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Antoine de Saint-Exupéry,
el gran príncipe
Por Jorge Consuegra
No se ve bien sino con el corazón;
lo esencial es invisible para los ojos.
A. de S. E.
Sé que en algún lugar del mundo existe una rosa
única, distinta de todas las demás rosas, una cuya
delicadeza, candor e inocencia harán despertar de
su letargo a mi alma, mi corazón y mis riñones.
A esa rosa, donde quiera que esté, dedico este trabajo
con la esperanza de hallarla algún día, o de dejarme
hallar por ella.
Existe [...] rodeada de amapolas multicolores, filtrando
todo lo bello a través de sus ojos aperlados, cristalinos
y absolutamente hermosos [...].
La edición en Francés de el principito, libro que Thomas
Mann decía tener siempre en la cabecera de su cama.
Los Baobabs, acuarela de Antoine de Saint-Exupéry
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Lo anterior es un fragmento del minúsculo pero enorme
cuento del aviador francés Antoine de Saint-Exupéry,
El principito, publicado en 1943 y escrito mientras
se hospedaba en un hotel de Nueva York. En un
comienzo muchos pensaron que era una historia infantil,
pero al leerlo dos y más veces se dieron cuenta
de que es algo esencial en la vida de los hombres, pues
habla de la vida, del amor, y especialmente de la amistad.
Allí, él se imagina perdido en el desierto del Sahara,
después de que su avión tuviera un percance.
Es entonces cuando se le aparece un pequeño príncipe
extraterrestre, quien le habla de tantas cosas bellas
que el aviador termina diciendo que los hombres
somos realmente estúpidos y frágiles, y al llegar a
adultos no entendemos la sabiduría de los niños.
El pequeño príncipe vive en el asteroide
B612, en donde hay algunos volcanes y una
rosa, y todos los días arranca los árboles
baobabs, pues si los dejara crecer partirían
su territorio en miles de pedazos.
A veces visita otros planetas y
se encuentra con un rey que cree
que gobierna bien las estrellas,
pero la verdad es que se trata de
un político ambicioso; hay un vanidoso
insoportable y envidioso,
un borracho que bebe porque
no tiene la voluntad de dejar de
hacerlo; la avaricia y la ambición
están retratadas en el hombre
de negocios que quiere comprar
más y más estrellas; el geógrafo
sólo vive dibujando mapas,
pero su pasión laboral no le permite
ir a otros lugares a descubrir
nuevos rincones, y menos aceptar
que en un mapa se incluya una rosa,
la del pequeño príncipe. El farolero es
el más positivo de ellos, pues representa
la disciplina, la lealtad y la responsabilidad
de encender y apagar todos los
días un farol.
Cuando el pequeño va a la Tierra descubre que
hay miles de rosas y se deprime, pero alguien le
dice que lo importante de su rosa es que él la ama.
Pide dibujar un carnero y el narrador le traza una boa
que se ha tragado un elefante; otros dicen que simplemente
es un sombrero. En el desierto, el principito
conoce una serpiente que tiene el poder de devolverlo
a su planeta. Después de pensarlo, el pequeño
se despide emotivamente del narrador y deja que la
serpiente lo muerda. El principito queda blanco como
la nieve, y cuando el narrador busca su cuerpo, al día
siguiente, ya no está... «¡Ninguna persona mayor comprenderá
jamás que esto sea verdaderamente importante!
», reflexiona el escritor.
Dicen que Saint-Exupéry murió en un vuelo de
reconocimiento, el 31 de julio de 1944. Había nacido
en Lyon en 1900, y siempre quiso pertenecer a la armada,
pero se cambió a la aviación mientras prestaba
el servicio militar en 1921. Fue muy activo en África
y en América del Sur. Sus dos primeros libros le
dieron fama mundial: Correo del sur y Vuelo nocturno,
en donde hablaba de la fascinación de volar. Luego
publicó Tierra de los hombres, en donde pregonó
la necesidad de ser solidarios y dejar a un lado el odio.
Durante la II Guerra Mundial luchó con la aviación
francesa y en medio del fragor escribió Piloto de guerra,
una bella reflexión de vida. Al caer Francia viajó
a América, y en 1943 se unió a las Fuerzas Francesas
en África del Norte.
La aviación y la literatura estuvieron inextricablemente
ligadas en su vida, y a ambas incorporó un
excepcional sentido de entrega. Lejos de escribir simples
memorias o novelas de aventuras, trató de describir
la sobrecogedora impresión que le producía
volar; según él, lo aproximaba al corazón del misterio
de la existencia. Volando encontró la satisfacción
y el sentido de la dignidad humana; descubrió la existencia
de una noble fraternidad entre hombres desinteresados
y valientes, unidos en un esfuerzo común.
Por eso, en Correo del sur evoca los pensamientos y
sentimientos de un piloto.
En Vuelo nocturno, obra injustamente desconocida,
mezcla una acción escueta, pero dramática, con
profundas reflexiones morales sobre el tema de la
felicidad, que se encuentra no en la libertad ni en el
amor humano, sino en la aceptación del deber y en la
entrega a la misión individual.