Una apuesta por la transformación cultural de los bogotanos
El programa Amor por Bogotá
La música se tomará las calles de los barrios bogotanos durante el cumpleaños de Bogotá.
Foto Carlos Mario Lema
Bogotá es una ciudad intercultural. Más de siete millones de habitantes recorren a diario sus calles, habitan sus barrios y hacen de ella el centro sociocultural de Colombia. En la cotidianidad de sus monumentales trancones, interminables filas bancarias, inolvidables paseos por centros comerciales, y otras muchas actividades que propician la interacción social, confluye una gran variedad de culturas.
Y en ese «coctel cultural ciudadano» se puede decir que es tan bogotano un rolo nacido aquí —valga la redundancia— como un barranquillero que llegó años atrás a radicarse en la fría sabana. Lo mismo puede decirse de los universitarios de provincia, de los artistas que llegan buscando una oportunidad, de los profesionales, de los extranjeros, etc. Y es así como, durante décadas, todos los colombianos que por una u otra razón han pisado suelo bogotano se han convertido en hijos de Bogotá, que este mes cumple 470 años.
Amor por Bogotá es la apuesta que hace la Alcaldía Mayor de Bogotá, en cabeza de Samuel Moreno Rojas, por incentivar la solidaridad, la convivencia y la corresponsabilidad social de los ciudadanos. Es el programa que, dentro del Plan de Desarrollo Bogotá positiva, busca aportar acciones de cambio cultural para generar justicia social, inclusión y garantías de calidad de vida.
La transformación a la que se quiere llegar debe empezar por uno mismo como persona, para así abarcar a toda la sociedad; pero también se transformarán las entidades distritales, en organismos dotados de mayor inclusión, servicio, protección y capacidad de agencia.
Así, mediante los ejes de protección de los derechos humanos, el cuidado especial de la niñez y la juventud, y la equidad de géneros, Amor por Bogotá podrá aplicar sus principios de ciudadanía plena (poder gozar de los derechos humanos), solidaridad (capacidad de ponerse en el lugar del otro) y corresponsabilidad (obligación, por parte de los sectores sociales organizados, de contribuir a la transformación ciudadana).
Este mes, la Alcaldía quiere empezar a poner en práctica todos los postulados de tal programa en el marco de la Fiesta de Bogotá. Bajo el lema «Demuestra tu amor por Bogotá», se están celebrando los 470 años de la ciudad en un ambiente de fiesta que integra las distintas expresiones de nuestra cultura festiva tradicional, popular y urbana.
Desde el Balcón Editorial
Un cruzada de Amor por Bogotá
Bogotá es ese hombre y esa mujer que todos los días salen de la casa al trabajo. Bogotá es también el grupo de niños de colegio que visita un museo, una biblioteca, un teatro. Bogotá es la carrera séptima llena de personas caminando de arriba abajo, y ese anciano sentado en la banca de un parque. Bogotá es ese mínimo espacio que alguien ocupa en un paradero, y también la plaza y la gran avenida. Es lo más ínfimo y lo colosal. Todos formamos parte de esta capital que se mueve vertiginosamente, y es por eso, porque nosotros —usted y yo, querido lector— formamos parte de ella, que es tan importante sentir amor por Bogotá.
La Alcaldía Mayor ha promovido como una de sus prioridades el programa Amor por Bogotá, que busca propiciar cambios en las normas culturales y sociales que deterioran la convivencia en la ciudad. Concebimos a Bogotá como una gran urbe, habitada por una multiplicidad de personas con diferentes creencias, puntos de vista, valores morales. Pero esas diferencias no se perciben a vuelo de pájaro. Es necesario adentrarse en aquella gran urbe y prestar atención al individuo. Hay que trabajar desde lo particular para propiciar un cambio general. Un cambio que haga posible aquel gran objetivo expresado en el Plan de Desarrollo Bogotá positiva: «Con este programa se busca, sobre todo, que la paz sea más que un concepto, una práctica de todos y todas que se aplique en el trato con la familia, el cuidado y el amor hacia la infancia, la dignidad y el respeto de los adultos mayores, la recreación, el esparcimiento y la expresión artística, y la defensa de los derechos humanos».
Amor por Bogotáesdar para recibir. Si empezamos a cambiar la concepción que tenemos de la ciudad, la ciudad ofrecerá más y nos será más grata. Amar a Bogotá es respetarse, respetar a la familia, respetar el barrio y la ciudad. Resulta vital que entendamos que son las personas quienes construyen a Bogotá. Las obras, el progreso material de una gran urbe, pierden en gran medida su sentido si sus pobladores no tienen con ésta una relación de corresponsabilidad, y con los demás habitantes un profundo sentido de solidaridad.
