Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte Carrera 8ª Nº 9-83
Teléfono 2428380
Dirección electrónica: ciudadviva@scrd.gov.co
Nostalgia por Eduardo Ramírez Villamizar
Por Santiago Mutis Durán
Retrato de Eduardo Ramírez Villamizar
al pie de su obra, Horizontal verde-azul, de1958
[ click en la imagen para ampliar ]
Es ya sabido que la globalización comenzó para nosotros con Colón —sin duda una mala persona— y con sus sementales, criadores de cerdos, avariciosos y sanguinarios. Una reciente representación viva de aquella atrocidad que llamamos historia fue la Casa Arana, de inspiración criolla y capitalista: esclavismo y masacres con fines comerciales —como siempre—, esta vez en beneficio del automóvil, ese polucionante símbolo del progreso y el bienestar que brinda la tecnología.
Entre tanto bla-bla-blá posmoderno, lo evidente es que su gusto es el kitsch, popular o de lujo. La moda, la arquitectura, la televisión, la publicidad... brillan con su fusión del mal gusto, esperpéntica, de vistosa y abigarrada vulgaridad. El balneario de Cancún, por ejemplo, emporio turístico levantado sobre el mismísimo Paraíso, está hecho de monumentales hoteles —ciudadelas amuralladas contra los pobres de la región: los nativos— al estilo egipcio — faraónico— hindú, árabe... con piscinas colgantes, lucientes casinos, y alto riego ecológico. La civilización de hoy es de tal naturaleza que toda su bullente tontería puede convertirse en dramático caos con sólo desenchufarla. Quince días sin cortaúñas bastarían — dice Bryce Echenique— para que nuestra controlada, gozosa e injusta civilización deje ver su fragilidad y sus aterradoras garras. Nuestro modelo de civilización no es la ciudad de Assis o Machu Picchu, ni siquiera Roma o Praga, sino la ciudad de Las Vegas, un costoso infierno construido por la mafia, absolutamente kitsch, «donde usted podrá sentirse mejor que en Venecia». Un set cinematográfico donde la cultura jamás lo importunará.
Para mantener estos modelos de civilización, Estados Unidos debe bombardear a Bagdad. Según parece, todo está relacionado. Por eso un cepillo de dientes, unos zapatos deportivos, una afeitadora, un automóvil de lujo, una aspiradora, un teléfono celular, un equipo de sonido, un cohete, un estilógrafo o un misil tienen el mismo diseño, las mismas líneas dinámicas y los mismos colores. ¡Son de la misma familia! Por ese motivo nos llama la atención un objeto hecho a mano —un tabaco o un dios de madera— y, sobre todo, una obra de arte, cuya forma —contenido y propósito, si los tiene— contradice el mercado tecnológico que tanto reverenciamos, siempre por encima del hombre.
Esto es lo que no entendieron los detractores del arte abstracto, acusándolo de participar en el proceso de deshumanización en que caían los gobiernos, la ciencia y los carteles económicos promotores de guerras y atracos. Los abstractos, decían, desaparecen al hombre tras luminosas sombras, y lo convierten en diseño, planos y líneas: en geometría de colores. Con este mismo rechazo, el mejor arte contemporáneo ha disuelto las formas del arte para volverse política, sin violencia, asumiendo la responsabilidad social que ya no cumplen las culturas, los gobiernos, las universidades ni las mismas sociedades (Ltdas).
Pero me temo que esta añeja visión del arte abstracto y este nuevo prejuicio en su contra sirven para desdeñar la mayor fuerza del hombre, no sólo para resistir a la invasión de estupidez y horror actuales, sino para volvernos a crear como hombres cruzando este enorme basurero que ha llegado a exasperar incluso al planeta, que se calienta y se sacude nuestras ingeniosas y creativas civilizaciones urbanas como un organismo pensante combatiendo una plaga. Ramírez, en muchas de sus esculturas, deja a la vista esas misteriosas estructuras capaces de integrar nuevamente la necesaria y natural armonía interior del hombre. Algo que necesitamos clamorosamente en Colombia, ante el daño moral que nos ha dejado la convivencia con lo invivible de la guerra por el poder económico, social y político. Por eso, un poeta cualquiera clama hoy por la razón: «El presidente Uribe olvida a menudo su deber de señalarle al país los caminos de la civilización » (William Ospina, en Cromos). Y esto es precisamente lo que hacen las monumentales esculturas públicas de Ramírez Villamizar.
Julián Díaz, en el catálogo de la actual exposición de Ramírez en la Galería Mundo, dice de estas profundas, misteriosas y poéticas estructuras que afloran a su obra: «Los valores armónicos de cualquier par de órbitas planetarias forman intervalos musicales [...]. El clave bien temperado de Bach (1722) es una elaboración y un tributo musical de los descubrimientos astronómicos [...], de El misterio cosmográfico o La nueva astronomía de Kepler», valores armónicos que Ramírez adopta contra el caos y la agresión. Por eso una de sus obras se llama Arquitectura para oír a Bach (1982). Para quien no crea en esta manera de «exorcizar demonios», o la desprecie como especulación o brumas románticas, recurro a la sabiduría de la infancia —aquella genialidad contra la que trabaja nuestro sistema educativo—, con Carlos Salas:
Salíamos del teatro Colón de una presentación de ballet en la que participaba mi hija, de apenas cinco años, y visitamos una exposición de Ramírez. [La niña] se sumergió en las maravillosas formas de las esculturas. Totalmente abstraída comenzó a improvisar pasos de baile según la iba inspirando cada una de ellas. Mi hija le tenía temor a la escultura figurativa, pero frente a las de Ramírez alcanzó a escuchar la música que había en ellas y así [pudo] percibirla desde la intimidad haciendo de ese encuentro todo un acontecimiento vital. Contemplarla me ayudó a entender [...] la riqueza que encierra la obra de este gran artista.
Éste es el verdadero tesoro enterrado en el silencio de las esculturas de Ramírez Villamizar.
[Eduardo Ramírez Villamizar] no ha permitido que nada irracional ni nada pasional se filtre en sus obras.
Marta Traba
Todas las fotografías de la obra
de Eduardo Ramírez Villamizar
se publican por cortesía de
Galería Mundo.
Nuestros agradecimientos.
[ Haga click sobre las imágenes para ampliarlas ]