Una ventana al pasa do es este tranvía que va rumbo a la calle 43.
Foto Rafael Caro Suárez
Las viejas imágenes de una ciudad hoy desaparecida, las canciones de antaño inspiradas en Bogotá, el primer tranvía de mulas, los viejos troles que, arrumados, terminaron pudriéndose en un parqueadero... un pedacito de la ciudad, un recuerdo representado en un grafito: mediante fotos, grabaciones y videos, la exposición «Bogotá retroactiva» invita a los visitantes a cantar el porro de los años cuarenta, «Ala, cómo estás», a descifrar el pasado jugando con nuevas tecnologías, a convertirse en las fichas de un juego de mesa sobre los 470 años de la capital, y a recorrer una línea del tiempo que da cuenta de ciertas causas y ciertas consecuencias.
Con la propuesta «Bogotá retroactiva», Andrés Ospina y Vladimir Mosquera, del consorcio Retrovanguardia, ganaron la convocatoria Ciudad y Patrimonio 2008, que entrega 45 millones de pesos para el montaje de la exposición. El Instituto de Patrimonio Cultural, entidad adscrita a la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, organiza esta muestra que podrá ser apreciada hasta el 28 de febrero, en el Museo de Bogotá del Centro Cultural Planetario.
Cinco salas conforman «Bogotá retroactiva». La primera exhibe, a través de audiovisuales, tres momentos fundamentales en la historia de la ciudad: la época prehispánica y los aniversarios número 100 y 400 de Bogotá. Desde el primer momento, la exposición envuelve al visitante para hacerlo sentir cercano. «Se trata de mirar hacia atrás desde una óptica muy contemporánea. No en una sala fría y distante sino en una bulliciosa, donde la gente tenga un contacto real y participativo con la muestra», cuenta el artista Andrés Ospina.
La segunda sala, llamada Bogotá Canción, confirma lo dicho por Ospina. En un ambiente decorado por un antiguo micrófono, una radio de tubos y una vieja foto de dos hombres poniendo discos, los visitantes pueden escuchar o cantar en karaoke cuatro canciones de distintas épocas, cuyo tema central es Bogotá. La primera es el porro de 1944, «Ala, cómo estás», de Gregorio Armani y su banda. La canción narra cómo eran los cachacos, y en unas de sus estrofas dice: «Bien afeitaditos andan coqueteando desde San Francisco a la Catedral». Un salto de treinta años lleva a la segunda canción, «El blues del bus», que da cuenta de las complicadas y olorosas travesías en un bus durante los años setenta: «A codazos y empujones llegas hasta atrás / si no te matan a pisones, los olores de seguro lo harán / y cuida bien tu billetera al montar en un bus en Bogotá».
Uno de los murales que adornan las paredes de la última sa la de «Bogotá retroactiva».
Del cantautor argentino León Gieco se puede escuchar «Bajo el sol de Bogotá», compuesta en 1981. Esta ciudad, canta Gieco, es un lugar donde hay un «mercado de diez mil cosas a la vez / y se transa el precio en las calles». También aconseja: «Deja que el gamín te tumbe un poco de lo que traes / es una forma cariñosa que tienen en Bogotá ». La última canción es «Río Bogotá», de la banda colombiana Sociedad Anónima. Su tema central es la contaminación del río: «Nos fuimos con unos amigos al lugar / y cuál fue la sorpresa al encontrar aquel barrial... / Todo el mundo bota las basuras al río Bogotá».
Mediante el movimiento de las manos frente a una pantalla, en la sala Bogotá Rueda los visitantes pueden controlar una línea del tiempo del transporte masivo en la ciudad. Y en las paredes de la sala, en fotos acompañadas por textos de cada época, se pueden ver los primeros tranvías, el estreno en 1921 de las famosas «nemesias», la noticia acerca de la decisión por parte del alcalde Mazuera de acabar con los tranvías, la inauguración del trolebús en 1962, la llegada de TransMilenio.
El recorrido por «Bogotá retroactiva» continúa en la sala Bogotá Juguete. Allí se puede conocer la evolución urbana de cinco lugares representativos de la ciudad: la avenida Chile, el Terraza Pasteur, el antiguo Hotel Granada situado donde hoy se levanta el edificio del Banco de la República, y la Plaza de Banderas. En esta misma sala se instaló un video-juego en que el visitante tiene que prestar atención a la caída de globos y cohetes sobre el suelo de la ciudad. Luego la pantalla indica la puntuación obtenida.
En un largo juego de casillas que se encuentra ubicado en el suelo de la última sala, Bogotá Divertida, los visitantes se convierten en fichas que, caminando en el tiempo y el espacio, deben llegar a la meta: la celebración de los 470 años de Bogotá. Grafitos, cuadros abstractos, retratos de personajes inolvidables como la Loca Margarita o el caricaturista Chapete, todos realizados por artistas profesionales, adornan los muros de esta última estación en el recorrido por una Bogotá que muestra intensamente sus rostros visibles y sus caras ocultas.