Aun cuando los habitantes de Bogotá tenemos muchas diferencias, el programa es una apuesta a la gran cantidad de semejanzas que hay entre nosotros, muchas de las cuales se hallan en el papel que todos desempeñamos como ciudadanos. Compartimos las mismas normas de convivencia, un mismo entorno, las mismas calles, el mismo transporte, los mismos escenarios culturales: la misma ciudad.
Qué mejor fecha que este agosto, cuando celebramos el cumpleaños número 470 de la ciudad, para comenzar a estimular en cada habitante el amor por la capital. Amor por Bogotá enmarca una serie de acciones como la protección de los niños y las niñas, el trato equitativo de géneros, la defensa de los derechos humanos de todos los ciudadanos, el fomento del sentido de pertenencia y la apropiación de la ciudad. La cultura juega un papel fundamental, y es así como por ejemplo el día 6 de agosto, entre las muchas actividades que tenemos programadas durante todo el mes, enmarcadas en la Fiesta de Bogotá, se ha convocado masivamente a la ciudadanía para celebrar el cumpleaños de Bogotá de manera festiva, bailando en una gran celebración. Ese día se llevarán a cabo 24 fiestas simultáneas que promueven la integración social, la valoración y reconocimiento de la diversidad cultural, la rumba sana y la convivencia pacífica, generando así un nuevo sentido de pertenencia y apropiación de la ciudad basado en su cultura festiva. Comparsas, desfiles, conciertos y demás manifestaciones artísticas de carácter tradicional, popular y urbano harán de éste un mes inolvidable. A largo plazo, esperamos que la Fiesta de Bogotá se consolide como la principal celebración de la ciudad.
El programa Amor por Bogotá nos compromete a todos. Con ayuda de quienes la habitamos, será más grato vivir en esta capital. Bogotá será más nuestra, más desarrollada e igualitaria si logramos transformar ese pensamiento de que sólo aquello que está de puertas para adentro es nuestro. De puertas para afuera, el asfalto que pisamos todos los días, el parque que visitamos el fin de semana y todo lo demás también nos pertenece y nos compromete.
Catalina Ramírez
Secretaria de Cultura, Recreación y Deporte
CARTAS DE LOS LECTORES
Señor director: Alguna vez (hace años) en Ciudad Viva publicaron un artículo sobre la estupidización del lenguaje. Acabo de leer esto, aparecido en La Patria de Manizales y firmado por el gramático Efraim Osorio. Como el trozo que les adjunto me pareció muy interesante, quise que los lectores de este periódico compartieran estas sabias observaciones.
Aclaro que soy gran admirador de doña Claudia López, que de tonta no tiene un pelo. Pero, como soy tanguista, le digo a doña Claudia para consolarla de su metida de pata: «un tropezón cualquiera da en la vida».
«Como el de los posibles, el número de los tontos es infinito», dice el axioma. Lo recordé cuando leí el siguiente titular: «Los niñ@s: nuestro mínimo común denominador». Y lo confirmé cuando vi que, en todo el artículo, aparecía la misma estupidez cada vez que el castellano pedía «los niños», muchas veces, más de las estomagables. Y lo reafirmé cuando vi «ell@s», también muchas veces. Una sola vez, seguramente por equivocación, la redactora escribió sensatamente:
«...cometidos contra los niños menores de 14 años». El artículo al que me refiero es de Claudia López, publicado tal cual, «estúpidamente», por El Tiempo, el 24 de junio. La pregunta lógica es ésta: ¿Por qué no escribió, para ser congruente, todo lo que tiene que ver con los niños colombianos de esa manera? En el titular, por ejemplo: L@s niñ@s. Y los adjetivos y los sustantivos correspondientes, como «l@s indefens@s»; «barat@s»; «colombian@s»; «maltratad@s», «violad@s», «explotad@s sexualmente»; «much@s»; «a otr@s niñ@s»; «colombianit@s menores de 14 años»; «l@s ciudadan@s», etc. Ahora bien, yo le pregunto, señora López: ¿Cómo pronuncia usted semejante engendro? ¿«Les niñes»? o ¿«los niños y las niñas»?, otra suprema majadería. ¿No saben ustedes, doña Claudia, señora Florence Thomas, y ustedes, los que las siguen y les obedecen ciegamente, que cuando decimos «los colombianos» nos referimos a todos los nacidos en Colombia, incluidos ahí Iván Márquez y Piedad Córdoba? Es que esto nada tiene que ver con el sexo. ¡No, señor, es la gramática, estúpid@s! Perdónenme el epíteto, porque no hay otro. «Estúpido», en efecto, es un fulano «notablemente torpe para comprender las cosas». Se dice también de «los dichos o hechos propios de un estúpido». ¡Y no me diga más!
Por la transcripción,
Ricardo Duque Jaramillo
(Por correo electrónico)