Sobre unas fotos y una nota publicadas en el Nº 11 de Ciudad Viva de noviembre de 2005
Por Hernando Gómez Serrano
En primer lugar, quiero expresar mi reconocimiento por el trabajo profesional, artístico y político, que acompaña las entregas periódicas de Ciudad Viva, al igual que el diálogo crítico que se entabla con los lectores a través de la contra carátula, que los reconoce como coautores permanentes.
Recogiendo la sentencia de Sasha Stone, «[…] la fotografía como arte, es un terreno muy peligroso,» más aún cuando emitimos algún juicio sobre ella, quiero expresar mis sensaciones ante las páginas centrales del Magazín del pasado número del periódico.
Así, con el ánimo de dejar consignada mi opinión —que puede ser tan desacertada en términos artísticos, como incorrecta en términos técnicos— quiero reaccionar desde lo más primario de mi ser y expresar un sentimiento hecho sensación, antes que un argumento racional. En mi constante deambular por la ciudad, recorriéndola paso a paso durante ya más de treinta años, he guardado en la memoria visual de mis retinas, imágenes que distan de la sucesión fragmentada que de los estratos sociales se presenta en las páginas iv y v del Magazín.
Un sin sabor invade mi mundo interior al mirar y remirar la secuencia fotográfica allí presentada que, a mi parecer, contradice el sentido ético político de la Cultura para la inclusión social promulgada por nuestro Plan de desarrollo Bogotá sin indiferencia.
Dos páginas que representan lugares comunes, donde se reafirma la lectura simplista que sobre la ciudad y sus diferencias se ha venido imponiendo en los últimos tiempos. Dos páginas con imágenes esteriotipadas, estáticas y excluyentes que contradicen la dinámica propia de la vida humana. Dos páginas que nos alejan del «[…] espíritu que se expresa más allá de la mecánica, como metáforas de la vida» (Walter Benjamín), donde se recrea el día a día de millones de mujeres y hombres que a su paso delinean la geografía humana de la ciudad de Bogotá y con sus voces relatan su historia silenciosa, oculta, tímida y rebelde.
Disgusto, en el más elemental sentido de la palabra, es la sensación que se apodera de mí ser. No sabría argumentar este estado del alma. ¿Serán las imágenes? ¿Será la lectura monoclasista que sobre la diferencia y la multiculturalidad Bogotana allí creo se expresa? ¿Será mi analfabetismo gráfico, sabiamente expresado por Benjamín en «la pequeña historia de la fotografía», cuando afirma que: «[…] no el que ignore la escritura, sino el que ignore la fotografía, será el analfabeto del futuro.»¿Será que el recorrido inédito por el mundo interior de los estratos que la cámara quiso capturar quedó atrapado en un relato plano, racionalista e inmóvil, que mi piel se niega a aceptar? ¿Será simplemente que mis sensaciones desbordan los límites inescrutables de la razón?
No lo sé. …Solo sé que un sentimiento contradictorio, una sensación incómoda, un dolor dormido recorren mi cuerpo al ver estas imágenes, de los que sólo puedo sustraerme con el exorcismo de la palabra, esta palabra de recusación y crítica.
O… quizás ¿será que la lente fotográfica captura dimensiones que se escapan a mi cotidiano ir y venir y es esta la ciudad real? En tal sentido, sólo me queda apelar a nuestra voluntad inclaudicable, a nuestra inagotable capacidad de soñar otro mundo posible y a nuestra terca actitud en la construcción de otra sociedad, esa otra Bogotá sin indiferencia, que a todos nos convoca, y que va más allá de la razón argumental y su simple expresión fotográfica.
Comprometido con esta tarea compartida, me veo obligado a expresar éste mi sentir.
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ESTRATOS 1, 3 Y 6, FOTOGRAFÍAS DE GUADALUPE RUIZ
Carta Abierta y Pública a la señora Juanita Barreto Gama
Dios bendice a usted, también bienaventurada, acompañando a nuestro Lucho Lula Garzón y a nuestra angelical cantora Martha Zen.[Sic]
Ustedes tienen en don Guillermo un típico representante de la nomenclatura que liquidó el socialismo de la CCCP–URSS con la bendita Revolución de Octubre de Vladimir Ilich Lenin; de la odiosa y farisáica burocracia de Roma, que se opuso y aún se opone a San Juan XXII, Pablo VI y el pentecostal Concilio Vaticano II y su perenne documento Gadium et spes; un vetusto ejemplar, don Guillermo, de la ya extinta especie de los cachacos bogotanos, sucesores de la oligarquía criolla que atacó a Bolívar y Santander, todos misóginos “omniscientes y omnipotentes” auto ególatras, igualitos a la pseudo izquierda que sacrificó a Allende, y que conspiró contra Chaves [sic] y casi tumba a Lula, y que con los ex secretarios de Tránsito y Salud obstruyen la marcha y ascenso de nuestro Lucho Lula Garzón, futuro presidente Bolivariano–Santanderista de la nueva Colombia del siglo XXI con la revolución providencial del 2010. Ni que hablar del ventajismo de Don Guillermo que al lado de su justa carta protesta publicó una réplica fuera de tono, lugar y sentido.
Él desconoce que no sabe que el hombre es persona y varón y que la mujer es persona y hembra. Que Protagoras [sic] dijo; Antropos metros pantom y que el Génesis es muy claro: Cuando Dios creó al hombre, lo creó a su imagen y semejanza; varón y hembra los creó. Pido a Dios que las camelladoras Marta [sic] y Juanita saquen al cachacute don Gui-llermo como las laboriosas abejas sacan del panal–colmena a los vanidosos y pretenciosos zánganos, bufones, chirrines que como dijo Gaitán hablan de la garlancha y no conocen la pala de nuestra América cristiana, humanista, socialista, auti–sa-jona–individualista.