El Teatro La Candelaria se fundó en junio de 1966 por un grupo de
artistas e intelectuales provenientes del naciente movimiento teatral
y de la Universidad Nacional. Este grupo está considerado hoy como
uno de los teatros históricos de Colombia. A lo largo de su vida,
La Candelaria ha recibido numerosos premios y reconocimientos
internacionales, entre ellos el Premio Casa de las Américas,
en dos ocasiones, el premio Celcit y el Dionisio de Oro del Festival
de Los Ángeles, entre otros.
En estos 40 años el Teatro La Candelaria ha montado 88 obras,
construido y cuidado una sede propia en la localidad de La Candelaria
para 250 espectadores y conformado un público permanente. Este
grupo se ha destacado no solo por la creación de obras colectivas
e individuales originales de dramaturgia nacional sino por sus aportes
teóricos a la teoría y práctica del teatro y al desarrollo
de la metodología de Creación Colectiva, un verdadero patrimonio
del teatro colombiano. Podemos decir que La Candelaria
es un verdadero laboratorio de investigación teatral.
A partir del mes de junio, La Candelaria está celebrando sus 40 años,
con el estreno de Antígona, escrita y dirigida por Patricia Ariza.
Entrevista a Santiago García
Por Germán Izquierdo
Fotografías de Carlos Mario Lema
Antígona: adaptación de Patricia Ariza y dirección de Santiago García
Profesión:Explorador
«Hace cuarenta años fundamos este
teatro, sin darnos cuenta, con unos
elementos de la cábala muy importantes:
el día seis, del sexto mes de
1966. Acabamos de conmemorar
cuarenta años de nuestros cuatro 6,
–el número sátanico, el de la bestia,
como lo llaman en el Apocalipsis–
pero que a nosotros nos trajo muy
buena suerte.»
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César Badillo en Antígona
¿En qué momento decidió dedicarse al teatro?
Cuando yo ya trabajaba en una oficina como arquitecto, tuve la oportunidad de conocer al maestro Seki Sano, quien llegó traído por la televisión a fundar una escuela de formación de actores. Sano venía de México, donde había fundado el teatro moderno mexicano. Eso fue lo que me marcó. La visión de la vida me cambió. Me di cuenta de que había perdido más de veinte años de la vida, de que mi cuento era otro completamente distinto, casi opuesto al de la arquitectura. Entonces se me presentó esta locura de hacer teatro, sin muchos asideros concretos, sin mucho futuro: este cambio me pareció un encuentro con la fortuna, con el destino, con algo que yo no me he podido explicar. Teatro La Candelaria: 40 Años
¿Qué teatro se hacía en Colombia cuando usted empezó?
Bueno, en ese tiempo estaba Víctor Mallarino con la escuela del teatro Colon, Fergin Welter y varias compañías argentinas. Había un movimiento de pintura, artes plásticas, teatro. En la literatura estaba Gaitán Durán y Hernando Valencia, con la revista Mito; en pintura Obregón, Ramírez Villamizar. Los cincuenta fueron una época muy interesante. Estaba el teatro, el radioteatro, la televisión.
¿Durante esos años funda el Buho?
Sí, después de la experiencia con Seki Sano, conjuntamente con Fausto Cabrera y Dina Moscovici, que era la esposa de Gaitán Durán, fundamos el teatro El Buho, en 1957. Era un teatro experimental al estilo de los teatros de posh que había en París en ese momento. Montábamos obras de Beckett, Ionesco, Jean Tardieu, Adamov, lo que era en ese momento el teatro de vanguardia. La primera que hicimos fue La cantante calva, de Ionesco.
TODAS LAS IMÁGENES
CORRESPONDEN A LA
OBRA ANTÍGONA
DIRIGIDA POR
SANTIAGO GARCÍA
Y ADAPTADA POR
PATRICIA ARIZA
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Santiago García en ANTÍGONA, como Creonte
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Nohora Ayala en ANTÍGONA
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Fanny Baena, César Badillo y Nohora Ayala, en ANTÍGONA
¿Cómo fue su experiencia en Checoslovaquia?
