Del 23 al 26 de agosto Bogotá recibirá a 39 escritores menores de 39 años, de toda Latinoamérica. Durante cuatro días, en más de treinta escenarios abiertos a todo el público, como universidades, colegios, bibliotecas, bares, cafés y parques, la ciudad reunirá a estos narradores que representan algunas de las tendencias literarias actuales. Habrá conversaciones, discusiones, lecturas y encuentros en torno a la literatura.
Después del Boom vino el silencio. Hoy en día la literatura latinoamericana sigue siendo asociada con los libros que hace treinta o cuarenta años escribieron Donoso, García Márquez, Cortázar, Borges, Monterroso, Fuentes y muchos otros escritores nacidos en los albores del siglo XX, quienes dejaron un rico legado a las letras hispánicas. Pero en los últimos años la narrativa del continente ha perdido su vigor. Las últimas generaciones de escritores han crecido desperdigadas, solas. Dispersos están los libros y sus autores.
Por eso en el marco de Bogotá Capital Mundial del Libro se abrió el encuentro Bogotá 39. Este proyecto de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, junto con el Hay Festival, busca que la literatura latinoamericana recupere la importancia de la época en que se publicaron libros como Rayuela, Sobre héroes y tumbas, La invención de Morel, que ya comparten, con los más grandes, el estante de clásicos de las letras universales.
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Un jurado compuesto por los reconocidos escritores colombianos Piedad Bonnett, Héctor Abad Faciolince y Óscar Collazos se dio a la tarea de elegir, entre aproximadamente 2.000 autores postulados, a los 39 escritores latinoamericanos menores de 39 años más importantes de la actualidad. Autores de México, República Dominicana, Colombia, Panamá, Perú, Argentina, Venezuela, Bolivia, Paraguay, Uruguay, Chile, Cuba, Ecuador, Puerto Rico, Guatemala, Brasil y El Salvador forman parte del grupo escogido. El proyecto pretende hacer más visibles las obras de quienes hoy en día representan la narrativa hispánica; con una propuesta dinámica y amena, acercar el público a la obra de los nuevos autores; generar un espacio en el que los escritores establezcan relaciones más cercanas.
En pocas palabras, Bogotá 39 es un espacio para el reconocimiento de las letras latinoamericanas actuales. Entre los escritores que forman parte de Bogotá 39 se encuentra el mexicano Jorge Volpi, doctor en filología y autor de En busca de Klingsor, libro publicado en veinte idiomas, ganador de los premios Biblioteca Breve, Deux Océans, Grinzane Cavour, y premio a la mejor traducción del Instituto Cervantes en Roma. También la escritora cubana Wendy Guerra, autora galardonada en 2006 con el premio Bruguera por su novela Todos se van, quien dice profesar un amor incondicional a su patria: «La única familia que tengo es Cuba, así que si me voy pierdo lo único que tengo».
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Uno de los escritores más afamados del grupo es el argentino Andrés Neuman. Esto anotó el consagrado Roberto Bolaño sobre el autor: «Tocado por la gracia. Ningún buen lector dejará de percibir en sus páginas algo que sólo es dable encontrar en la alta literatura, aquélla que escriben los poetas verdaderos. La literatura del siglo XXI pertenecerá a Neuman y a unos pocos de sus hermanos de sangre». En el grupo de 39 escritores también se hallan, entre otros, el peruano Santiago Roncagliolo, ganador del Premio Alfaguara de Novela por su obra Abril
rojo; la uruguaya Claudia Amengual, el
boliviano Rodrigo Hasbún, la brasileña Verónica Stigger, el chileno Álvaro Bisama, el guatemalteco Eduardo Halfon, el paraguayo José Pérez Reyes, el venezolano Rodrigo Blanco y el dominicano Junot Díaz, quien ha publicado sus historias en Story, The New Yorker, The Paris Review, y cuatro veces en Best American Short Stories 1996. En el grupo figuran seis colombianos: Antonio García, John Jairo Junieles, Pilar Quintana, Ricardo Silva, Antonio Ungar y Juan Gabriel Vásquez. Bogotá 39 será un espacio en el que todos los habitantes de la ciudad podrán organizar un poco el panorama literario actual de Latinoamérica. El mundo ha cambiado mucho desde que los célebres escritores del Boom escribieron sus obras. El mundo tangible, el concreto, se ha transformado en otra cosa. Las máquinas de escribir en las que se teclearon los largos párrafos de El obsceno pájaro de la noche y los fantásticos cuentos de Cortázar han sido desplazadas por el computador. Ahora prima la velocidad, el momento fugaz, el «me tengo que ir». Pero en medio del caos o la calma, la buena literatura sigue siendo leída porque nos identifica como seres humanos.