Hoy, esta capital en la que viven más de diez millones de personas, es una ciudad fascinante, que no para de transformarse y que se ha desperezado para convertirse en la ciudad de todos.
Uno de los factores que ha contribuido al desarrollo vertiginoso de Bogotá en los últimos años tiene que ver con la oferta cultural de la ciudad, orientada a ser para todos. Aquí no hay que pagar para ver una gran ópera, un concierto de música rock o una obra de teatro de alta calidad.
Qué mejor ejemplo de una sociedad unida que la campaña Libro al Viento. Este programa en el que un libro pasa por cientos de manos refleja, a cabalidad, una de las características más importantes que debe tener una ciudad desarrollada: el amor por el bien público. El periódico Ciudad Viva también ha tratado de seguir la idea de que los bogotanos reconozcan y vivan la ciudad.
Este amor por lo publico está fuertemente ligado con el sentido de pertenencia que sienten los habitantes de Bogotá por esta capital que, poco a poco, se ha convertido en una ciudad insomne, donde los novios caminan a las dos de la mañana cogidos de la mano; y donde se pueden comprar un par de tenis o un buen libro a doce de la noche en un centro comercial. Las grandes capitales están activas las 24 horas y Bogotá no se queda atrás. Además, esta ciudad, que vive en continua transformación está acercando física y culturalmente a los bogotanos. Si se toma un Transmilenio en la calle 116, en media hora se llega a la estación del Restrepo.
Atrás ha quedado la Bogotá ajena, la de los teléfonos grises destrozados, la distante. Y más atrás la provinciana, la mojigata. La Bogota actual, la que estamos viviendo, es la Bogotá seductora.