En el año 59 me fui a estudiar teatro en Praga, luego de ganarme una beca, porque me di cuenta de que necesitaba estudiar teatro. Yo había hecho siete años de arquitectura y solamente un año con Seki Sano, por eso sentía que a mí me faltaba mucho. El teatro checo era uno de los más vanguardistas de Europa, sobre todo en la parte técnica. Ellos siempre han sido muy buenos en cine y fotografía. Luego de Praga estuve 6 meses en Berlín, en el Berliner Ensamble. Allí pude ver muy de cerca el trabajo que se estaba haciendo en ese entonces. Su fundador, Bertold Brecht, murió en 1955 y yo estuve ahí en 1962, pero el teatro lo dirigía Helen Wiegel y estaba funcionando a todo pulmón.
Alguna vez usted dijo que si lo pudieran catalogar en alguna profesión, sería la de explorador…
Sí, para mi el arte es el juego de la exploración, de la búsqueda, del azar. Y siempre que uno encuentra algo lo tiene que desechar. Como decía Picasso, el arte no es una suma de hallazgos, sino un cementerio de invenciones. A cada invención hay que enterrarla y entrar a buscar otra. Siempre es un juego de hallazgos y rechazos.
¿Usted se siente actor o director?
La inclinación más grande que yo tengo es hacía la actuación, que fue lo que me cautivó en un primer momento. Pero la necesidad me fue llevando a la dirección porque faltaban directores y autores.
¿Cuál fue la primera obra que montó? El diálogo del rebusque, que nació a partir de un personaje que me marcó la infancia: Quevedo. En mi infancia me cautivaron en la cocina en Puente Nacional y en la cocina había una señora que contaba cuentos de Quevedo que me mataban de la risa. Cuentos que vienen por tradición oral. Hay una especie de gran caudal de memoria popular con esos chistes de Quevedo, que me marcaron y a mí me quedó eso y la lectura de El Buscón, y cuando tuve la oportunidad de escribir mi primera obra, Quevedo fue mi punto de partida.
Otra obra fue El Quijote; 22 obras hemos hecho. Diez de creación colectiva y 12 de propuestas individuales. De las cuales tiene carrera las obras de Peñuela. Y las de Patricia Ariza también. Ya las obras empezaron a entrar en esa carrera que puede durar
¿Qué necesita tener una obra para que sea perdurable?
Que conjugue dos elementos. Uno, que es muy paradójico, y es que sea tan particular, tan local, que permita ser universal. Esa es la gran virtud de las obras griegas. En este momento estamos montando Antígona, de Sófocles, y no se le ha variado casi nada. Patricia Ariza, quien la está dirigiendo, ha hecho una versión muy interesante. Y uno ve que es una obra absolutamente contemporánea. Después de 2 500 años sigue siendo válida, y más válida que nunca. Hoy estamos viviendo el conflicto que esa obra plantea, el conflicto entre la justicia y la legalidad. Está en primera página de los periódicos todos los días. Con Guadalupe, años sin cuenta coinciden muchos elementos muy nuestros, pero que resugerí como elementos universales
¿Qué aplauso recuerda?
Recuerdo una presentación de nuestra primera creación colectiva, en 1973: se llamó Nosotros los comunes. El estreno lo hicimos en Arauca. Todos los espectadores eran llaneros, que nunca habían visto teatro, y sin embargo su receptividad fue muy grande. Cuando salimos a recibir los aplausos, nadie aplaudió, pero todos los rostros nos miraban con una transformación del semblante que nos dejó profundamente emocionados. Después yo entendí que eso estaba muy por encima del valor que pueden tener los aplausos.
¿Qué obra ha querido montar siempre y no ha podido? Pues la próxima.
¿Cómo le gustaría ver al teatro La Candelaria en 40 años?
Para adelante, nunca para atrás.