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Gran director para la Filarmónica de Bogotá
Por Fernando Toledo
El nombramiento del distinguido maestro de nacionalidad israelí, Lior Shambadal, subsana una carencia que, a pesar de haberse prolongado más de lo deseable, no significó acefalía en el sentido estricto de la palabra, por la presencia frecuente del director asociado Andrés Orozco y la presencia habitual del director asistente Ricardo Jaramillo, durante el último año. No obstante, la designación —sumada a las recientes— de María Claudia Parias como directora ejecutiva, y de Mario Sarmiento como subdirector, perfecciona la nómina de una institución que, por su desempeño a lo largo de 41 años, es un patrimonio del país y en particular de la ciudad de Bogotá.
Cómo ocurrió en su momento con los maestros León, Manolov, Rettig o Díaz, por citar unos pocos nombres de muy recordados directores, la presencia del nuevo titular redundará en un afianzamiento cualitativo que empezó a hacerse patente en la ejecución de dos programas, en junio pasado, que señalaron su primer contacto con el grupo e incluyeron obras tan exigentes como el primer concierto para piano de Brahms, la tercera sinfonía de Bruckner y la suite para el ballet Romeo y Julieta de Prokofiev. Interpretaciones determinantes en una elección que contó además con la aquiescencia de los instrumentistas, tal y como sucede en importantes agrupaciones alrededor del mundo.
En la hoja de vida de Shambadal se destacan los vínculos que tuvo, en su etapa de formación, con algunos genios de la dirección como el rumano Sergiu Celibidache, acaso el más reconocido tutor de grandes directores del siglo XX; el compositor y director ucraniano Igor Markevitch, de quien Béla Bartók dijo que era una de las «personalidades musicales más impresionantes de la contemporaneidad», y el húngaro Carl Melles, quien dirigió a menudo agrupaciones como las filarmónicas de Berlín y Viena, la Philarmonia de Londres, y las orquestas del Mozarteum de Salzburgo —donde trabajó con Shambadal— y del Festspielhaus de Bayereuth en la interpretación de varias óperas de Richard Wagner. Como si lo anterior fuera poco, el nuevo director trabajó además con el italiano Carlo Maria Giulini y con el alemán Hans Swarowsky. El primero, famoso por los planos sonoros que conseguía establecer, tuvo a su cargo la dirección musical del Teatro alla Scala por recomendación de Toscanini, las sinfónicas de Chicago y de Viena, y la Filarmónica de Los Ángeles; sus numerosas grabaciones, por lo general con el sello Deutsche Grammophon, atestiguan una calidad excepcional. A su turno, Swarowsky, profesor de directores de primer nivel como Jesús López Cobos, Claudio Abaddo, Bruno Weil y Zubin Mehta, entre otros, fue director de la Ópera de Viena y de la sinfónica de la misma ciudad, y alumno de nadie menos que Richard Strauss.
Lior Shambadal, nuevo director de la Filarmónica de Bogotá.
Además de la categoría de los maestros de Shambadal, un largo recorrido lo ha llevado a desempeñarse como titular de la Sinfónica de Haifa, de la orquesta de cámara Kibutz de Tel Aviv y, en la actualidad, de las sinfónicas de Berlín y la radiotelevisión eslovaca. Lo anterior se suma a un jugoso entrenamiento como compositor, con especialización en música electrónica, bajo la tutoría del fallecido Witold Lutoslawski, autor polaco de renombre internacional por obras como un hermoso concierto para piano y cuatro sinfonías, y de quien se dice que fue el más grande talento musical de su país después de Federico Chopin.
Como suele ocurrir con grandes directores, el maestro israelí también tiene, además de una importante experiencia en los ámbitos de la música de cámara, estudios como instrumentista en dos campos que, aunque en apariencia sean paradójicos, a la hora de realizar un trabajo orquestal resultan de enorme importancia. Como violista con seguridad trabajará con énfasis la cuerda, para conseguir esa pastosidad sonora característica de las grandes agrupaciones, y como trombonista se ocupará de incrementar la precisión y el relieve sonoro de los vientos. Al repasar el catálogo de las grabaciones de Shambadal y los programas de varios de sus conciertos, se pone en evidencia, por una notable amplitud de repertorio, que le interesa desde el menú musical del clasicismo hasta los períodos moderno y contemporáneo, sin dejar de lado el romanticismo.
Lo anterior le viene muy bien a una orquesta que, aun cuando pareciera haberse especializado en la música moderna, no puede soslayar períodos trascendentales en la historia de la música. De igual manera, el nuevo director ha dirigido ópera con énfasis en la lírica contemporánea, lo cual con el tiempo podría representar un interesante filón de trabajo en vista de que, por desgracia, dichos derroteros no han sido explorados en el país. Ojalá esta relación que comienza sea estrecha y fructífera. Una gran orquesta que, apropiándome de la bella definición que hizo de la música el compositor y pianista italiano Ferruccio Busoni, llena de «aire sonoro» a Bogotá no sólo merece esto sino que lo reclama.