Luis Eduardo Garzón
Alcalde Mayor de Bogotá
y Angelino Garzón
Gobernador del Valle del
Cauca, firmaron conjuntamente
esta carta, luego del atentado
dinamitero a la Universidad
Militar Nueva Granada
Reiteramos nuestro repudio y nuestro rechazo al acto terrorista que se llevó a cabo en la ciudad de Bogotá, D.C., dentro de las instalaciones de la Universidad Militar Nueva Granada, y que dejó varias personas heridas, incluyendo estudiantes y militares. Igualmente, condenamos todos los hechos de violencia que han venido sucediendo en nuestro país. Es una violencia irracional, que lo único que ha venido generando en más de 40 años de existencia es dolor, tristeza, odios acumulados y, al final, a la gente pobre la vuelve más pobre y se convierte en un verdadero obstáculo para el desarrollo pleno de la democracia, y para la consolidación de proyectos políticos de centro izquierda.
Detrás de los hechos de violencia están los grupos ilegales, como la guerrilla, las autodefensas o paramilitares, el narcotráfico, la delincuencia común, pero también civiles estimuladores de la violencia y, en ocasiones, algunos servidores públicos que violan el mandato constituticional de contribuir a fortalecer la institucionalidad y prefieren así colocarse al lado de los grupos ilegales, cuya función siempre es la de debilitar las instituciones del Estado.
Es una violencia degradada, donde no importa para nada el ser humano; donde la mayoría de los hechos de violencia, incluyendo los asesinatos, atentados terroristas, secuestros o desapariciones forzadas, queden en un verdadero misterio o manto de duda, porque sus autores materiales o intelectuales no tienen el valor de dar la cara, de comunicar públicamente por qué adelantan todos estos hechos, menos la de ser receptivos al dolor de todas las víctimas de la violencia y al clamor de la población colombiana de no más violencia.
Por eso, para enfrentar todas esas acciones de violencia, sin importar su origen o procedencia, hemos propuesto — en nuestra calidad de Alcalde Mayor de Bogotá y Gobernador del Valle del Cauca respectivamente— que, todos los partidos con representación parlamentaria, hagan un acuerdo político con el señor Presidente de la República, a fin de luchar decididamente contra la violencia, pero sin renunciar a la búsqueda del acuerdo humanitario, de la paz, y a la lucha contra la miseria. Llegó la hora de que luchemos decididamente contra la impunidad, de exigirle a los grupos de autodefensas o paramilitares que no se puede dialogar con el gobierno nacional y al mismo tiempo estar adelantando actividades criminales y terroristas.
Es necesario exigirle a las Farc, un pronunciamiento público sobre el atentado terrorista contra la Universidad Militar Nueva Granada, perpetrando justamente cuando se habían flexibilizado posiciones de parte y parte para definir un lugar de encuentro, donde se llevaría a cabo el acuerdo humanitario, para el logro de la libertad de las personas secuestradas. No estamos de acuerdo con que se satanice a los municipios de Pradera y Florida, cuando lo único que ha demostrado la población urbana y rural y sus alcaldes es una voluntad de paz y su decisión de contribuir al acuerdo.
La voluntad política de enfrentar la violencia, venga de donde venga, y de lograr la paz, es la base fundamental para avanzar por una Colombia con mayor desarrollo económico, con mejor bienestar social y donde impere la convivencia pacífica. Santiago de Cali, octubre 20 de 2006.
El intercambio es humanitario,no da ventajas militares a las Farc y les quita, al Estado y al Ejército, un peso de encima
Por Rafael Pardo Rueda
Hace siete años, para más señas en 1998, las Farc propusieron por primera vez el canje de secuestrados —en ese entonces eran más de quinientos
miembros de la Fuerza Pública— a cambio de guerrilleros presos en las cárceles. Yo entonces no tenía ningún cargo público y, como ciudadano me
pareció inconveniente pues le daría una ventaja militar a las Farc al sacar un número sustancial de cuadros, formados, leales y agradecidos por haberlos
liberado, que les permitiría comandar los miles de hombres que estaban reclutando gracias a las zona de distensión en el Caguán. Tenían muchos guerilleros
rasos y les faltaban cuadros para comandarlos, era mi reflexión. Además, las Farc estaban en proceso de diálogo con el gobierno Pastrana y me parecía
una doble intención mantener conversaciones
de paz y al tiempo acordar un mecanismo diseñado para seguir en la guerra, pues el intercambio de prisioneros (aunque en este caso en ninguno
de los dos grupos haya técnicamente prisioneros, pues los unos son secuestrados y los otros son legalmente
detenidos en virtud de leyes preexistentes).
En las ocasiones en que se me pidió opinión la di negativa al canje por las razones antes expuestas. Sin embargo, conservé la lista que las Farc hicieron
llegar a los medios con la relación y los nombres de sus casi 500 hombres que pretendían liberar de las cárceles.
Tres años después, en 2001, yo dirigía un noticiero de televisión y se agitó de nuevo la propuesta de canje. Pedí a un periodista que hiciera la investigación de determinar en qué estado se encontraba la lista de los casi 500 guerrilleros que hacía tres años las Farc habían pedido canjear; por qué delitos estaban presos y cuánto les faltaba por cumplir su pena. El resultado
fue: aproximadamente doscientos ya habían sido liberados por pena cumplida; unos ciento cincuenta se
habían fugado; cerca de medio centenar de los hombres de la lista no habían estado nunca detenidos y de esos 500 guerrilleros originales quedaban algo más
de cincuenta aún en la cárcel. Mi conclusión personal fue que mientras la gente de las Farc salía sola
de las cárceles, los civiles y militares secuestrados seguían todos en las selvas lejos de sus familias, sin que nada ni nadie los liberara. Por ello me convencí
de que el intercambio es humanitario; no da ventajas militares relevantes a las Farc ,y más bien les quita al Estado y al Ejército un peso de encima, que les permitiría asumir la iniciativa política que hoy no tienen del todo, pues cada vez que las Farc quieren elevar un tema y agitar la opinión nacional remueven el
asunto del canje.
Estoy de acuerdo con el intercambio, considero que hay que hacerlo lo más pronto posible; y me parece inhumano que las Farc negocien con vidas
humanas, así como me parece mal hecho de parte del Gobierno regatear kilómetros cuadrados, irrelevantes para efectos prácticos, cuando hay vidas involucradas.
Si la última propuesta del gobierno sirve para que haya reunión sobre intercambio, muy bueno. Si es
rechazada por las Farc no debería haber más regateos y el Gobierno debería, de una vez por todas aceptar los kilómetros adicionales y los veintitrés días de más
que piden aquellas. Hacer la reunión es fundamental, en especial para las familias. Veintitrés días adicionales de
despeje no van a cambiar la guerra pero si pueden cambiar la tragedia de miles de familias. Tomado de Un Pasquín, con autorización de su director–propietario, Vladimir Flórez
[Vladdo], y del autor.