Se cierra un ciclo El Salón del Fuego se despide pero deja su chispa
Después de 20 ediciones bienales culmina el Salón del Fuego. Son muchos los aportes y recuerdos, así como las nostalgias que deja en el escenario de las artes plásticas en Bogotá. Se va para abrir espacio a otros proyectos que buscan entrar de manera más pertinente en las actuales dinámicas de las prácticas artísticas.
Por Rafael Caro Suárez
Hace medio millón de años el hombre aprendió a usar el fuego. Aquellos rayos en forma de flecha ciclópea que atravesaban el firmamento, descargando su furia sobre la tierra, provocaron el pánico del hombre pero después le sirvieron, al encontrar usos adecuados. Así nació la chispa ingeniosa que prendió la primera hoguera para calentar las frías noches, iluminar las oscuras cavernas, cocinar los insípidos alimentos y, con el tiempo, derretir metales para transformarlos en bellas piezas de orfebrería.
Desde 1972, cuando fue creado el Salón del Fuego —por Germán Ferrer Barrera, primer director del Museo de Arte Contemporáneo (MAC)—, se emuló este elemento que tanto calor nos ha traído, mediante la exhibición de obras que giran en torno al concepto. Hoy, justamente cuando faltan pocos días para el cierre del XX Salón del Fuego, en la Gerencia de Artes Plásticas de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño buscan la mejor alternativa para reemplazar este salón temático.
Técnica versus concepto y reflexión
En un principio, el Salón del Fuego se pensó como un espacio para dar cabida a los trabajos asociados con las técnicas que utilizan el fuego: vitralismo, fundición, cerámica, joyería, etc. Y desde 1981, cuando fue trasladado del MAC a la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, ha reunido un sinnúmero de artistas con trabajos alrededor de este tema. Sin embargo, con el tiempo se convirtió en algo ambiguo, dando paso a todo tipo de conceptos y obras que no necesariamente utilizan técnicas ligadas al fuego. Así, según lo escrito por Ana María Alzate —directora de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño— en el catálogo Salón del Fuego 2008, «se cierra un ciclo de veinte ediciones para dar lugar a otros proyectos más pertinentes y representativos de las prácticas artísticas actuales». En 2010 habrá entonces un nuevo espacio y, como será celebrado el Bicentenario de la Independencia, éste podría ser un buen punto de partida.
«Lástima que este salón se acabe, pero en algún momento el tema se debe retomar, de forma similar o pensando en otro elemento, como el agua o el aire. Es una discusión que tenemos en la Alzate Avendaño. Lo importante es que no se pierdan espacios que permiten generar interesantes procesos de creación con los artistas de la ciudad», afirma Roberto Marmor, presidente del Consejo de Artes Visuales de la Alzate Avendaño y representante del Consejo Distrital de Artes Plásticas.
Los artistas que participaron en esta vigésima edición del Salón del Fuego tienen opiniones contundentes. Para María Isabel Rueda, quien participó con la obra Hombres lodo —serie de siete fotografías de gran formato—, «es muy saludable pensar en una nueva forma de convocatoria que busque términos menos generales que el concepto de fuego. Sin embargo, este último salón presentó obras interesantes, que intentaron mostrar cómo algunas propuestas pueden enfocar el tema del fuego desde un punto de vista menos obvio y literal, para dejar un resultado interesante, no tan forzado».
Una opinión similar tiene Alejandra Rincón, quien se presentó con Acto reflejo —proyección simultánea de dos videos: «Es necesario que se redefina como un nuevo lugar para la exposición de propuestas más abiertas. Es muy complejo determinar límites tan cerrados o particulares en el desenvolvimiento creativo».
Para Roberto Marmor, otro problema suscitado en este salón es que algunos buenos conceptos no han concluido de forma exitosa en el montaje. Y es un pensamiento muy parecido al de Ícaro Zorbar, autor de la instalación de video Te extraño: el fantasma, quien cree que, por ser tan cerrado, el tema del fuego enfrenta al artista a un problema de curaduría: «Es demasiado ambicioso pensar en reunir trabajos tan heterogéneos desde un punto de vista ubicado en un solo lugar. Para mí es difícil trabajar pensando en un solo tema... La obra que presenté no la hice para el Salón del Fuego, sino que se trató de un trabajo ya resuelto hace tiempo y que simplemente cupo en la convocatoria».
Sin embargo, otros artistas como Eduard Moreno, ganador del salón con Fuego interno, argumentan que lo importante es pensar en el fuego, no desde la técnica o el concepto, sino más bien desde el reto que plantea erigir una reflexión en torno al tema, y así generar variadas lecturas: «El salón posee su propia dinámica, y ha venido adecuándose por sí mismo a estas instancias, por lo que considero desafortunada su desaparición. Esta última edición representa el final de una serie de aciertos en torno a la reflexión del fuego. La relación con el fuego es metafórica, o simplemente un acto reflexivo».
Hombres lodo . Tres de las siete fotograf ías de gran formato con las que participó María Isa bel Rueda en el Salón del Fuego 2008.
Foto Rafael Caro Suárez