En el marco de la política de interculturalización del sistema cultural, Bogotá viene consolidando desde hace dos años un espacio para el diálogo de los saberes de los pueblos indígenas que habitan la capital. Dicho espacio se construye con el nombre Minga, que en idioma inga significa trabajo colectivo. Allí confluyen las diferentes instancias que poseen procesos de reafirmación culturales, sociales y organizativos de la ciudad, así como también organizaciones del país que ponen al servicio de Minga toda su experiencia de lucha social, cultural y organizativa.
En el presente año, Minga se realizará del 18 al 23 de julio y contará con la participación de representantes de los pueblos inga, kichwa, kankumo, pijao, muisca, siriano, witoto, kamentza entre otros. A futuro, Minga se proyecta como el principal evento que los pueblos indígenas de Bogotá poseen para visualizar sus saberes ancestrales, así como sus problemática y proyectos de vida.
Desde que inicié el acompañamiento como consejera de cultura por las comunidades indígenas del D.C., he querido que su patrimonio y su sabiduría tengan un espacio para el diálogo en igualdad de condiciones con la cultura Bogotana. Por ello apoyé desde un inicio la creación de Minga, que es un espacio para la construcción colectiva de las culturas indígenas. Minga es patrimonio de los Bogotanos, porque es poner a prueba la diversidad. Eso significa que construir ciudad es dejar que la diferencia enriquezca la urbe, permitir la tolerancia y la vitalidad de los pensamientos viva. Por ello, Minga es un reto en la construcción de la política pública dirigida a los pueblos indígenas.
En el siglo XIX el Duque de Devonshire se topó en una exposición con esta orquídea, hoy llamada Psychopsis Krameriana y decidió coleccionar orquídeas. El Jardín Botánico José Celestino
Mutis tendrá una muestra de orquídeas los días 14, 15 y 16 de este mes. En la primera página de nuestro magazín hay un interesante artículo sobre las misteriosas y atractivas orquídeas.
Desde el Balcón Editorial
El arco iris de la sonoridad
Los amantes de la música clásica se preguntan con frecuencia sobre el sentido de seguir asistiendo a conciertos, ópera o recitales, cuando ya la tecnología digitalizada permite la facilidad de escucharlos en cualquier momento y lugar. La perfección de las grabaciones, los videos, la industria electrónica almacenadora y reproductora de música de todo tipo y la propia Internet, se convierten en dura competencia para cualquier interpretación en vivo, dígase de orquestas, cantantes o solistas de cualquier instrumento.
Así las cosas, vale la pena detenerse un momento para reflexionar por qué los amantes del género sinfónico, esa “inmensa minoría” en el decir del poeta Álvaro Mutis, no pueden perder —en mi concepto— la ocasión de seguir asistiendo cara a cara a citas con la música clásica y ser parte de una audiencia creciente que aplauda un concierto.
Me permito hacerlo, contando la metafórica exigencia de un director de orquesta italiano que, durante los ensayos, pedía a los intérpretes “buscar y entrar en el arco iris de la sonoridad.”
Luego de algún tiempo pasado en el ejercicio artístico y la asistencia a conciertos en distintos escenarios del mundo, logré comprender que, con esa propuesta, el maestro en mención quería expresar que, a la manera de ese fenómeno de la naturaleza, el arco iris, que de vez en cuando nos sorprende y nos llena de felicidad, con la música podía suceder algo similar cuando, a causa de la afortunada conjunción de talento, disciplina y trabajo en equipo, se recrea la partitura del momento, siguiendo al pie de la letra las exigencias de su compositor.
Sin duda, se trata de una realidad extraordinaria, porque a base de “colorear” la música de tonalidades brillantes, alegres, oscuras, tristes, solemnes, aterciopeladas, intensas o moderadas, discretas o apasionadas, fuertes o suaves, con todas esas y más pinceladas de la paleta sonora y con las infinitas posibilidades de mezclas armónicas, desde el gran escenario, con los grandes intérpretes y las grandes orquestas se logra, de vez en cuando, convocar momentos de aparición de ese “arco iris de la sonoridad” que se entra por los oídos de cada uno de los presentes en la audiencia y, cual rayo de luz sonora, golpea y expande el plexo solar, se anuda en la garganta y se sale por la mirada, humedeciendo las pupilas por la belleza de un instante cercano a la perfección.
