LOS SUICIDAS DEL SISGA DE BEATRIZ GONZÁLEZ. “EN UNA CARTA DE DESPEDIDA EXPLICABAN
QUE SE HALLABAN PROFUNDAMENTE ENAMORADOS PERO QUE, DEBIDO A SUS PROFUNDAS CONVICCIONES
RELIGIOSAS, HABÍAN PREFERIDO MORIR [AHOGADOS] A MANCILLAR LA PUREZA DE LA JOVEN.”
HOLLAND COTTER, CRÍTICO DE THE NEW YORK TIMES
El Instituto Distrital de Cultura y Turismo, IDCT, participa en
la construcción de una Bogotá incluyente y sin indiferencia,
mediante la puesta en marcha de las políticas de gobierno
de la Alcaldía Mayor, articuladas en torno a cuatro líneas
programáticas: autonomía y gobernabilidad local, cultura para
la ciudadanía activa, Bogotá, escenario de reconciliación y
transformación de la institucionalidad pública desde una perspectiva
de derechos.
En años previos a esta administración, la acción del IDCT
estuvo orientada en su mayoría hacia la ampliación de la oferta
cultural en escenarios públicos para estratos bajos; al cambio
de los hábitos, percepciones y conocimientos ciudadanos
para su ajuste a la norma; al fomento a la creación artística, y
a un primer modelo de organización del sector.
A partir del criterio de construir sobre lo construido, lema
de la actual administración, el IDCT intenta articular los logros
alcanzados por administraciones anteriores para proyectarlos
hacia una institucionalidad que garantice las condiciones para
el ejercicio efectivo de los derechos culturales por parte de los
habitantes de la ciudad, sin distinciones de edad, sexualidad,
género, etnia o condición social y económica.
Por lo tanto, y como un primer paso, fue necesario llevar a
cabo una redefinición institucional que busca que el IDCT, más
que concentrar la oferta y la iniciativa cultural de la ciudad, sea
un agente que posibilite las condiciones y oportunidades para
que los actores sean quienes creen, circulen; investiguen, formen
y produzcan en el campo cultural, artístico y del patrimonio.
Como un segundo paso, el IDCT busca posicionar la cultura
como un componente fundamental de la vida social, política
y económica de la ciudad, para lo cual desarrolla estrategias
conjuntas con la administración distrital que propicien las
transformaciones culturales que impiden el ejercicio pleno de
los derechos de los grupos sociales, transformaciones requeridas
para la construcción de la ciudad que queremos: reconciliada,
incluyente y participativa.
Desde el Balcón Editorial
Un Foro permanente de cultura
Varios meses antes de asumir la dirección del Instituto Distrital de Cultura y Turismo (IDCT) compartí, con un destacado grupo de artistas e intelectuales de Bogotá, la idea de convocar y abrir en la ciudad un Foro permanente de cultura. Dicho Foro ya es una realidad y fue instalado en su primera sesión el pasado 20 de diciembre de 2005 en la sede de la Corporación Colombiana de Teatro.
Tal como conversamos en distintas ocasiones con la maestra Patricia Ariza, líder del grupo, el Foro se propone como un espacio para que circule el pensamiento independiente, un escenario para que se encuentre la ciudad integrada del centro con la periferia, un lugar de reflexión desde donde se contribuya a descubrir y reconocer las expresiones invisibilizadas de la ciudad. Bogotá es una ciudad privilegiada donde conviven todas las culturas de la nación. Contribuir al trueque de saberes y sabidurías que portan las comunidades que han llegado para quedarse, es construir nación.
El Distrito es una ciudad que se ha formado y se sigue conformado a saltos, una capital en constante cambio espacial y temporal. Aquí habitamos diversos territorios en tiempos distintos. Aquí se vive el campo con su ritmo pausado, pero a la vez el vértigo de la ciudad metropolitana del siglo XXI. Se padecen distintas formas de agresión pero a la vez es desde Bogotá de donde han salido las más renovadoras y constantes propuestas para la paz. La guerra y la violencia han producido daños culturales profundos en la mentalidad de los colombianos.
