Se acercan las convocatorias 2009 Bogotá tiene talento
Pájaros, ilustración de Fernando Martínez Sanabria, para la traducción del libro de
Saint-John Perse, hecha por Jorge Zalemea.
Andrés Ospina y Vladimir Mosquera, dos jóvenes que conformaron un consorcio, participaron a comienzos del año pasado en la convocatoria Ciudad y Patrimonio. Hoy, orgullosamente, exponen al público en el Museo de Bogotá su proyecto, Bogotá Retroactiva, que resultó ganador de dicho concurso.
La exposición, que estará abierta hasta el próximo 28 de febrero, completará así cuatro meses de exhibición, en un espacio que diariamente es visitado por muchos bogotanos. Así mismo, cientos de jóvenes que integran con sus camaradas originales agrupaciones de rock and roll, depositaron también toda su esperanza en las Convocatorias del Área de Música, cuando se inscribieron para obtener un cupo en Rock al Parque.
Y, aunque solo 24 pudieron acceder a este espacio, muy seguramente la mayoría de las más de 300 bandas que se inscribieron en esta convocatoria ganaron madurez y talento artístico, gracias al esfuerzo invertido en esta inolvidable aventura. Lo mismo ocurrió con los habilidosos bailarines de géneros de la danza, como el break dance, que accedieron a las Convocatorias de Danza con la ilusión de mostrar sus complejas coreografías y piruetas en un escenario. No cabe duda: Bogotá tiene talento. Se respira en sus calles, se percibe en cada esquina, parque o plazoleta barrial, donde nace el arte anónimo.
Para sacar del anonimato a los talentosos ciudadanos bogotanos están las Convocatorias Artísticas, que adelantan anualmente la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte y sus entidades adscritas.
Este año, bajo el lema Bogotá tiene talento, se entregarán más de seis mil millones de pesos a las artes, la cultura y el patrimonio, mediante el programa de Estímulos y de Apoyos Concertados, que otorgarán premios, becas y apoyos a los artistas y organizaciones sin ánimo de lucro, que adelantan proyectos en las áreas de Audiovisuales, Arte Dramático, Danza, Artes Plásticas, Música, Literatura y Patrimonio.
Bajo la supervisión de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, la Fundación Gilberto Alzate Avendaño ejecuta los procesos de las áreas de literatura, artes plásticas y audiovisuales; la Orquesta Filarmónica de Bogotá se encarga de música, danza y arte dramático; y el Instituto de Patrimonio Cultural trabaja con el Patrimonio de la ciudad. Cabe destacar que este año continúan, en el seno de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, la Convocatoria Localidades Culturalmente Activas y el Premio Vida y Obra, que reconoce el aporte a la cultura en artistas mayores de 60 años.
En Bogotá, todos los días se abre el telón en grandes teatros y en pequeñas salas que otrora fueron casas, garajes o bodegas. También en universidades y bibliotecas, y en aquellos ínfimos teatrinos por donde se asoman títeres de trapo. De enero a diciembre, desde alguna de las 6.500 sillas de que dispone la ciudad, cualquier persona puede entretenerse con alguna de las tragedias de Shakespeare, el humor de Molière, una obra puramente colombiana o un montaje experimental. Bogotá es un gran escenario, una ciudad en la que el teatro está siempre activo y, algo fundamental, al alcance de todos sus habitantes.
El teatro en la capital es reconocido especialmente por el Festival Iberoamericano de Teatro que, poco a poco, con el arduo trabajo y la incesante lucha de desaparecida Fanny Mikey, se convirtió en el más grande del mundo. El Festival, no nos cabe duda, es uno de los patrimonios culturales más ilustres de la ciudad. Pero la actividad teatral en la capital no se supedita únicamente al Iberoamericano. Bogotá respira teatro y esto se demuestra al revisar las cifras de espectadores que asistieron a alguna de las aproximadamente nueve mil obras que se exhibieron en el 2008. Más de tres millones de personas llenaron durante todo el año las cuarenta salas que tiene la capital.
