1970 - 2010:
Cuarenta años de arte y cultura en Bogotá
Pareja, obra de María Paz Jaramillo. Ver presentación y más obras en las páginas II, IV y V del Magazín.
Todos los últimos jueves de cada mes la música y la poesía se toman el muelle de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño. En un ambiente que evoca un tradicional café parisino al aire libre, y en medio del frío que baja de Monserrate, los bogotanos disfrutan de la Peña de Mujeres, evento que reúne a cantautoras, poetas y escritoras y que hace parte de las más de 400 actividades que ofrece a lo largo del año la Fundación.
Ubicada en pleno corazón de La Candelaria, en una casona colonial que guarda todavía el espíritu del virrey José de Ezpeleta (1741 - 1823) y el del caudillo político e intelectual Gilberto Alzate Avendaño (1910 - 1960), la Fundación, celebra en 2010 sus 40 años de funcionamiento, consolidándose como una institución cultural de amplio reconocimiento.
Desde su creación en 1970 la Fundación ha desarrollado una importante labor en beneficio de las artes plásticas a través de salones, concursos y exposiciones, y fue reconocida en los círculos académicos y políticos de la ciudad por sus tertulias a las que concurrían intelectuales y líderes de opinión.
En la actualidad, promueve las artes plásticas, audiovisuales y literatura, producto de la reforma administrativa de 2007, que convirtió a la Fundación Gilberto Alzate, en una entidad adscrita a la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte. Son muchos lo logros de la entidad a lo largo de estos cuarenta años. Sin embargo su directora, Ana María Alzate Ronga, destaca «los salones concurso de convocatoria pública nacional, sus proyectos curatoriales, investigaciones, publicaciones y exposiciones que indagan sobre el patrimonio artístico de la ciudad y del país; además de los Foros Democráticos, que son espacios abiertos al debate público de las ideas. También se han consolidado las cátedras Bogotá y de Historia Política».
De la primera pequeña biblioteca con la que se contaba hace veinte años, se pasó a una importante biblioteca pública especializada en historia política de Colombia, que cuenta con cerca de 10.000 volúmenes para consulta y préstamo de toda la ciudadanía.
Entre los eventos programados para la celebración de este aniversario está el Premio Fundación Gilberto Alzate Avendaño 40 años, que reunirá a los artistas vivos más representativos de Bogotá y del país; la publicación del segundo y tercer volumen de la trilogía sobre Gilberto Alzate Avendaño, cuyo primer volumen publicó la Fundación en colaboración con la Gobernación de Caldas y la Universidad Nacional en 2008; el lanzamiento de la revista de artes plásticas Errata Número y el coloquio Generación Centenarista y Literatura del Bicentenario, con el cual la Fundación se une a la celebración del bicentenario del grito de la independencia.
Eventos como las exposiciones de Goya, Andy Warhol, los ciclos de cine alternativo, la expedición Gritos que Cambiaron la Historia por el Río Magdalena y la nueva propuesta del Primer Festival Centro que se realizó el mes anterior en la antigua casona, llevan el sello de esta Fundación, un escenario promotor de las más variadas expresiones artísticas y de la participación y la formación democrática ciudadana.
Editorial
Bogotá, una ciudad admirada en el exterior
Hasta hace unos años, Bogotá era un punto en el mapa que nadie quería visitar. Con el tiempo, aquel punto empezó a brillar, convirtiéndose en una luz que ha iluminado las bibliotecas públicas, Transmilenio, los parques renovados, los museos. Ahora, en diversos lugares del planeta, miles de personas tienen interés en conocer aquella capital suramericana que se transformó y de la que todos hablan como ejemplo de modernización y desarrollo urbanístico.
La ciudad ha dejado de ser la metrópoli insegura, repleta de callejuelas sórdidas, la ruidosa y sucia capital donde pasaban rugiendo y contaminando destartalados buses por la tradición Caracas, hoy convertida en troncal del nuevo sistema de transporte masivo. Ya no existe aquella Bogotá sin parques, sin vías peatonales, sin dolientes. Bogotá es hoy una ciudad transformada, que ha revivido el sentido de pertenencia de sus habitantes y se consolida como un importante destino turístico del mundo que ha sido reseñado en varias de las publicaciones más prestigiosas.
En días pasados la estadounidense Debby Lee publicó en el New York Times, el diario más influyente del mundo, una nota en la que señala a Colombia como uno de los 31 lugares dignos de ser visitados este año. Lee afirma lo siguiente sobre Bogotá:
Bogotá, su capital, ha sobresalido en su papel de modelo de reinvención urbana. A finales de 1990, la ciudad sufrió un notorio cambio que lo deja a uno sin aliento. Las aceras, antes usadas principalmente para estacionar automóviles, ahora están delineadas con ciclorrutas y cafés sombreados por árboles.
