En La Platanera, de don Reynel Montaña,
el libro pareciera ser el rey.
Mientras en el primer piso se venden
racimos de plátanos verdes y maduros,
traídos de Huila y Caquetá, en el segundo
piso los libros —de literatura colombiana
y universal, además de títulos especializados—
ocupan su trono. Abajo
una señora compra mil de verdes para
el sancocho, y arriba un niño del colegio
Restrepo Millán espera un ejemplar
de segunda de El ruiseñor y la rosa, que
pacientemente busca doña Bertha entre
unos guacales.
Afuera el pregón de don Reynel se
confunde con las notas de un vallenato
que brota de los parlantes de un almacén
de loza y baratijas. Notas que tararean
algunos comerciantes de la plaza
de mercado del Restrepo. A solo una
cuadra, está la biblioteca del mismo
nombre, y en el segundo piso de la Platanera,
la librería de doña Bertha Rozo
y don Jorge Bueno. El bullicio de la plaza
y el silencio del pequeño cuarto de 3
por 3, donde permanecen apilados más
de 5 mil libros esperando a un ávido lector.
“La mejor época es la temporada escolar”
dice doña Bertha, quien no duda, en
la época de vacas flacas, sacar los libros
al andén, con el fin de llamar la atención
de los transeúntes y de los mismos vendedores
de la plaza, que en un principio
veían algo incrédulos la idea de una
librería en una plaza de mercado.
“Al comienzo, solo teníamos 100 libros
y trabajábamos en un parqueadero.
Poco a poco el negocio cogió fuerza
y nos ubicamos en el segundo piso de la
casa donde funciona La Platanera, el
negocio de don Reynel.” Una librería
donde es posible encontrar libros desde
500 hasta 50 mil pesos, y donde también
se la jala al regateo y al encime. “Acá
vienen muchos estudiantes, de colegio
y de universidades, en busca de sus libros
y a veces les encimamos cuentos
clásicos o poesía. Todo a gusto del cliente,
señala doña Bertha.
A partir de enero no solo habrá alimento para el cuerpo
en las plazas de mercado. Con la campaña Libro al viento,
comerciantes y clientes de tres plazas de la ciudad
encontrarán un alimento para el alma y el conocimiento
a través de la lectura.
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Obras literarias que también han llegado
a las manos de los comerciantes
de la plaza, como Don Reynel, quien en
sus ratos de ocio ha leído La vorágine y
El coronel no tiene quien le escriba; o a
manos de Don Leo, un comerciante de
pescado, quien además de comprar los libros para sus hijos, en la librería de Doña
Bertha, ha leído algunos títulos como Platero y yo y El lazarillo de Tormes.
Lectores en potencia, que a partir
del mes de enero encontrarán en la plaza
una biblioteca de la campaña Libro
al viento, una iniciativa del Instituto de
Cultura y Turismo, la Unidad Ejecutiva
de Servicios Públicos (UESP) y Fundalectura,
que brindará a los comerciantes
y clientes de tres plazas de la ciudad,
Restrepo, Quirigua y Perseverancia, la
posibilidad de acercarse al mundo de le
lectura.
“El proyecto hace parte de la política
de fomento a la lectura.
En cada plaza
habrá una biblioteca, diseñada especialmente,
con la colección de la campaña
Libro al viento y otros títulos de literatura
clásica,” comenta María Isabel García,
coordinadora del proyecto. El objetivo,
además de la promoción de la
lectura, es rescatar la plaza como punto
de encuentro, de tradición y de memoria
colectiva. Cada biblioteca estará atendida
por Jóvenes Tejedores de Sociedad,
capacitados por Fundalectura. Préstamo
de libros, carnetización y lecturas en
voz alta harán parte de la estrategia para
cultivar nuevos lectores.
Una experiencia que nació hace más de 7
años en la plaza de mercado del barrio San
Benito, donde Gloria González, directora
del grupo de teatro Eureka, convirtió un
Paradero de Libros, de los que funcionan
en 37 parques de la ciudad, en la biblioteca
de la plaza y en la que, gracias a un
proceso pedagógico que incluye actividades
teatrales, musicales y cursos de alfabetización,
comerciantes y clientes de la
plaza, han descubierto el placer de leer.
Un valor agregado de la plaza, que también
quiere degustar don Eduardo Molina
Tovar, administrador de la plaza del Quirigua,
quien ve con optimismo el proyecto.
“En este lugar hay un gran interés por la
cultura, y prueba de ello es el grupo de
danzas y de teatro conformado por comerciantes
desde hace dos años. Además,
en esta plaza hay muchas mujeres cabeza
de hogar, que traen a sus hijos, a quienes
puede beneficiar el programa.”
Libros que se impregnarán seguramente
del aroma del campo y de esencias
y riegos. Libros que pasarán por
canastos, guacales, que llegarán al mostrador,
cosechando un nuevo mercado
y sembrando a su paso la semilla del
gusto por la lectura.