Las cifras, tanto de la oferta como de la demanda, demuestran que en Bogotá el teatro es y debe seguir siendo una prioridad de su andamiaje cultural. Actualmente hay 300 grupos, de los cuales 150 se presentan durante todo el año. Dentro de éstos, cuarenta hacen espectáculos para sala, otros tantos teatro infantil, catorce se dedican al teatro no verbal, doce se centran en el teatro comunitario y otros cuarenta se dedican profesionalmente a la narración oral. La oferta, no cabe duda, es vasta y heterogénea. Al ya citado Festival Iberoamericano se le suman otros festivales, como el Alternativo de teatro, Mujeres en escena, la Convención Latina de Circo, la Maratón de Monólogos, el Festival de Títeres de Manuelucho, la Bienal de Amor y Éxtasis, el Festival al aire Puro, entre otros. Cada uno se ha ganado su espacio y su público. Cada uno tiene una temática muy bien definida.
Todos los años, desde 2002, se realiza el Festival Distrital de Teatro de Bogotá, en el que se seleccionan los mejores grupos y montajes. Durante el pasado mes de noviembre, más de 60 compañías locales participaron en este festival que organiza la Asociación de Salas Concertadas, y que cuenta con el apoyo de la Coordinación de Arte Dramático de la Orquesta Filarmónica de Bogotá y la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte. Es de resaltar que en 2008 se reabrieron las convocatorias de Arte Dramático, en las que se recibieron 41 propuestas y participaron unos 96 artistas. Además, se entregaron 14 apoyos a grupos y 30 a salas de teatro.
Se otorgó un Premio Distrital de Dramaturgia y una Beca de Creación, además de seis apoyos de profunda trascendencia en el ámbito sectorial. De dichos apoyos se beneficiaron alrededor de 200 grupos de teatro. Un aspecto fundamental en cuanto al desarrollo de teatro es la formación. Cuatro universidades tienen en Bogotá la carrera profesional de Artes Escénicas: La Universidad Distrital (Facultad de Artes-Asab), la Pedagógica, la Antonio Nariño y la Universidad Central. Se espera que de recientes programas de estudios, como la maestría en Escritura Creativa que abrió la Universidad Nacional, salgan dramaturgos que se sumen a los 45 que están produciendo nuevas obras, y que sigan el camino de hombres de teatro, como Carlos José Reyes, quien hace poco tiempo recibió el premio Vida y Obra, del Programa Distrital de Estímulos de la Secretaría de Cultura. Bogotá ha contribuido a que sus habitantes, casi sin excepción, descifren la magia del teatro.
Con la firme convicción de que las funciones deben continuar, este año ha vuelto el Pasaporte Teatral. Cualquier persona puede reclamar, de manera gratuita, su pasaporte en la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, la Orquesta Filarmónica de Bogotá, Puntos de Información Turística y Puntos de Encuentro en las estaciones de Transmilenio. Éste pasaporte no es otra cosa que una tarjeta con la que recibirá descuentos en 38 salas de teatro y la entrada gratis para un acompañante. Que se abran pues los telones, que se estrenen nuevas obras, que los dramaturgos afinen sus plumas, porque en esta ciudad hay espacio de sobra para el teatro.
Catalina Ramírez
Secretaria de Cultura, Recreación y Deporte
CARTAS DE LOS LECTORES
Señor director:
En el número pasado me encontré con dos excelentes artículos, que aparentemente no tienen nada que ver entre sí, pero que gozan de una envidiable similitud: se trata de la estupenda entrevista de Bernardo Hoyos —director de la Emisora Cultural de la Tadeo, HJUT, al escritor Alastair Reid, y la reseña sobre los dos libros de Villegas Editores dedicados a la obra del arquitecto Rogelio Salmona. ¿Pero qué tienen que ver estos dos temas, tan disímiles entre sí? Que el escritor inglés, Gerald Martin, investigó durante 17 la vida y obra de nuestro Nobel, Gabriel García Márquez, por una parte. Y, por la otra, el arquitecto Ricardo Castro ha dedicado la mayor parte de su vida a estudiar y comentar la obra de su amigo y colega, Rogelio Salmona.
Después de haber publicado un primer libro sobre el tema, hace diez años, ya desaparecido Salmona se dio cuenta de que a su recuento le faltaban registrar los últimos y fecundos años de trabajos de nuestro arquitecto estrella, y decidió hacer un segundo libro que llenara ese vacío. Habría que darle crédito no sólo al autor sino también a Benjamín Villegas, el editor, que tuvo el valor de embarcarse en esa empresa que siempre es azarosa, sobre todo en un país que no lee.