Una Bogotá con metro y tren metropolitano
conectados al sistema de TransMilenio. Una Bogotá que favorezca el
acceso a la vivienda. Una Bogotá que se
consolide como capital líder en la región
y como una ciudad de servicios, sede de
negocios, destino turístico y de comercio
y producción de tecnología.
Una
Bogotá que cuide su patrimonio cultural
y que respete la diversidad. Una Bogotá
que respire aire limpio, que cuente
con atención educativa a niños y niñas
de tres y cuatro años para completar la
educación preescolar. Una Bogotá que
continúe fortaleciendo su red hospitalaria.
Una Bogotá con más oportunidades
de empleo. Ésa es la ciudad que se
construirá: la Bogotá positiva.
En su programa de gobierno, el nuevo
alcalde mayor de la ciudad, Samuel
Moreno Rojas, afirma: «Bogotá ha vivido
durante los últimos años una importantísima
transformación, que mi gobierno
continuará impulsando de manera
decidida para que sus habitantes
puedan disfrutar de una ciudad más incluyente,
emprendedora, productiva y
con más oportunidades de empleo; más
segura y amable, con educación, salud,
cultura y recreación para todos y todas,
con un ambiente sano, mejor movilidad
y servicios de transporte».
Por el derecho a la ciudad y a vivir
mejor, es el lema de esta Bogotá positiva,
que tiene como prioridad las políticas
sociales que favorezcan a los grupos
poblacionales en situación de pobreza
y vulnerabilidad, para lograr la
atención de sus derechos fundamentales
y necesidades básicas. Esto con el fin
de que Bogotá continúe afianzándose
como una ciudad que privilegia el bienestar
social de sus habitantes.
Según el alcalde Samuel Moreno,
«nuestro compromiso, entonces, será
continuar y profundizar los programas
de la administración del alcalde Lucho
Garzón, con la inversión social como
estrategia en la lucha contra la pobreza
y la exclusión. Implementaremos los
cambios necesarios para seguir avanzando
en la transformación de la ciudad
en una Bogotá positiva».
Desde el Balcón Editorial
La vergüenza
Por estar en completo acuerdo con él, hemos
querido ceder nuestro habitual espacio editorial
a Juan Manuel Roca, quien escribe sobre Ingrid Betancourt.
La dirección
Por Juan Manuel Roca
Los gestos retóricos, seguramente como éste, nos llenan de una parálisis y de un escepticismo sin tregua.
Si insistiéramos en hacer un minuto de silencio por cada uno de los desaparecidos, por cada uno de los masacrados, por cada uno de los secuestrados, este apaleado e irrespirable país permanecería en silencio por lo menos un milenio.
Tras las pruebas de vida, como han dado en llamar a algo que nada tiene que ver con la vida de seres vejados por la guerrilla, tras la conmovedora carta de Ingrid Betancourt, de una inteligencia a toda prueba y de una acosada lucidez, hay algo inexpresable que se queda en los bordes del lenguaje.
Luego de su lectura es difícil no pensar, en medio de cualquier labor cotidiana, en esa mujer y en los cientos de secuestrados, con rabia y tristeza a la vez. Es un espurio plato difícil de tragar. ¿Cómo regresar a nuestros grises asuntos? ¿Cómo responder a quemarropa al buenos días cotidiano?
Junto a la fotografía en cautiverio de Ingrid Betancourt, publicada por la prensa, veo en mi mesa la reproducción de una pintura de Beatriz González donde se traza a sí misma en la desnudez y en el dolor, cubriéndose el rostro. Creo que, una vez más, el arte sintetiza el horror que nos acompaña. La vergüenza de seguir mirándonos como si nada pasara.
Resulta inútil señalar los desmanes de una guerrilla desfigurada y criminal que le niega a una cautiva un diccionario porque seguramente encontrará palabras como libertad o como dignidad, que ellos borraron hace mucho tiempo del lenguaje. Como resulta idiota, en un país sumiso, volver a recordar los desmanes del establecimiento y del para-establecimiento, el cinismo del gobierno y su rosario de mentiras y chantajes.
Hemos llegado a un grado de aturdimiento intelectual forzado por una guerra sin dignidades ni grandezas. Las argumentaciones y las reflexiones forman parte de un paisaje inmodificable ante la locura que ronda, al mismo tiempo, los pasillos de Palacio y los campamentos de la selva.
