Ese deseo de estar donde no estás
un libro de Ángel Beccassino
Por Germán Izquierdo Manrique
Qué hay más allá de... Más allá del barrio por el que siempre caminamos, más allá de aquel potrero. En qué lugar se detiene el camión que pasa rugiendo por la calle, en dónde acaba ese carretera, en dónde aquel camino. Los viajes, el desplazarse, ha sido una de las actividades fundamentales del hombre. El ojo se aguza cuando nos topamos con una cotidianeidad que desconocemos, con otros rostros, otra comida, otras creencias, otras realidades. Esa visión afinada del viajero se manifiesta de manera vívida en el libro Ese deseo de estar donde no estás, de Ángel Beccassino.
Se trata de una obra en la que el autor deja de lado cualquier tipo de solemnidad y abre los ojos para luego atrapar en una imagen el arqueado cuello del camello desde una novedosa perspectiva, el tigre de Bengala sumergido en el agua, un colorido camión en la India, una calle atestada, la majestuosidad del desierto, el cadáver de un ave marina.
En un aparte del libro, Beccassino anota «Ciudades donde nadie viene a recibirte. Pero a las que vuelves...No importan los impuestos imperdibles, no interesa lo que esté de moda. Es la deriva del impulso la que manda». Una de las características de las imágenes de este libro es su naturalidad, si se quiere, su legitimidad. Esto ocurre porque Beccassino retrata lo magno desde ángulos insospechados y registra aquellas pequeñas cosas que muchos pasan por alto dándoles vida. Sí, es cierto que los lugares que se ven en el libro están lejos de ser aquellos donde el turista es atendido como un rey, mientras se le ofrece todo lo que ya ha comido, lo que ya conoce, lo que no es una sorpresa.
Beccassino ha realizado varios libros de fotografía dentro de los que se cuentan Aquel mañana que ya fue, tu boca y El hígado del circo, un espejo. En su hermosa obra Las voces de Marrakesh, el escritor Elías Cannetti afirma que el turista «es la caricatura moderna del viajero». Las fotos de este libro fueron tomadas, no cabe duda de ello, por un verdadero viajero. Y eso no es poca cosa.