Entre los seres humanos y las orquídeas —ambos
impresionantes picos evolutivos de la naturaleza—
parece haber un vínculo atávico que puede tomar muchas
formas: amor, atracción, odio, voracidad, avaricia, fascinación,
pasión, lujuria, curiosidad científica… Son muy conocidas las
atrocidades iniciadas contra las orquídeas en el siglo XVIII, justo
en pleno florecimiento del naturalismo europeo: millones de
orquídeas masacradas para exclusividad del «amante»; orquídeas
que cruzaban el océano para naufragar en medio de tempestades,
podrirse en las sentinas o morir en Europa, asfixiadas en los
supercalientes invernaderos, llamados (aún hoy) estufas.
Se cuenta la historia del duque de Devonshire, quien se apasionó por
ellas tras asistir a una exposición en 1833, y toparse con una
orquídea en forma de mariposa, la Psychopsis papilio, con lo cual
se pusieron de moda entre la nobleza. Convertidas las orquídeas en
un
símbolo del elitismo, a principios del siglo XX las famosas
suffragettes
inglesas, que peleaban por sus derechos,
la emprendieron contra
ellas tras irrumpir enardecidas al
Jardín Botánico Kew Gardens,
rompiendo
vidrios y destruyendo
alguna que otra especie rara.
Y es larga la lista tanto de inescrupulosos como de estudiosos
que estuvieron dispuestos a dar la vida por cazar un buen ejemplar,
y de hecho algunos la dieron.
Exposición de orquídeas en el Jardín
Botánico José Celestino Mutis
Los días 14, 15 y 16 de julio tendrá lugar la VI
Muestra Nacional de Orquídeas, realizada por la
Asociación Bogotana de Orquideología, en
convenio con el Jardín Botánico José Celestino
Mutis. La exhibición, como ya es costumbre, se
hará en el Pergolario del Jardín, y en este marco se
llevarán a cabo actividades relacionadas con el
cultivo y la conservación de las orquídeas, a través
de recorridos especializados, ecotalleres,
conferencias y videos. Se harán presentes 22
expositores y 20 comercializadores provenientes de
Antioquia, el Eje Cafetero, Cauca, Valle, Santander,
Tolima, Huila, Cundinamarca y Bogotá.
Las entradas tendrán un costo de $6.000 para los
adultos y $2.500 para los niños, y el horario será
entre 8 a.m. y 7 p.m.
Hoy las escenas no son tan apasionadas, pero el problema es el mismo: especies arrasadas a causa de la recolección y el comercio indiscriminado, por una parte, y de la fumigación de cultivos ilícitos, que acaba de paso no sólo con las orquídeas sino con sus polinizadores, insectos y aves muy especializados, que han evolucionado a la par con ellas (a tal punto que el labelo de una orquídea puede simular ser la hembra de un insecto, sólo con la finalidad de atraerlo para lograr la polinización). Las orquídeas cubren casi toda la superficie del planeta menos los desiertos, pero incluso hay una, la Calypso bulbosa, que «florece en el cortísimo verano ártico y sobrevive al feroz invierno en forma durmiente», como se lee en un especializado manual. Dicen que la ausencia de orquídeas indica la alteración grave de un ecosistema. En Colombia su arrasamiento es tan dramático que hasta las cattleyas están en vías de extinción. El Odontoglossum luteopurpureum, la flor emblemática de Bogotá que abundaba por nuestros cerros, es ya casi imposible de encontrar.
Gustavo Morales, coordinador de colecciones del Jardín Botánico de Bogotá, poliniza una orquídea con sus propias manos: toma los polinios de una orquídea —equivalentes al semen masculino— y los deposita en el estigma de otra —órgano femenino—.
A partir de ese momento la flor se marchitará —pues ya ha cumplido su misión de atraer al polinizador con formas, colores, fragancias— y tendrán que pasar entre siete semanas y un año y medio para que se hinche el ovario y forme el fruto, la cápsula que puede albergar hasta más de tres millones de semillas, de las cuales, en condiciones naturales, sólo el azar decidirá si nace una o más plantas. Los cultivos hechos por el hombre, llamados in vitro, en algunos casos pueden asegurar la germinación del 70% de ellas. Actualmente el Jardín cuenta con 540 especies para exhibición y se concentra en reproducir in vitro alrededor de 85, como estrategia de conservación de las orquídeas de la Sabana de Bogotá. La meta es lograr, en unos años, reponer las especies amenazadas con desaparecer de su medio natural, intención que a su vez depende del compromiso de recuperar los Cerros Orientales.
Pero una estrategia de conservación tiene que estar antecedida por un profundo conocimiento de las especies nativas y su hábitat natural, para lo cual es necesario completar por lo menos el registro de la flora orquideológica, una tarea ya bastante avanzada por el padre Pedro Ortiz Valdivieso, quien viene trabajando en ella desde 1967. Como puede ocurrir entre los amantes, la misma mano que a veces maltrata es la mano que protege.
El caso colombiano, como siempre, es paradójico: los amantes de las orquídeas las han arrancado de sus hábitats, pero a la larga, si las cosas siguen como van, estos coleccionistas van a ser quienes garanticen la supervivencia de especies amenazadas. Y es que ninguna otra flor ha generado tal cantidad de asociaciones, especialistas, coleccionistas, aficionados… u otros simplemente embelesados porque, dice Rebecca Tyson en Home Orchids Growing: «Es como si la naturaleza, habiendo inventado el tema básico de las orquídeas, hubiera ejecutado —como un músico— todas las variaciones concebibles sobre un tema. De hecho, la imaginación de la naturaleza ha superado la capacidad de la imaginación humana».