Los libros se escriben para todos, chicos i grandes, i no para solos los ombres de letras. Gonzalo Correas Arte de la lengua española castellana 1625
Por Roberto Cuervo
Me acaba de llegar, a manera de presente internacional (como diría Pedro Vargas: muy agradecido, muy agradecido, muy agradecido) un mamotreto de dos tomos (dos ladrillos, diría irrespetuosamente, refiriéndome a su peso que es de 4.625 gramos, nueve libras y cuarto) correspondientes a la no despreciable cantidad de páginas (3.885), divididas en párrafos con subtitulación alfanumérica.
Se trata de una compilación hecha a la alimón por la Asociación de Academias de la Lengua Española, y ahí reside su primera novedad: se habla de cosas que para la Real Academia antes no existían, como el voseo y las distintas formas que el español, como lengua viva, va adquiriendo no sólo en la propia España sino en los distintos países de nuestra América. La nueva Gramática no es otra cosa que la continuación de la primera y más famosa de todas, la Gramática castellana de Antonio de Nebrija («la primera gramática de una lengua vulgar que se haya escrito en Europa») publicada en 1492, coincidiendo casualmente con el descubrimiento de América, que le abriría nuevas posibilidades y multiplicaría en el futuro los usuarios de esa lengua. Nebrija, un humanista muy representativo de su época, escribía sobre teología, cosmogonía y botánica.
Como, no soy gramático (ni siquiera aspirante) recaí en unas rutinas sin sentido que repito cuando abro un nuevo libro: mirar cómo está editado y, si hay índice de autores, buscar a los amigos. Encontré a Héctor Abad con citas tomadas de Angosta y vi que de Manuel Mejía Vallejo mencionan La tierra éramos nosotros y de Gabo se citan 23 libros.
La estupidez mayor que cometo siempre —absurda sobre todo en este libro que, además, no es para leer sino para consultar— consiste en que, invariablemente leo primero el final. Cosa que hago principalmente con novelas policíacas para saber, antes que nada, que el asesino es el mayordomo, de quien todos sospechaban, o el dueño de casa, rico y bien parecido, a quien era imposible tildar de asesino dada su distinción y clase social. Esos finales no los cuento, y menos en esta Gramática que naturalmente carece por completo de lo que se llama suspenso.
Pero como en defensa del idioma me obsesiona la manía repetitiva de «los niños y las niñas, los colombianos y las colombianas, los hombres y las mujeres», que ha llevado a exageraciones risibles como las de una conocida mujer de teatro que habló de «los actores y la actrices del conflicto», o la de una ex primera dama española que, en el ardor de un discurso público, habló de «los jóvenes y las jóvenas.»
Lo que yo quería saber es qué dice la Real Academia Española, principal responsable y aval de esta publicación sobre esa manía —que entre otra cosas nos ha llevado a confundir género con sexo— la primera exploración que hice fue buscar qué dice el mamotreto al respecto, y me encontré con esto:
2.2f En el lenguaje de los textos escolares, en el periodístico, en el de la política, en el administrativo y en el de otros medios oficiales se percibe una tendencia reciente (de intensidad variable, según los países) a construir series coordinadas constituidas por sustantivos de personas que manifiesten los dos géneros: a todos los vecinos y vecinas; la mayor parte de los ciudadanos y las ciudadanas; la voluntad de los peruanos y las peruanas, etc. como se ilustra en los siguientes ejemplos:
¿Qué ganamos los mexicanos y las mexicanas con esto? Durante más de cuarenta años las niñas y los niños colombianos han sufrido extrema violencia (Tiempo [Col.] 6/9/1996). Una masiva ovación de los diputados y las diputadas [...] cierra el presunto debate ante la atenta mirada de los responsables de su grupo por si algún diputado o alguna diputada [...] aplaude con gesto tibio (País [Esp.] 2/4/1999); Si bien encontramos entre los trabajadores y las trabajadoras por cudenta propia la presencia de lógica de subsistencia, [...] (Donado, Sector).
Esta doble mención se ha hecho general en ciertos usos vocativos en los que el desdoblamiento se interpreta cono señal de cortesía: señoras y señores, amigas y amigos, etc. acaso por extensión de la fórmula damas y caballeros, que coordina los dos miembros de una oposición heteronímica. Exceptuados estos usos, el circunloquio es innecesario cuando el empleo del género no marcado es suficientemente explícito para abarcar a los individuos de uno y otro sexo, lo que sucede en gran número de ocasiones: Los alumnos de esta clase (en lugar de Los alumnos y las alumnas) se examinarán el jueves. Es una medida que beneficiará a todos los chilenos (en lugar de …a todos los chilenos y a todas las chilenas); ¿Cómo están tus hijos? (en lugar de …cómo están tus hijos y tus hijas) o en A veces los adolescentes experimentan lo que llamamos amistades amorosas, amores platónicos que a través de la juventud desaparecen (Bain, Dolor), donde es innecesario añadir …y las adolescentes.
Y que quede claro que la lengua no se puede reformar por decreto. Ni siquiera reformando un articulito de la maltrecha Constitución del 91.