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Casa del Virrey Sámano:
la nueva sede alterna del Museo de Bogotá
A partir de este mes, se inaugura un nuevo espacio de difusión cultural en la ciudad. El Instituto Distrital de Patrimonio Cultural viene trabajando hace más de un año en la restauración de la Casa del Virrey Sámano. Ya está lista y es un regalo para Bogotá en el bicentenario del Grito de Independencia.
Juan
Sámano. Xilografía de G.Páez (tinta de grabado sobre papel).Dibujo
de Justo Pastor Lozada. Colecccción Museo Nacional de Colombia.
Abajo, donde hoy queda la Plaza de los Mártires, Policarpa Salavarrieta se preparaba valientemente para su fusilamiento. Mientras tanto, arriba, cuenta Germán Arciniegas, «el viejo Sámano, jorobado y verde, desde el balcón, abría sus ojos de loro, preocupado sólo de que la fiesta no resultara tan bien como esperaba. Ordenaba que los tambores redoblaran más fuerte para evitar que siguieran oyéndose los discursos de Policarpa». Su nombre completo era Juan José Francisco de Sámano y Uribarri de Rebollar y Mazorra, y fue el último virrey del Nuevo Reino de Granada. Durante su sangriento mandato se ordenó la ejecución de Francisco José de Caldas, Antonio Villavicencio y Jorge Tadeo Lozano, entre muchos otros. Desde su casa, en la calle décima con carrera cuarta (la Calle de la Fatiga), fraguaba sus próximos planes. Ese lugar, declarado Bien de Interés Cultural, será a partir de este mes la tercera sede del Museo de Bogotá, la Sede Sámano.
Por un lapso de ocho años la casa estuvo ocupada ilegalmente. En 2005 se recuperó el inmueble y un año después se hicieron los estudios para su restauración. Gran parte de la casa estaba en muy malas condiciones. La madera de las vigas se desmoronaba, y los jardines, los pisos y paredes estaban llenos de huecos: habían sido «guaqueados» por ladrones ansiosos de encontrar algún tesoro escondido por Juan Sámano.
En junio de 2007, el Consorcio Conguadua, el mismo que realizó la restauración de la Iglesia de Santo Domingo en Cartagena, inició las obras. Debido al mal estado en que se encontraba la casa, se hizo necesario mezclar dos arquitecturas, dos estilos. Es así como el primer espacio, que va de la entrada hasta el fin del primer patio, conserva con esmero las características de los espacios originales, las columnas de piedra, la madera. Por ejemplo, los dinteles bajo los cuales el virrey asomaba la cabeza están intactos.
Después de pasar el primer patio, la arquitectura es más moderna. Unos lujosos baños reciben al visitante, luego un moderno ascensor y amplios espacios blancos muy iluminados. En la segunda planta, un puente de vidrio conecta los dos ambientes. Precisamente acá se encuentra el más grande de los salones: un enorme espacio rectangular con vigas de mangle y pisos de sapán, cuyas paredes atesoran los dinteles antiguos. Grandes ventanas rodean el salón. «A pesar de los cambios que han sido necesarios, hemos tratado de dejar testimonios sobre cómo era la casa. Es una forma de respetar lo que nos han heredado», asegura Jorge Tabora, arquitecto de la obra.
Foto Germán Izquierdo
La casa, de dos plantas y 545 metros cuadrados, tiene características distintivas de la arquitectura colonial neogranadina. «La portada, el ingreso, el recorrido interior, el espacio del patio, las habitaciones, las áreas de servicio y el solar se encadenan en una sucesión ordenada que va de lo público a lo privado, de lo urbano (la calle) a lo rural (el solar), de lo social a los servicios», agrega Tabora.
Uno de los éxitos de la restauración de la casa es que el presupuesto (1.920.000.000 millones de pesos) no se desfasó a pesar de que no se sabía con exactitud qué obstáculos tendrían que afrontarse. Gabriel Pardo, director del Instituto Distrital de Patrimonio, explica: «Por ejemplo, al hacer los estudios, nos encontramos con que la casa no tenía cimientos». Aun así, los gastos no subieron. La Sede Sámano del Museo de Bogotá tiene una tienda de suvenires y un restaurante que ayudarán a que la institución sea autosuficiente.
Aunque entre las paredes de la casa no se hallaron joyas ni monedas de oro, uno de los obreros encontró un pequeño papel blanco que, al contacto con el sudor de las manos y el aire, se fue poniendo amarillo y reveló su contenido. El papel decía: «Lista de ropa que se va a lavar: camisas, 12; chupas, 10; medias, 12; calzones, 12». El documento data de 1798.
El virrey Sámano estaba en su casa de Bogotá cuando se enteró de que el 9 de agosto de 1819 el Ejército Libertador había vencido a los españoles en la Batalla de Boyacá. Entonces sigilosamente huyo por el camino de Honda, cubierto con una capa verde. De allí zarpó para Cartagena y finalmente llegó a Panamá, donde murió meses más tarde, afectado por varias enfermedades. Allí quedó la casa, en las empinadas calles de La Candelaria. Ahí está aún. Ahora remodelada y lista para convertirse en un nuevo centro cultural para la ciudad.