El pasado 9 de noviembre Bogotá fue premiada con el León de Oro a la mejor ciudad de esta muestra, porque Bogotá es «un símbolo de esperanza para otras ciudades, sean ricas o pobres.» Después de recorrer innumerables ciudades del mundo, Richard Burdett, director de la Bienal y curador de la muestra principal titulada Ciudades, Arquitectura y Sociedad, (y que da el nombre a la Bienal), escogió 16, cuya condición urbana es modelo para el desarrollo futuro de las ciudades, entre las que se encontraba Bogotá. Bajo la dirección de Burdett, consejero del alcalde de Londres, Ken Livingstone, profesor del Programa de Ciudades y director del proyecto Urban Age en el London School of Economics, la Bienal se dedicó, por primera vez en la historia, al tema de ciudades, explorando las relaciones entre arquitectura, urbanismo y vida metropolitana.
La muestra fue visualmente eficaz. Información sobre las 16 ciudades se exhibía a lo largo del edificio de la Cordería, en el Arsenal, en una serie infinita de números y estadísticas que lucían asombrosamente bien. Videos con tasas de crecimiento económico, porcentajes de conectividad, número de habitantes por kilómetro cuadrado, etc., se presentaban con gráficos en movimiento, maquetas enormes y tomas aéreas Entre iconos urbanos como Nueva York, Berlín, Barcelona y Tokio, estaban ciudades latinoamericanas prominentes como Sâo Paulo y México D. F.; ciudades del lejano oriente, como Shangai, Tokio o Mumbai.
Bogotá se presentó como la ciudad accesible, una de las más inspiradoras cuando se trata de pensar un futuro urbano mejor. La imagen de nuestra ciudad se construyó a través de fotos de extensas áreas del occidente y el sur de la ciudad, tapizadas de vivienda de estratos medios y bajos y cruzadas por nuevas ciclorrutas, actividades a cielo abierto —como los aeróbicos del domingo en el parque Nacional— las nuevas bibliotecas y escuelas del Distrito; espacios públicos, como la plaza de San Victorino y el parque Tercer Milenio; los andenes recuperados, las alamedas y el sistema TransMilenio.
En el contraste entre imágenes de vastos asentamientos de vivienda informal y muestras de proyectos de alta calidad en el espacio público y sus edificaciones, radicó el impacto que causaba visitar a Bogotá en Venecia. Bogotá se presentó como la ciudad accesible, porque mostró su riqueza, no aquella de las zonas donde vive la minoría de la población que pertenece a estratos altos, sino la que expresa su capacidad de inversión pública, que ha generado más equidad y seguridad en los últimos años. La posibilidad de comparar la misma calidad y cantidad de información, sobre ciudades diversas, hizo de la muestra una oportunidad excepcional, y de Bogotá una ciudad de fuerte impacto, no sólo por la comparación establecida con otras ciudades, sino consigo misma.
La tasa de homicidios de Bogotá se ha reducido en un 82% en los últimos 10 años, haciéndola una capital más segura que Sâo Paulo, Ciudad de México y Washington D.C. Para el público no familiarizado con la transformación de Bogotá, la muestra de la Bienal ofreció una visión inesperada que ha empezado a surgir entre montones de prensa violenta, que muestran al país como un destino imposible. Imágenes que comparan el antes y después de lugares como la avenida Caracas o la plaza de San Victorino, pueden ser una metáfora de muchos asentamientos urbanos del globo que, por la intensidad de su crecimiento, enfrentan problemas similares. La pregunta que repetidamente surgió entre el público fue: ¿Cómo se ha logrado este cambio en Bogotá, capital de un país signado por la violencia? La respuesta es: la unión de voluntad política, eficiencia administrativa y participación ciudadana.
El proceso político, que ha vivido la ciudad desde los noventa, preparó el camino a través de las gestiones de Jaime Castro y Antanas Mockus para que, durante la alcaldía de Enrique Peñalosa, se construyeran proyectos que hoy permiten visualizar un largo proceso que en su gestión se tradujo en un mejoramiento radical de la configuración urbana de Bogotá, desde el espacio publico hasta el transporte; temas que se trabajan hoy desde la administración de Lucho Garzón.
Esta muestra envía un fuerte mensaje a los arquitectos, sobre la relevancia de concentrar recursos en la creación de condiciones urbanas democráticas. Y a los ciudadanos sobre la importancia de adoptar modos de transporte alternos al carro, como la bicicleta, de hacer uso tolerante del espacio público y de considerar la importancia de tener un estilo de vida ecológicamente amigable.
La complejidad del tema de la muestra nos proyecta hacia el futuro. Las soluciones están en manos de los arquitectos y urbanistas de hoy y de mañana, como Burdett lo expresó: Puede ser que una nueva generación de arquitectos desee comprometerse con estos temas.
Londres, noviembre de 2006
* Adriana Cobo es arquitecta de
la Universidad de los Andes.
Actualmente trabaja como profesora
de la Escuela de Arquitectura
y Construcción de la
Universidad de Greenwich, en
Londres.
Ciudad Viva agradece a
Adriana Cobo su artículo, y a
Cristina Albornoz su
colaboración en la consecución
del mismo.
Créditos de la exposición
Bienal de Venecia (parte colombiana)
Los organizadores de la exposición fueron: el Instituto
Distrital de Cultura y Turismo, Museo de Bogotá; la
Corporación la Candelaria, la Universidad de Groningen
(Holanda) y la Universidad de Georgetown (E.U.),
con el apoyo del Ministerio de Relaciones Exteriores
de Colombia.
La curaduría colombiana de la muestra estuvo a
cargo de Luis Carlos Colón, Director del Museo de
Bogotá, del IDCT, con el apoyo de Gerard Martin, Director
del Programa Colombia, Universidad de Georgetown;
Marijke Martin, Profesora Asistente, Universidad
de Groningen; Diego Amaral (Director de Zona
Ltda., Alberto Escovar, Director de la Escuela Taller de
Bogotá) y Juliana Forero, Museo de Bogotá. El diseño
gráfico estuvo a cargo de Zona Ltda., y de sus diseñadores,
Luz Ángela Vargas y Nelson Rocha. La producción
y dirección de los videos le correspondió a Pablo
Burgos (Corporación Post-Office Cowboys) y a la multimedia
a Pablo Castillo.
El León de Oro de la Décima Bienal de Venecia es una especie de Premio Nobel para Bogotá
Lucho Garzón
El argentino Miguel Cané,
mientras montaba una mula
en las montañas cercanas a
Bogotá, preguntó en 1882:
¿Cómo es posible que, detrás de
esas gigantescas montañas, en
esos picos que se pierden en las
nubes, pueda vivir gente y
existir una ciudad, y una
civilizada sociedad? En Viaje, libro de 1884
En el eje ambiental, un homenaje al agua corre por debajo Foto de Luz Ángela Vargas
Contrastes: del viejo Tranvía, muerto el 9 de abril, al moderno Transmilenio
En Bogotá hay espacio para el arte
El Tintal, del arquitecto Daniel Bermúdez, una de las megabibliotecas de Bogotá
El Divino Niño, icono religioso de los habitntes de Bogotá
Risas como esta se ven ahora en todo el Distrito Capital
El gran arquitecto Le Corbusier, con algunos amigos, en su visita a Bogotá
Arte visible para todos en la ciudad
La ciudad se preocupa por conservar los humedales
Uno de los sitios que hay que visitar obligatoriamente: el Jardín Botánico