La vida sigue, dicen, la función continúa. Y claro, también permanece Luis Eladio Pérez mirando hacia el suelo, que es el único lugar donde encuentra algo que no sea mentira.
Viene un día tras otro y convocamos el olvido, pero al intentar leer algo que recuerde que hay sueños y dignidad y poesía regresan las palabras de Ingrid Betancourt, sus pequeños y frustrados deseos, y cerramos con desgano el libro.
Soy colombiano. Siento vergüenza. Y rabia. Y vuelve a atascarse algo inexpresable en mi garganta, algo que se queda en los linderos del lenguaje. Debe ser lo que los más realistas llaman impotencia
Martha Senn
Secretaria de Cultura, Recreación y Deporte
CARTAS DE LOS LECTORES
Señor director Ciudad Viva
Me gustó mucho la elección de SamuEl
Alcalde, por Bogotá, por él y por el Polo. Le
va a tocar una tarea difícil. Primero que
nada, cumplirnos a los bogotanos con el
metro, que tiene que contar con
importante financiación del gobierno
central. Y teniendo de interlocutor a un
presidente maleducado que ni siquiera
recibe a un alcalde a quien Bogotá le dio
más que un mandato claro... ¿Desacato al
alcalde electo o desprecio a la democracia?
Leí que el presidente le había dicho
«marica» por teléfono a un ex colaborador, y
lo amenazó con darle en la jeta, mientras le
decía: «Ojalá me estén grabando». Y ahora
está furioso porque lo grabaron, cuando en
su impublicable conversación había un deseo
explícito que es una abierta autorización.
(Y después hablan mal del lenguaje del
presidente Chávez. Ahí se van los dos.)
Segundo, a Samuel le toca superar a
Lucho, que hizo una buena alcaldía y, sobre
todo, le enseñó a los ciudadanos que no hay
que tenerle miedo a la izquierda
democrática. De cómo le vaya al alcalde
Moreno en su gobierno dependen las
posibilidades de la izquierda para llegar a la
Presidencia.
Señor alcalde, como dijo Cristo: «En tus
manos encomiendo mi espíritu».
Atentamente, Roberto Garzón
(No soy pariente de Lucho)
Señor director Ciudad Viva
Me gustó mucho el espacio que le
dedicaron a los artistas jóvenes en la
pasada edición. Ya estamos jartos de que
siempre se hable de los mismos
“maestros”, aunque algunos son muy
buenos. Pero hay que irle abriendo campo a
los nuevos.
Descubrí a dos Carolinas, ambas muy
buenas: una excelente dibujante, Carolina
Rodríguez, y la santandereana (ya había
oído hablar de ella y me gusta mucho),
Carolina Convers.
También me parece muy chévere lo que
hace mi paisano, Gonzalo Fuenmayor, que
desvió la herencia literaria de don José
Félix y Alfonso hacia la plástica.
Los felicito,
Roberto Jinete
_________________
Señor
Guillermo Angulo
Director periódico Ciudad Viva
Con inusitado regocijo, una vez más,
se me ha hecho depositario de un
ejemplar del periódico Ciudad Viva,
edición N° 35, panal de mieses que
sabiduría traduce. Dios guarde a usted,
Mayor Humberto Aparicio Navia
Director Museo Histórico Policía
Nacional
Señor director Ciudad Viva
Bogotá
Soy un seguidor del poeta y
ensayista, Juan Gustavo Cobo Borda, y
me gustó mucho lo que hizo en el
número pasado de Ciudad Viva sobre la
Colección Samper Ortega. ¿No se
llamaba Biblioteca Aldeana?
Como yo soy de Zipaquirá (donde
nos sentimos orgullosos de que el Nobel,
Gabriel García Márquez, haya escogido
precisamente esta ciudad para realizar
sus estudios) me gustó saber que aquí,
en nuestra gran ciudad, Gabo se leyó los
cien tomos de la colección Aldeana.
Viendo la preciosa foto de la
Biblioteca Nacional siente uno lástima
de que se hayan tirado en la entrada
para hacer unos huecos, llamados la 26,
que solo sirven para producir
inundaciones.
Mis felicitaciones y ¡Viva Zipaquirá!
que le dio al Nobel la sal de la tierra.