Le tememos a la divergencia, porque no la hemos sabido tratar sino como aniquilación. No hemos aún asumido el reto de construir convivencia desde la divergencia; de abrir espacios mentales para aceptar que, a partir de la diferencia, es como nos podemos encontrar y saludar en calidad de seres autónomos, poseedores de pensamiento propio. No nos hemos apropiado suficientemente de la noción de la democracia con una clara perspectiva de los derechos ni de un servicio público que se ocupe de ser el que garantice el ejercicio real de los mismos.
Y una buena parte de todos esos daños se expresa además en el poco interés de los artistas y creadores por la política y en el poco interés de los políticos por examinar el país y la ciudad desde la cultura. Dijo Harold Pinter en su valiente discurso de aceptación del premio Nobel de literatura: “Cuando miramos un espejo pensamos que la imagen que nos ofrece es exacta.
Pero uno se mueve un milímetro y la imagen cambia. Ahora mismo, nosotros estamos mirando un círculo de reflejos infinitos. Pero a veces un escritor tiene que romper el espejo, porque desde el otro lado de ese espejo la verdad nos está mirando fijamente. Creo que, a pesar de las enormes dificultades que existen, como ciudadanos debemos tomar una impávida, constante, firme e intelectual determinación, sin vuelta atrás, para definir la auténtica verdad de nuestras vidas y de nuestras sociedades; es una necesidad crucial que nos afecta a todos. Es, de hecho, una toma de posición obligatoria.” Y nosotros, desde el IDCT, buscamos que la cultura contribuya a dar respuestas y quizás a encontrar salidas iluminadoras para hacer de ésta, nuestra ciudad, un gran escenario, donde quepan y dialoguen las culturas de la nación, pero también una ciudad que abra paso a la modernidad.
Éste es uno de los grandes desafíos contemporáneos: acceder a una ciudad moderna y competitiva donde no se malogre lo mejor de nuestras tradiciones. Por eso, precisamente, las personas dedicadas de manera sistemática a la creación artística —con los intelectuales y académicos— estamos en el deber moral, ético y estético de encontrarnos y pensar la ciudad. Quienes trabajamos en el arte sabemos que nada reemplaza el acto de hablar y comunicarse de manera presencial. Por eso, abrir un ágora, mantener un espacio de reflexión y de conversación por fuera de los proyectos individuales y colectivos tanto del Instituto y de las organizaciones, grupos culturales y artistas, es un escenario que no podemos desperdiciar.
Esa es una manera de luchar contra la indiferencia. El trabajo de la administración depende en buena parte de encuentros como éste, que le aportan tanto a la sociedad como a la función pública. Ese es el verdadero sentido de la cultura para una ciudadanía activa que con tanto interés fomenta el gobierno de Lucho Garzón. Por parte del Instituto haremos los esfuerzos necesarios para que el Foro de cultura sea permanente, para que se haga en escenarios diversos, y para que su reflexión, debidamente comunicada, contribuya a construir un pensamiento propio sobre Bogotá.
Martha Senn
CARTA DEL LECTOR
Estoy muy convencido de no ser el único colombiano que se pregunta: ¿Por qué tienen que ser universidades norteamericanas y europeas las que promueven un boicot contra una multinacional que ha demostrado más que irregulares comportamientos en el manejo de sus asuntos sindicales en Colombia? Ocho sindicalistas de Coca-Cola asesinados en Urabá y serias evidencias de persecución a otros trabajadores y sus familias, además de la muy irregular (desde el punto de vista laboral) liquidación de su embotelladora en Pasto, con un suicidio de por medio. ¿Y el Alcalde de la capital de Colombia, formado integralmente en el sindicalismo, por qué no se ha manifestado? ¿Por qué no promueve la misma prohibición de la bebida, en los más de 700 colegios públicos distritales, por ejemplo?
Atentamente.