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Rafael Uribe Uribe: Una localidad en busca de reconocimiento
Por Otty Patiño
Observatorio de Culturas
La principal puerta de entrada a esta localidad, si uno va de norte a sur, es el sector de Matatigres, convertido hoy en un nudo vial de puentes y avenidas. Esto nos cuenta, sonriente, Yasmín Hernández, una joven activista cultural de la localidad:
El nombre de Matatigres surgió porque el dueño de este sector tenía un famoso expendio de chicha y también le alquilaba uno de sus lotes a los circos que llegaban a la ciudad. Uno de ellos, al no poder cancelar el arriendo, le dejó como prenda de pago a una vieja tigresa. Meses después, aburrido de tener que alimentarla, decidió hacer un banquete donde sirvió abundante carne para los vecinos del sector. Sólo hasta el final les exhibió a los comensales el cuero de la tigresa sacrificada. Uno de ellos reaccionó en forma airada diciéndole al anfitrión: «Yo vine porque creía que usted era una buena persona, pero usted es un matatigres». A partir de allí, dueño, chichería y sector quedaron bautizados con ese nombre.
La alcaldesa Martha Bolívar. Al fondo, la Localidad Rafael Uribe Uribe.
Foto Otty Patiño
La localidad 18 es de las más jóvenes del Distrito. Ubicada en el centro sur de la ciudad, limita al oriente con la Localidad de San Cristóbal, al occidente con la de Tunjuelito, al sur con la Localidad de Usme y al norte con la Localidad Antonio Nariño, de la cual se escindió en 1974. Como localidad, Rafael Uribe Uribe no es fácilmente reconocida, pero no sucede así con muchos de sus barrios como el Olaya, el Centenario, el Santa Lucía, el Claret, el Inglés, Las Colinas o el Diana Turbay.
Los de la parte plana surgieron a principios del siglo pasado como barrios obreros, por ejemplo el Quiroga. Los barrios Claret e Inglés cuentan con un extraño diseño urbanístico; la promotora cultural Mariana Becerra nos dice que es un diseño inglés en el cual confluyen hasta ocho vías formando asteriscos, y por lo tanto abundan, además de las carreras y calles, también las transversales y diagonales. El Polideportivo Los Molinos es el sitio de mayor concurrencia en la localidad, el escenario que más convoca a la gente joven y a las familias durante los programas recreativos de fin de semana. Allí encontramos a la actual alcaldesa, la abogada Martha Bolívar, quien nos guió en el resto del recorrido. Cerca del polideportivo está la vieja hacienda Los Molinos de Chiguaza, declarada como bien de interés cultural pero cuya intervención sigue todavía gestionándose.
De esta hacienda salieron muchos de los lotes residenciales que los urbanizadores piratas convirtieron en jugosos negocios de invasiones programadas para construir nuevos barrios. Después subimos a la parte alta de la localidad, el barrio Las Colinas. Es una de las invasiones más antiguas de Bogotá, en la segunda oleada de expansión de la localidad hacia los cerros, por la época de la violencia en los años cincuenta. La alcaldesa Bolívar nos cuenta:
La gente que venía desplazada del sur de Cundinamarca y del norte del Tolima llegó primero a esos barrios obreros de la parte baja. Eran barrios muy bonitos, como el barrio Inglés o el Santa Lucía, que para alojar a toda esa población desplazada se fueron convirtiendo en inquilinatos. Allí llegó mi abuela que venía huyendo de Cunday, cuando la famosa guerra de Villarrica. Mi abuela era goda, después fue rojaspinillista, y sigue siendo goda pero vive muy agradecida con los comunistas que organizaron en ese tiempo a los destechados de la parte plana, para adquirir lotes y construir su vivienda en estas lomas.
Un rincón de la hacienda Los Molinos, en Uribe Uribe.
La tercera expansión urbana de esta localidad se debió a la explotación minera de materiales para construcción y el montaje de ladrilleras, como aporte a una ciudad que apenas se estaba construyendo. Allí todavía se encuentra un patrimonio industrial de la ciudad, los chircales sobre los que Marta Rodríguez, una de las mejores cineastas de Colombia, hizo en los años sesenta un hermoso y duro documental.
Nos internamos después en la parte alta de la localidad, que llega hasta el parque Entre Nubes, compartido con las localidades de San Cristóbal y Usme. En esa zona el paisaje de la ciudad sabanera desaparece y sólo queda esta ciudad trepada en la abrupta geografía de laderas y cañadas del río Fucha y la quebrada La Chiguaza, que desemboca en el río Tunjuelito. Llegamos luego al Mirador de la Resurrección al pie de la blanca capilla del mismo nombre, lugar desde el cual podemos divisar el antiguo Hospital San Carlos para tuberculosos, hoy Clínica Carlos Lleras Restrepo, declarada Monumento Nacional y rodeada por un gran bosque de eucaliptos; también es el sitio donde fue muerto Efraín González, un guerrillero conservador que se convirtió en leyenda por su valor y rebeldía. En fin, en esta localidad hay muchos otros lugares por explorar y descubrir. Antes de despedirnos, la alcaldesa nos dice:
El Plan de Ordenamiento Territorial y los planes maestros de equipamientos desconocieron esta localidad. Al parecer no hubo dolientes, y por ello cuando uno hace gestión los funcionarios preguntan: «¿La localidad 18? ¿Y eso dónde queda?». Ahora que se va a revisar de nuevo el POT, vemos una oportunidad para que nuestra localidad sea reconocida, pero necesitamos que la gente de aquí se mueva, participe y defina ella misma cómo va a organizar su territorio. No podemos seguir siendo invisibles.