El sur, el juego y los íconos de la identidad local
Por Ismael Ortiz Medina*
El Olaya en la década de los setenta. Fotos cortesía de la Oficina de Prensa Hexag onal del Olaya
El Torneo Amistad del Sur, también conocido como Hexagonal del Olaya o más simplemente como el Torneo del Olaya, cumple cincuenta años. Mediante el acuerdo 300 del mes de diciembre de 2007, fue declarado por el Concejo Distrital de Bogotá como evento de interés cultural, en reconocimiento a quienes han mantenido en alto una tradición barrial de juego, de entretenimiento dominguero, cuyo origen tiene que ver con la fractura de la ciudad en sus expansiones hacia el norte y hacia el sur, y con el impulso que tuvo el fútbol en el cuarto centenario de la fundación de Bogotá.
De esa época data la inauguración del Estadio El Campín (1938), en el incipiente norte de la capital, donde quedaba la finca del señor Nemesio Camacho, y por esos mismos tiempos se crearon en el sur clubes de fútbol que afirmaron la identidad de algunos barrios, como el Club Deportivo Olaya Herrera, fundado el 8 de mayo de 1935, con el fin de «fomentar ratos de solaz en el barrio y esparcimiento a sus moradores». El enfrentamiento del equipo de este club con el que pertenecía al vecino barrio El Centenario, ambos ubicados en la Localidad Rafael Uribe Uribe, era una fiesta de amistad, «morcilla, chicharrón y chicha» entre las gentes del sur, según nos lo cuenta la página web del torneo (http://www.hexagonalolaya.com).
El fútbol tiene varias dimensiones: deporte, negocio, espectáculo y juego. La palabra «deporte » viene de las lenguas provenzales habladas por la marinería del Mediterráneo, en el siglo XV: irse de portus, «de puerto», era irse de locha, de rumba, después de las duras faenas del mar adentro. Hoy en día, en cambio, entendemos como deporte la competencia organizada y reglamentada de diferentes disciplinas de la actividad física. Así, el deporte ha sido convertido en una especie de guerra de baja intensidad. Bástenos un inventario de los términos, en especial de los narradores de fútbol, para concluir que efectivamente el fútbol es algo así como la continuación de una guerra por otros medios: subir las defensas, invadir el área, adelantar las líneas, liquidar al adversario, disparo certero, tremendo cañonazo, cambiar la estrategia, dormir al rival, etc. A este lenguaje guerrero-deportivo hay que sumar el fomento, por parte de algunos clubes profesionales, de las «barras bravas» para que la guerra sea una continuación del deporte y cerrar ese ciclo perverso de la competencia llevada al extremo de la confrontación violenta más allá de las canchas. Y no hablemos del lenguaje provocador de algunos «comentaristas deportivos»... El Torneo del Olaya es todo lo contrario; es juego, es deporte en el sentido original. Ray Bradbury, el famoso escritor estadounidense de ciencia ficción, en uno de sus relatos cortos, hizo una dura crítica a la sociedad blanca norteamericana que convirtió el deporte en una dura y perdedora competencia donde lo único importante es ganar.
Aspecto de una de las tribunas en el estadio del Olaya, hace cinco años, durante su remodelación
En un pueblo al sur de los Estados Unidos donde impera la segregación, dicho relato enfrenta en un partido de béisbol a dos civilizaciones, la de los negros que juegan por puro goce y la de los blancos que juegan por pura competencia. Mientras el equipo de los negros se divierte, el equipo de los blancos trabaja y, pese a ello, los negros ganan el partido, hasta que el furioso pitcher del equipo blanco decide lanzar la pelota contra la cabeza del bateador negro y lo mata.
Un recorrido por la infinidad de expresiones deportivas locales en Bogotá nos llevaría a proponer la hipótesis de que en nuestras localidades hay más juego, más cultura de lo lúdico, que competencia deportiva. El Hexagonal del Olaya arrancó «por iniciativa de un grupo de amigos que conformaron un cuadrangular con motivo de las fiestas decembrinas y aprovechando los instantes de solaz del período vacacional », según dice la citada página web.
Eventos como este Torneo del Olaya —de tipo local, barrial, de corta duración, asociado a las fiestas de diciembre y con tradición comunitaria— hay muchos en la ciudad. Verdaderos clásicos barriales que nacen en la tarde de un domingo, que acercan no sólo a los hinchas y a los «fanáticos» con los jugadores, sino a los niños y niñas con los abuelos y abuelas; que integran a la familia y le apuestan a gozar el rato, a estar de locha, a compensar en el puerto del fin de semana los duros avatares de la semana laboral o académica. Por ello, lo cultural de lo deportivo quizás lo encontremos más en las localidades, en esa cantidad de juegos, torneos y expresiones deportivas y recreativas que parecen ir en contravía de los ruidos y peleas del fútbol profesional, concentrado en la dura competencia, en los grandes estadios y en la televisión comercial.
También este concepto del fútbol puede ser un camino para descubrir una de las mejores rutas hacia la identidad local y barrial.
*Funcionario de la Secretaría Distrital de Cultura, Recreación y Deporte.