Un aporte a la paz: Humanizar por medio de la cultura
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La cultura entendida como forma de convivencia y modo de vida, ocupa un renglón importante en los planes de desarrollo del Estado colombiano y del Distrito Capital. La creación del ministerio de Cultura, aprobado como el ministerio de la paz, ha sido en el país un acto político de respaldo a la cultura. El Plan Nacional de Cultura habla de una “nación para ser construida entre todos” y convoca a todas las fuerzas para hacerla incluyente, como recursos constructores de paz. La ley general de la cultura1, legitima una fuerza creativa que permite hacer frente al cambio y asumirlo.
Las políticas culturales distritales 2004-2016, se afianzan a través de diversas dinámicas en el ejercicio de la participación y se han constituido en insumo para generar la política pública que consolide nuevos sentidos de ciudadanía en relación con los derechos culturales. Los laboratorios de paz, como resultado de amplios movimientos de interculturalidad ciudadana, en el ejercicio del diálogo y una apertura democrática, buscan generar transformaciones políticas, culturales, sociales y económicas.
La cultura ya no es un accesorio, y se redefine como una dimensión mediática de un sistema de valores y creencias, que considera a los individuos como sujetos de identidad. Es aquí donde se transforma en herramienta para generar o resolver conflictos, donde la paz se admite como un valor cultural conducente a la reconstrucción del tejido social y al reconocimiento de los derechos y se constituye como factor indispensable de desarrollo. En este marco, una de las funciones de la cultura, es precisamente, facilitar reconocimiento, pertenencia y enraizamiento. Es una ruta hacia la definición de sí mismo y de pensarse con otros.
Una segunda función que puede cumplir la cultura en situación de conflicto, tiene que ver con la reconciliación. Reflexionemos brevemente sobre algunas causas generadoras de violencia, como la pobreza, medida por las necesidades básicas insatisfechas o la imposibilidad de acceso a un sistema educativo, que se cuantifica no sólo en los índices de analfabetismo y deserción escolar sino en la pérdida irreparable de lenguas y nuestros saberes ancestrales. Pero también se produce violencia en los gestos y expresiones diarias de la mayoría de los colombianos, en la insensibilidad social, en la indiferencia, en el escaso acompañamiento de los padres a sus hijos, en el odio, en la envidia, en la intolerancia… Violencia no es solamente la utilización de armas letales contra otros, es el secuestro, es la amenaza, es la intimidación.
Crear un entorno pacificado a través de la cultura tiene que ver con estrategias que apunten a fortalecer la cultura de la paz como un proceso voluntario, que se basa en el respeto a la diferencia y en reconocimiento de procesos socioculturales que eliminen las discriminaciones y exclusiones, como una cultura fundamentada “en la construcción de las condiciones para el ejercicio efectivo, progresivo y sostenible de los derechos humanos integrales”2.
El reto ha sido asumido por el alcalde Garzón quien, dentro de los ejes estructurales de su Plan de Desarrollo, propone la promoción de una cultura de reconciliación “que le sirva a la ciudad de fundamento esencial para la construcción de la paz sostenible a través del Sistema Distrital de Reconciliación”3
El filtro que ejerce la cultura en la dialéctica de “nosotros y los otros” permite crear vínculos, aproximaciones, cooperación, relaciones interculturales, y contribuye al reconocimiento y preservación de la diversidad, a facilitar un entorno favorable a la concertación. Esta es otra función que aborda la cultura, la convivencia, cuya tarea es humanizar el conflicto y contribuir a la construcción de sociedades pacificadas.
El planteamiento “La dimensión de la cultura en un proceso de paz,” abre una pista muy importante de reflexión al respecto; no es una frase meramente académica, sino que se trata de un asunto de fondo y, en cierto sentido, ineludible si se aspira a comprender lo que significa la “cultura en la Bogotá sin indiferencia.” Nos conduce a desencadenar una gestión de pluralismo a través de la participación activa de todos los actores de la vida social, política y cultural, con el propósito de establecer una auténtica plataforma cultural que permita el equilibrio en el respeto de las formas democráticas, entre la universalidad del derecho y la particularidad de los derechos culturales. Es así, como algunos de los miembros del Comité de Políticas del Consejo Distrital de Cultura, respondemos a la invitación dirigida por la Doctora Martha Senn a través de su artículo La dimensión de la cultura en un proceso de paz, a reflexionar sobre el tema.
Documento del Consejo Distrital de Cultura
1 La cultura es el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y
materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan una sociedad
o un grupo social. Ella engloba, además de las artes y las
letras, los modos de vida, los derechos fundamentales al ser humano,
los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias.» y
desde otro aparte “el respeto de los derechos humanos, la convivencia,
la solidaridad, la interculturalidad, el pluralismo y la
tolerancia son valores culturales fundamentales y base esencial
de una cultura de paz”. Ley 397 de l997. 2 Plan de Desarrollo “Bogotá sin indiferencia. Un compromiso social
contra la pobreza y la exclusión” 3 Idem
Algunos miembros del
Comité de Políticas Culturales:
Claudia de Greiff
Presidente Consejo Distrital de Cultura María Victoria Martínez
Sector de Organizaciones Campesinas Federico Rodríguez
Sector de Artes Audiovisuales José Romero
Consejo Distrital de Danza Sandra Milena Hernández
Sector ONG Culturales