La novela Sin remedio ha sido traducida al francés
Los animales son madrugadores (sencilla observación que hace cualquiera). Gocen ellos del sol la luz primera y del alba, los pálidos fulgores. Despiértense los pájaros cantores, hijos de la florida primavera, y vayan muy temprano a la pradera labriegos, y gañanes, y pastores. El hombre culto, no; siempre a tal hora dormido ocupe el lecho todavía, disfrutando molicie seductora. Yo sólo con placer madrugaría por gozar los encantos de una aurora... que es Aurora González de García. Miguel Ramos Carrión
Por Alejandro Arciniegas Alzate
La novela de Antonio Caballero, que ya gozaba de considerable aceptación entre el público colombiano, ha sido traducida al francés como Un mal sans remède. Es una narración extensa acerca del hastío citadino, metropolitano, bogotano. Ignacio Escobar, el protagonista, es un poeta más o menos acabado, que una mañana se despierta reñido con la idea de cumplir treinta y un años y vivir bajo la aplastante influencia de Rimbaud, quien a los veinticinco lo había escrito todo. Un mal sans remède, traducida por Jean-Marie Saint-Lu —traductor también de Fernando Vallejo y Javier Marías— fue presentada en París el pasado mes de octubre y sus lectores ya se cuentan por encima de los diez mil.
A Caballero se lo conoce por ser una de las voces más críticas y mejor informadas del periodismo actual. Ha sido autor de columnas de opinión en casi todos los medios importantes del país. Entrevistó a personajes tan dispares como Jorge Luis Borges y Manuel Marulanda Vélez, alias Tirofijo. Su gusto por la fiesta taurina es harto conocido, y acaso sea uno de sus más entendidos seguidores. Aunque comúnmente se lo asocia con el pensamiento de izquierda colombiano, Caballero se ha desvinculado lentamente de las corrientes ideológicas que emborronaron las secciones políticas de revistas y periódicos durante la segunda mitad del siglo XX, para declararse únicamente defensor de la libertad en su sentido más extenso.
Para quienes todavía no conocen Sin remedio, aquí van unos comentarios generales que a guisa de aperitivo les pique el hambre de leerla, pero que no vaya a arruinarles el placer de sorprenderse por su cuenta. En su faceta de narrador, Caballero ostenta el mismo tono soberbio y elegante de escritor que aprehende los rudimentos de la lengua, sus leyes combinatorias y su potencia gráfica. Si admitimos provisionalmente que los autores escriben sobre aquello que conocen, entonces Caballero entiende de política, arte, toros, prostitutas, poesía, etc. Aparte de ser una novela urbana por llamarla así, introspectiva, expresiva de ese peso de una piedra en la consciencia propia del ciudadano moderno, Sin remedio es también un cuadro de costumbres, una picaresca bogotana, adonde asisten los más pintorescos personajes, miembros del populacho o del principado semihegemónico de la clase alta, con todo su risible fasto.
Tedio. Esta palabra, de cuya noble tradición dan fe las obras de Thomas de Quincy, Charles Baudelaire, Isidore Ducasse, Conde de Lautréamont, entre otros, quizá pueda encerrar en moldes el clima emocional de esta novela. También Ignacio Escobar participa de esa vieja retracción de los músculos ante el menor esfuerzo; de esa lasitud nerviosa que desposee al cuerpo de las fuerzas que hacen falta para salir a trabajar, ¿a santo de qué pararse de la cama? Esta es la premisa que parece gobernar la psique del protagonista, quien a pesar de sus mejores intenciones de alterar el curso de unos días que lo arrastran siempre a los mismos lugares revenidos: la calle, el prostíbulo, el bar, los cafetines (¿quedan cafetines en Bogotá, por tantos años refugio de intelectuales insignes y bohemios corajudos?), no encuentra nada mejor que despertarse entrada ya la tarde a preparar café instantáneo.
Portada de la reciente traducción al francés de la novela de Antonio Caballero
Sin remedio ha sido publicada en español en diversas ocasiones: 1984, La oveja negra, Biblioteca de Literatura Colombiana; 1986, La oveja negra; S.F., Círculo de Lectores; 1984, Bruguera, Madrid y desde 2004 (aún en circulación) por la editorial Alfaguara.
La traducción al francés de esta novela sanciona su éxito definitivo, sin remedio. Es en este libro donde Antonio Caballero hace gala de su formación europea, de su amplio conocimiento de las letras. Sin remedio merecía la introducción a un público informado y a una crítica que, como la francesa, aunque despiadada, estima al escritor en toda la medida exacta de su valor intelectual.
Prueba de ello son las múltiples reseñas de periodistas parisinos que ya se ocupan de sus páginas. La crítica más halagüeña saluda a Caballero como a uno de los grandes. Otros menos entusiastas lo han tildado de aspirante a Rimbaud colombiano. Pero nadie que estudie la novela suscribirá semejantes patas de banco. Sin remedio es un libro tan bogotano —pero tan universal— como cualquier taberna.
Chesterton hacía reclamos parecidos cuando afirmaba que el humorismo era una vena narrativa potestad de los ingleses. El esplín o tedio, desgano, hastío, tan caro a los poetas franceses que como Rimbaud, Baudelaire y Lautréamont dieron al aburrimiento la estatura de un blasón aristocrático; el esplín de París, que tiene su raíz en la palabra inglesa spleen, en español bazo —supuesto génesis de aquel hartazgo— al margen de estas pretensiones nacionales, será cultivado en todas las ciudades donde existan hombres demasiado soberanos como para soportar la carga descomedida de la realidad, sin licores embriagantes ni agentes especiosos que comuniquen a los miembros su obligación de retraerse, para pensar, escribir poemas, libelos y novelas o campear, sencillamente, contra el mortal aburrimiento. Salud.