Algo como lo descrito, si es que sin ser poeta se pudiera describir una emoción bella, no lo puede dar la tecnología por perfecta que sea, ni siquiera con la excelencia de los intérpretes grabados. Para llegar a la vivencia del “arco iris sonoro” se requiere de un momento de comunión entre artistas y público, que genera una inspiración y una fusión inexplicable, en la que cada quien “ve con sus oídos” sus propios colores, que lo llevan a un estado momentáneo de ensueño único e irrepetible, que tan sólo la música, como fenómeno de comunicación colectiva inmediata, es capaz de producir. Me sirve de ejemplo ilustrativo la interpretación del Concierto en la mayor para clarinete y orquesta, de Mozart, en impecable versión ofrecida por la Orquesta Filarmónica de Bogotá, bajo la experta dirección del maestro Ricardo Jaramillo González, el pasado 3 de junio en el auditorio León de Greiff, con el clarinetista francés Philippe Berrod quien, más allá de tocar, canta con su instrumento.
Se celebró así, de manera grandilocuente, el VIII Concurso Nacional de Interpretación Musical Ciudad de Bogotá, promovido por la embajada de Francia, la propia orquesta y el Instituto Distrital de Cultura y Turismo, que premiaron en tres categorías: la juvenil. la superior y la de solista, a los jóvenes seleccionados en la ronda final.
Los ganadores del Concurso de Interpretación de Clarinete fueron:
Categoría Juvenil: Sebastián Plata Acevedo y Jainer Andrés Hoyos
Categoría Superior: Guillermo Alberto Marín
Categoría Solista: Mauricio Murcia Bedoya.
A ellos, no podemos más que desearles un futuro artístico iluminado por muchos “arcos iris sonoros,” que contribuyan a irradiar buena música en los grandes escenarios del mundo, para felicidad de quienes los escuchen.
Martha Senn
CARTA DEL LECTOR
Señor
Rafael Santos
Director
Diario El Tiempo
Ciudad
Respetado Director:
No es cierto que el Instituto Distrital
de Cultura y Turismo organice rutas de
turismo de alto riesgo, como lo afirman
el periódico Hoy y el periodista Daniel
Samper en su columna Cambalache titulada Y ahora, para variar, buenas
noticias (El Tiempo, 14 de junio de
2006).
Una acción tal, sería abiertamente
incoherente con la campaña de
promoción turística de imagen de
ciudad titulada Y tú, ¿qué sabes de
Bogotá?, desde la cual se busca mostrar
lo positivo y creativo de la ciudad.
Es de esperarse que, tanto el periódico,
como el periodista en mención, tengan
la gallardía de corregir la ligereza de
su información.
Del Señor Director, cordialmente,
Clara Inés Sánchez
Subdirectora de Turismo
Instituto Distrital de Cultura y Turismo
Bogotá, 22 de junio de 2006
C.c. Guillermo Angulo
Director periódico Ciudad Viva
Estimado Maestro:
Soy lectora asidua de Ciudad Viva. El
número 18 fue especialmente grato para
mí. Se reproducen textos e imágenes de
Luis Caballero extractados del libro Me
tocó ser así. La editorial fue omitida.
Dado que fui directora y propietaria,con María Mercedes Carranza y
Guillermo Cortés, de editorial La rosa,
considero que es de ayuda a los lectores,
dar el crédito de la edición. La referencia
a las editoriales siempre es importante
y aun de las extintas.
Un abrazo,
Carmen Barvo
El excelente libro de doña Carmen Barvo, Manual de edición, no dice nada al
respecto. Pero sobre el epígrafe, que es
una cita, se lee: “La fuente de la cita que
forma el epígrafe se da en la línea
siguiente a la misma. […] Se consigna
sólo el nombre del autor, y sólo el
apellido si se trata de un autor muy
conocido, y a veces el título de la obra.”
Así que nos excedimos y hasta citamos
el libro. Me tocó ser así,
El Director
Rectificación: En el número pasado salió mal escrito el nombre de la autora del artículo Descubre al indio que llevas dentro.
La grafía correcta es: Ati Seigundiba Qüigua Izquierdo. La Dirección.