Históricamente Bogotá no ha sido una ciudad turística. Quienes llegaban siglos pasados tenían que sortear largos y tortuosos viajes para alcanzar la capital de tejas de barro y calles empinadas. Son pocos los viajeros que se llevaron una buena impresión de aquella ciudad alejada, gris y lluviosa. En años más recientes, la violencia de los carteles de la droga, los secuestros, las bombas que sacudieron a Bogotá a finales de los años ochenta y principios de los noventa, hicieron de la ciudad un destino simplemente inpensado.
Fue hasta hace algunos años cuando se empezaron a escuchar voces distintas, diversos idiomas: alemanes, españoles, japoneses, australianos, comenzaron, primero insípidamente, a llegar. Y, como se dice coloquialmente, se empezó a regar la voz de que Bogotá era una joya por descubrir. Ahora, todos los días se ven por las calles grupos de turistas. Incluso, se han empezado a observar los famosos buses turísticos que abundan en otras ciudades y que aquí no existían.
Pero para que la ciudad se convirtiera en una ciudad turística se dieron múltiples transformaciones en transporte urbano, recuperación del espacio público, mayor oferta cultural. Aparte de las obras de modernización en todos los ámbitos, la cultura ciudadana cambió de manera positiva los valores morales de la sociedad. Los habitantes, la materia prima para lograr cambios estructurales, empezaron a disfrutar de una ciudad que antes no percibían como suya. Era tal el caos, que la gente prefería ir de la oficina a la casa, antes que permanecer en la calle.
Hoy lo mejor está afuera. En las aceras, en los parques, en los museos y bibliotecas. La actual administración, en cabeza del alcalde mayor, Samuel Moreno Rojas, se ha preocupado por el bienestar de la sociedad teniendo en cuenta las problemáticas de cada zona de la capital. Así, se ha afianzado el sentido de pertenencia de los bogotanos.
Con el paso del tiempo, la gente se ha dado cuenta de que el respeto a las normas, a las leyes, va consolidando una sociedad más desarrollada y más humana. Sin el apoyo de los habitantes, es imposible lograr cambios trascendentales.
Al comenzar el año las cifras de turistas extranjeros creció sustancialmente. En un informe publicado por El Espectador a finales de septiembre del año pasado, se afirma lo siguiente: «De acuerdo con las cifras de inmigración del DAS, de 517.000 turistas extranjeros, cuyo destino era Bogotá en 2006, se avanzó a 627.000 durante el año pasado. Este acumulado convierte a la capital en el primer destino turístico de Colombia». Bogotá se ha convertido en una atractiva luz en el mapa. Un lugar que todos quieren visitar y disfrutar. Pocas ciudades tienen el privilegio de tener el paisaje que ofrecen nuestros Cerros Tutelares, pocos la posibilidad de cambiar del frío al calor en dos horas de recorrido en automóvil. Hay ciudades que siempre han sido turísticas, lugares que todos conocen someramente, así no hayan ido nunca.
Bogotá, en cambio es un lugar por descubrir para muchos. La ciudad se ha transformado notablemente y seguirá cambiando positivamente para consolidarse como centro turístico en el contexto mundial y como modelo de desarrollo en Latinoamérica.
He seguido la trayectoria de Ciudad Viva desde que empezó. Siempre voy a buscarla en bibliotecas, librerías, el Kiosco de la Luz, donde sea, con tal de no perdérmela. Me gusta mucho la Agenda, que me guía en la cantidad de espectáculos que hay siempre disponible en Bogotá, muchos de ellos gratis. Y no olvido las páginas de arte, estupendas.
Pero quiero decirle que el último Magazín, dedicado enteramente al gran fotógrafo desaparecido, Hernán Díaz, es el que más me ha gustado. Muy bueno el artículo de ese gran ensayista que es Juan Gustavo Cobo Borda. Y me admiró que dos fotógrafos, Jorge Mario Múnera y Guillermo Angulo, hablaran de su colega muerto sin envidia. Al contrario, con admiración.
Por Hernán fui a conocer a Cartagena por primera vez, pues cayó en mis manos un libro estupendo, Cartagena morena, en el que la técnica se unía al sentimiento, al amor contagioso que sentía por esa ciudad. Reciban, pues, mis felicitaciones, y sigan por ahí.