Los habitantes de una ciudad tienen diferentes
miradas de su urbe, de acuerdo con la época en la
que hayan nacido, su nivel cultural y su estrato social.
Por ejemplo, don Roberto nació en la década de los
años veinte; Ligia, en los cincuenta y Bernardo, en los
80. Todos son de estrato 5 y su nivel cultural es el mismo.
Don Roberto, que vivía en inmediaciones de la
plaza de Toros, para ir a Quiriguá —así ,con tilde,
porque es un nombre aborigen— donde vivían unos
familiares que tenían una finca lechera, debía coger
un tranvía de mulas o, en el mejor de los casos, uno
eléctrico hasta Chapinero y después, a lomo de burro,
por espacio de varias horas, llegaba a su destino.
Quiero hacer notar que Chapinero era un caserío
un tanto lejos de la plaza de Toros, y Quiriguá una
vereda de Engativa.
Doña Ligia, para hacer el mismo recorrido. tomaba
un trolleybus en la Caracas con 23; después seguía
por la avenida República Oriental del Uruguay, mejor
conocida como la 17, para después de un buen tiempo
llegar al portal del Minuto de Dios. En los años
sesenta, Chapinero era un barrio residencial y su zona
comercial se asemejaba a lo que hoy es, guardando
las proporciones, la 93. El Minuto de Dios tenía como
sus grandes atractivos la sede deportiva de Millonarios
y el haberse constituido en un barrio modelo para
la ciudadanía bogotana.
Del Quiriguá no quedó ni el
nombre porque cambio hasta su grafía. Ya no hay
hatos de vacas y es un sector populoso de la ciudad.
Bernardo, en cambio, se sube a un TrasMilenio y,
en cosa de pocos minutos, está en el Quirigua. Y Chapinero
ahora está un poco más deprimido, a pesar
de los ingentes esfuerzos de las últimas administraciones
distritales por recuperarlo.
Como nos podemos dar cuenta, los paisajes urbanos
de Bogotá han cambiado drásticamente, gracias
a varios hechos que la han llevado a mejorar. Antes
del 9 de abril de 1948 la ciudad era provinciana y poco
desarrollada.
Después, poco a poco, se convirtió en
una metrópoli un tanto desordenada y poco amada.
Finalmente, las últimas administraciones la han llevado
a ser una urbe realmente hermosa, orgullo de
sus habitantes.
Por eso, y con el fin de mantener y crear las características
del paisaje urbano y propender por una
infraestructura equilibrada, articulada, cualificada y
sostenible social y económicamente, entre otras, el
Alcalde Mayor, Lucho Garzón, expidió recientemente
el Decreto 465 de 2006, Plan Maestro de Equipamientos
Culturales.
En el decreto se esboza la estrategia de protección
y conservación de los paisajes urbanos en el territorio
del Distrito Capital. Esta estrategia desarrollará
las acciones para conservar, proteger y mantener
las más destacadas características del paisaje
urbano que se sustentan en los valores patrimoniales,
ambientales, culturales, sociales y económicos
provenientes de la configuración natural y de la intervención
humana.
Lo que quiere decir que los bogotanos
no podrán por ningún motivo hacer uso inadecuado
de los bienes urbanísticos de la ciudad. Por
ejemplo, derribar edificaciones catalogadas como
patrimonio arquitectónico para construir apartamentos, centros comerciales, discotecas, etcétera.
Por su parte, el Plan Especial de Intervención de los
Paisajes Culturales, contemplado en el decreto en
mención, identificará las unidades de paisaje en los
ámbitos rurales y urbanos y establecerá estrategias y
acciones para su incorporación como elementos estructurantes
para el ordenamiento del territorio.
Como fue el caso de Quiriguá y de otras regiones
aledañas a la ciudad, que pasaron de ser zonas campestres
a ser asiento, en el peor de los casos, de barrios
de invasión.
El decreto precisa, igualmente, las acciones que
se cumplirán con el fin de desarrollar esta estrategia.
Ellas son, entre otras, la identificación de los paisajes
culturales y su incorporación al Plan de Ordenamiento
Territorial (POT), y la gestión y apropiación social de
los paisajes culturales.
Finalmente, con las anteriores actividades se pretende,
en el corto plazo, estructurar Plan Especial de
Intervención de los Paisajes Urbanos formulado con
su correspondiente cartografía y material de soporte;
en el mediano plazo, la ejecución del Plan Especial
de Intervención de los Paisajes Urbanos y la incorporación
de estos al POT.
En último término, la ejecución
y apropiación de los programas de gestión.
Pues bien, si todo sale como lo espera la administración
distrital, los bisnietos de don Roberto, los nietos
de doña Ligia y los hijos de Bernardo se podrán
enorgullecer de su ciudad, que ha sabido conservar
su patrimonio, tal como lo hacen las urbes europeas,
donde para cambiar un grifo hay que pedir permiso
a la autoridad municipal, como es el caso de Siena
(Italia).
En la Capital
de Colombia
no sólo han
cambiado
sus paisajes
urbanos:
los nombres
de algunos de
sus sectores,
también.