Prioridad de Lucho Garzón: Los derechos de los ciudadanos
Dentro de la política
de Bogotá sin indiferencia,
la administración Garzón,
ha tenido como prioridad concientizar a los ciudadanos
y hacer valer sus derechos.
Es uno de los pilares
de su gobierno.
Según los resultados arrojados por la encuesta de Cultura Urbana 2005, en los últimos dos años aumentó la participación de los habitantes de Bogotá en proyectos artísticos, culturales o del patrimonio. También se señaló una ampliación en la oferta cultural disponible para los habitantes de la ciudad y un incremento de los asistentes a dichos eventos. Pero, definitivamente, las cifras que causaron mayor satisfacción fueron las relacionadas con el incremento del reconocimiento de los derechos ciudadanos y la disposición a exigir su cumplimiento.
Estos cambios de actitud se han dado gracias a la estrategia Cultura para la Ciudadanía Activa, que venía implementando el Intituto Distrital de Cultura y Turismo (IDCT) —hoy Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte— y la Secretaría de Gobierno, en el marco del Plan de Desarrollo Bogotá sin indiferencia. Esta estrategia reúne las líneas de intervención para hacer de lo cultural uno de los ejes de sostenibilidad de desarrollo humano en la ciudad.
Los resultados
A pesar de una reducción en el presupuesto de inversión del IDCT en el 2005, con respecto a años anteriores, se logró mayor eficiencia en el uso de estos recursos, por cuanto se ampliaron las posibilidades de participación en los premios y becas a la creatividad y la libertad cultural: en 2001 se abrieron 31 concursos con 1.406 inscritos y, para 2005, estas cifras ascendieron a 48 concursos con 2.067 inscritos, lo que significó un aumento de casi el doble de los beneficiados. Así mismo, durante el periodo 2004–2006, se rediseñó el programa de apoyos a proyectos presentados por organizaciones culturales de la ciudad, con el fin de ampliar las posibilidades de participación en el mismo. El principal logro fue el aumento de apoyos, pasando de 143 (2001–2002) a 178 (2004–2006). Estos esfuerzos se cristalizaron en mayor participación ciudadana en eventos públicos, pasando de 1’619.053 asistentes en el 2001 a 2’927.755 en el 2005.
Otros logros relevantes se identifican en el campo del respeto por la diferencia. La promoción de escenarios de reconciliación y formación de una cultura de respeto por el otro se han reflejado en la disminución de los niveles de discriminación a grupos de personas de diferentes sectores sociales y poblacionales en la ciudad, como enfermos de Sida, recicladores, prostitutas y homosexuales.
También se ha mejorado la actitud, percepción y conocimiento de los ciudadanos con respecto al ejercicio de derechos, la participación y la organización social. Más personas creen que pueden influir en el diseño de las leyes; no creen haber nacido para ser mandados; opinan sin importar su nivel educativo y rechazan el maltrato infantil. Ahora utilizan más a menudo el recurso de la tutela para exigir sus derechos, y están más dispuestos a exigir también el respeto de derechos, como la educación, la salud básica y la alimentación.
Construir sobre lo construido
Con el programa Cultura para la Ciudadanía Activa, de la administración Garzón, se ha pretendido dar continuidad a la pedagogía que se construyó en el gobierno Mockus, con Cultura Ciudadana, que en sus palabras es “el conjunto de costumbres, comportamientos y reglas mínimas compartidas que generan sentido de pertenencia, facilitan la convivencia urbana y conducen al respeto del patrimonio común y al reconocimiento de los derechos y deberes ciudadanos.”
Dentro del plan Bogotá sin indiferencia, el programa de Ciudadanía Activa tiene como objetivo garantizar las condiciones para que sectores profesionales, sociales, pueblos y actores locales cuenten con las oportunidades para ejercer sus derechos y participar en la construcción de lo público; que sean protagonistas y no espectadores en la búsqueda de sus derechos. Es un concepto innovador que intenta revivificar la corresponsabilidad y las relaciones entre Estado y sociedad.
Así se garantizan las condiciones para que dichos actores de lo cultural validen su derecho de acceder a las actividades y manifestaciones culturales, promoviendo una cultura de los derechos. “Es la expresión cultural de la Bogotá sin indiferencia que nos gobierna: el ciudadano fortalecido por una doble conciencia, que le permite asumir su titularidad de derechos, al tiempo que es capaz de autorregular sus conductas para una mejor convivencia,” explica Martha Senn, Secretaria de Cultura, Recreación y Deporte.
Por eso se ha trabajado desde diferentes ámbitos: sectorial, poblacional y territorial. En el sectorial, se tiene en cuenta a la población más vulnerable, con el fin de lograr su articulación a procesos de fomento, planeación, organización, participación e información en el campo artístico, cultural y del patrimonio. A nivel territorial, se establecen lazos de unión entre diferentes actores locales públicos y privados, en un trabajo mancomunado con alcaldías locales, consejos locales de cultura y la base cultural local, con el fin de aumentar las opciones para la generación de capital cultural, económico, político y social.
Con ello se busca que los habitantes de Bogotá sean capaces de reconocer sus derechos, y así se sienta un verdadero cambio de lo cultural como ámbito cotidiano, en el que los sectores poblacionales y sociales (comunidades afro, indígena, rom, LGBT, niños, jóvenes, adultos, adultos mayores, artesanos, etc.) construyan colectivamente, desde sus diferencias e identidades particulares, objetivos y metas comunes para la sostenibilidad cultural de la ciudad.
La Biblioteca pública Virgilio Barco Vargas, obra del arquitecto Rogelio Salmona, en fotografía aérea cortesía de Carlos Hoyos