Rogelio Salmona por Ricardo L. Castro en edición de Villegas Editores
Estuche de dos libros sobre la obra de Rogelio
Salmona, por Ricardo Castro, una publicación de
Villegas Editores. En el segundo volumen, Tributo ,
el autor analiza las obras de Salmona en los diez
últimos años.
Introducción
Algunos libros llegan a madurar con relativa lentitud. Tal es el caso de éste. La idea de un segundo volumen dedicado a la obra de Rogelio Salmona se cristalizó en el verano de 2006 durante una de mis visitas a Colombia, mientras trabajaba en el anexo para la reedición de mi primer libro, sugerida por mi editor, Benjamín Villegas. Tras examinar el material disponible, concluimos que deberíamos lanzarnos a la producción de un segundo volumen, diferente del anterior, que cubriera solamente los proyectos desarrollados después de la publicación de éste en 1998.
En efecto, el material garantizaba la nueva dirección, porque hasta su muerte en 2007, y a pesar de su quebrantada salud, Rogelio había continuado perfilando el paisaje urbano de Bogotá y la sabana con sus únicos y estimulantes edificios. Su pasión y entusiasmo por el quehacer arquitectónico, aun en los momentos más difíciles, nunca cesó, como tampoco el afecto por su amada Bogotá, que, según me he dado cuenta, expresaba para él la esencia de la ciudad latinoamericana.
El 3 de octubre de 2007 falleció Rogelio. Ese día perdimos uno de nuestros arquitectos contemporáneos más significativos. Este, mi segundo libro sobre su obra, continúa la celebración de su extraordinaria producción arquitectónica y rinde homenaje a su inspiradora amistad.
Han pasado diez años desde la publicación de mi primer libro sobre la obra de Salmona. Durante este lapso, él continuó su prolífica actividad arquitectónica con la misma pasión y rigor que caracterizaban sus proyectos anteriores, documentados en aquel libro. Su nueva obra, que se ha convertido obviamente en tema de este segundo libro, debe entenderse como la continuación de la práctica ininterrumpida que el arquitecto había iniciado a finales de los años cincuenta, extendiéndose hasta el inicio de este milenio. Sus edificios y paisajes continúan floreciendo en varios locales del altiplano colombiano. En su oficina, actualmente bajo la dirección de María Elvira Madriñán, su esposa e infatigable colaboradora, sobre las mesas de dibujo se encuentran proyectos, aún en construcción, en otras ciudades colombianas.
A pesar de la distancia que me ha separado durante los últimos diez años de Colombia y de la obra de Salmona, he tenido la oportunidad de conocer y de documentar gráficamente casi todos sus proyectos de este período. Más aun, durante mis visitas a Bogotá, tuve la fortuna de conversar con él en su oficina, en su apartamento, en su casa de fin de semana y frecuentemente cuando visitábamos sus obras. Estos encuentros, como los pasados, fueron reveladores y en ocasiones verdaderas epifanías y descubrimientos de Salmona —el hombre de gran presencia, extraordinaria perspicacia, vasta erudición y agudeza crítica— y de su obra única que ha comenzado a obtener merecido reconocimiento internacional durante la última década. Evidencia de esto son las varias distinciones, entre ellas el codiciado Premio Alvar Aalto en 2003; la Orden de Boyacá, otorgada por el presidente de la República y entregada por la ministra de Relacione exteriores, Carolina Barco, en 2006 y el Lápiz de Acero en 2007. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia y el Ministerio de Cultura, en cooperación con la Sociedad Colombiana de Arquitectos (SCA), organizaron y montaron una exposición itinerante titulada «Rogelio Salmona: espacios abiertos / espacios colectivos». Esta exposición, acompañada de un catálogo descriptivo, se abrió en el Museo de Arte Moderno de Bogotá en junio de 2006. Desde entonces, ha sido inaugurada en varios lugares de Europa y América Latina. Finalmente, en marzo de 2008, la conocida revista japonesa A+U dedicó un número entero a la obra de Salmona.
Los edificios de Salmona, cuya marca distintiva es la perfecta integración con su entorno topográfico, con sus paisajes si se quiere, continúan estimulando mi sentido de comunicación con el entorno y con lo maravilloso. Si yo fuese a agregar nuevos descubrimientos a lo que ya he descrito acerca de los lugares y las topografías de Salmona —topografías porque su obra trasciende la simple idea de arquitectura—, yo diría que ellos se han convertido en un locus por excelencia de syndesis. En mi primer libro recurrí a Grecia para buscar inspiración en el teatro griego; ahora vuelvo de nuevo allí en busca de otros conceptos. Así, el meollo del primer capítulo y la principal estrategia crítica que utilizo provienen del concepto de syndesis, que se refiere al proceso impuesto por la necesidad de juntar, de unir. Creo que la arquitectura de Salmona hace un llamado a relaciones que trascienden límites físicos y temporales. Aquí he descubierto otra dimensión subyacente de su carácter sincrético, del cual he hablado en mi primer libro. Sincretismo y syndesis son nociones definitivamente asociadas con la idea del barroco, no necesariamente con un barroco formal sino con uno conceptual, como aquel que los grandes escritores latinoamericanos —Alejo Carpentier, José Lezama Lima y Severo Sarduy— han reinterpretado. Creo que esta perspectiva impregna de matices la obra de Salmona.
[...] Los pensamientos e imágenes contenidos en este libro intentan describir aspectos de la obra de Salmona que encapsulan los últimos diez años de su producción y que también pertenecen a lo que he llamado una práctica sindéctica y sincrética, resaltada por una actitud definidamente barroca.
[...] He formulado estos pensamientos sobre la obra de Salmona en dos fases distintas, aunque emocionalmente relacionadas: los años entre la publicación de mi primer libro en 1998 y la muerte del arquitecto el 3 de octubre de 2007, y las 24 semanas entre ese triste día y la terminación de esta monografía a mediados de marzo de 2008.
Es mi deseo que estas palabras e imágenes atraigan a quienes las lean y las vean, e inviten a experimentar las únicas y maravillosas topografías creadas por tan inolvidable maestro.
Gracias al arquitecto Ricardo L. Castro y a Villegas Editores por la cesión de este texto.
El 3 de octubre de 2007 falleció Rogelio Salmona.
Ese día perdimos uno de nuestros arquitectos contemporáneos más significativos.
Ricardo L. Castro
Todas las fotos son de Ricardo L. Castro.
A él, y a Villegas Editores, nuestro agradecimiento
por habernos permitido su publicación.
Casa en Riofrío, diseñada por Rogelio Salmona y María Elvira Madriñán.
Biblioteca Pública Virgilio Barco Vargas.
Gimnasio Fontana, en Guaymaral.
Eje Ambiental de la avenida Jiménez.
Edificio de Posgrados Rogelio Salmona, Universidad Nacional.
Casa Altazor, al norte de la ciudad.
Centro Cultural Gabriel García Márquez, en La Candelaria.