«Una chanda. Terminamos parchándonos porque que hueso de farra». Si cualquier persona extranjera de habla hispana oye esta frase, lo más seguro es que no entienda nada. No sabrán que lo que se trata de decir es «Qué jartera. Nos fuimos porque la fiesta estaba muy aburrida». Los lenguajes cambian con cada generación. En cada ciudad y país se habla de una manera particular, con unos códigos distintivos y una jerga única nacida de la imaginación e inspirada en un contexto determinado.
Hace veinte años, las palabras más populares de los adolescentes eran otras. La expresión qué soda, tan común en los años ochenta, está casi extinta. Y qué decir de palabras como chirriado o cachifo, usadas por los bogotanos chapinerunos en la primera mitad del siglo pasado. Nuevos vocablos han ido surgiendo en los últimos años y, si se quiere entender este nuevo lenguaje juvenil de mil y una palabras distintas, hay que reconocerlos. Algunos le dicen pisos a los zapatos; otros, cuando el computador se pone lento, se les pandebonea; y cuando las fiestas están llenas, encuentran un huevo de gente.
Son muchas las expresiones que se utilizan para designar o calificar algo. Y es que una palabra sirve para describir muchas cosas. Cuando alguien dice qué chimba de fiesta, está expresando que estuvo buena. Pero a veces está expresión no alcanza y entonces, para darle más fuerza a la palabra, se le antepone el sufijo re: la rechimba. Ojo, no confundir chimba con chimbo, que se refiere a algo falsificado, a una tarea muy fácil o al pene.
El Departamento de dialectología del Instituto Caro y Cuervo, que dirige el profesor Mariano Lozano, adelanta una investigación acerca de la jerga de los jóvenes universitarios, que tiene como finalidad entregar el diccionario de jerga estudiantil universitaria. Según Lozano «una de las formas de creación del lenguaje es precisamente con el juvenil. Todos los días inventamos palabras, y en esos procesos de creación está una de las razones de ser del lenguaje». Lozano explica que la jerga que usan los jóvenes se caracteriza por ser festiva e irreverente. «No quieren saber de normas, de reglas.
Ellos quieren hablar con sus propias palabras. Es una forma de mostrar su rebeldía». Según él, cada vez es más grande la brecha generacional en cuanto al lenguaje. Para Lozano, lo más importante es que los jóvenes entiendan que hay un contexto para usar su jerga y otro para usar el español castizo. Muchos hablan solo en su jerga, tienen un léxico muy limitado y eso, necesariamente, conduce a graves problemas de comunicación.
Castizas, mal utilizadas
Según el diccionario María Moliner, éste es el significado de la palabra intenso: aplicado a acciones, fenómenos, efectos, sensaciones o cualidades que afectan a los sentidos, de mucha fuerza o energía. Los jóvenes usan la palabra intenso para referirse a alguien fastidioso.
Para decir sí, para confirmar, los jóvenes dicen sisas. En el diccionario, sisa es: parte pequeña que una persona sustrae para sí de una cosa que maneja por cuenta de otro. La palabra rabón, muy utilizada entre los bogotanos para referirse a alguien malgeniado es: se aplica al animal que, correspondiéndole por su especie tener rabo, no lo tiene, lo tiene muy pequeño o lo tiene cortado. Ñanga es un terreno pantanoso, pero no es raro ver a un joven refiriéndose a otro, en tono despectivo, de esta forma: Ese man es una ñanga. Las transformaciones del lenguaje parecen no tener fin. Y es tan fuerte la influencia de lo autóctono sobre lo general, o lo castizo, que en ocasiones lo opaca. La palabra chévere es el mejor ejemplo. Pero las transformaciones del lenguaje son inevitables e inherentes a cualquier grupo social.
La forma de hablar está directamente relacionada con la forma como se percibe la realidad. Y hay muchas realidades: la del que vive en tierra caliente o fría, la del que trabaja en una oficina, la del que estudia medicina, la del alumno de sociología. Lo cierto es que los jóvenes hablan a calzón quitao. Y en una palabra o una corta frase resumen muchas cosas. Venimos a roquear, dijeron varios de los músicos que se subieron a la tarima en Rock al parque. Nada más, solo a roquear. Y no se referían solamente a tocar rock, sino a saltar, a moverse de un lado a otro, a cerrar los ojos y gritar, hasta quedar afónicos: ¡Qué chimba!
Dos, tres, cuatro formas de decir...
Adiós o hasta luego: Nos vidrios, chaos, chaolín, chaolín pingüín
Aguardiente: guaro, guarito, guarilaque, queño (aguardiente antioqueño)
Cerveza: Birra, pola, chela, chelita, fría, pochola.
Bravo, malgeniado: ajizoso, rabón, ardido Ordinario: ñero, garra, guiso, guaro, garbimba, iguazo
Estudioso: Ñoño, nerdo, nerd
Meterse en problemas: engalletarse, montarse en la asquerosa
Tranquilizarse: fresquiarse, tomarla con suavena
Emborracharse: Jetearse, volquetearse, tronarse, reventarse, jalarse
Tacaño: líchigo, amarrado
Otras expresiones entre las innumerables que cotidianamente se escuchan en la jerga, argot, slang o lengua popular: Paila papá, marcando calavera, ele jota, chumbimba, ñerístico, que parche, replay, ¿vientos o maletines?,