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Saramago: Bemvindo à Bogotá, Capital Mundial do Livro*
No es verdad. El viaje no termina jamás. Sólo
los viajeros terminan.
Y también ellos pueden subsistir en memoria,
en recuerdo, en narración.
El objetivo de un viaje es sólo el
inicio de otro viaje. José Saramago, Viaje a Portugal
José Saramago por el gran caricaturista brasileño, C ássio Loredano.
Cortesía de la revista El Malpensante
Dos nobeles
Cuando otro gran Nobel,
Pablo Neruda, iba a venir
a
Colombia, nuestro poeta
piedracielista Jorge Rojas
le
dedicó un poema-guía del
que ahora usamos algunos
fragmentos para recibir a
José Saramago, otro
grande.
¡Bienvenido, maestro!
El cuerpo de la patria
a Pablo Neruda
Esta es Colombia, Pablo, con su espuma y su piedra
curvada dulcemente sobre el cielo de América.
Aún lentas carabelas en el Océano Atlántico
de blancura y de norte hacen su itinerario,
y si Colón volviese de su último viaje
bahías de sus tierras diera para su naves.
Las aguas que copiaron el rostro de Balboa
aún son mansas, y tiembla el cielo entre sus olas.
Son el futuro rumbo: el presagio y el alga
entre su limo crecen, buscando la mañana.
Oye su caracol. Pon tu espalda en la tierra
que hombre y mar son iguales tendidos en la arena.
Suelta tu ronca voz, por riscos de sus Andes
que Colombia te escucha creciendo entre sus árboles.
¡Y mira el Tequendama de cantera y de pluma
desplomar fragoroso sus líquidas columnas!
El suelo con su gusto de pan en sus arcillas
coronando está de oro la sien de la espigas;
y un vaho maternal como húmedo fuego
conduce la semilla del arado a los bieldos.
Mira las mariposas de Muzo bajo el día
palpitar como gotas de una esmeralda líquida
y la orquídea de aroma y de entreabierto sexo
mecerse entre los árboles como un ave del cielo.
[...]
Y esta que ves y tiene su cimiento en el alma
es Bogotá que ignora la medusa y la esponja,
mas tiene ala de puerto, e inmensidad que azota
el momentáneo sitio donde se posa el águila
y en azúcar resuelve su escudo la granada.
Recostada en su lecho de cuaternaria estirpe,
pequeños ríos la rondan y el monte que la inscribe
en la cierta planicie deja caer sus losas
de castigada piedra no en peso sino en sombra.
¡Tal es la patria, Pablo! Durezas y blanduras
saben de su materia. Está su entraña húmeda
de tan profunda sangre, que llegar a sus valles
es atender el pulso deshecho de los padres.
[...]
El amor va creciendo con la tierra y sus signos,
tiene norte y limita con rocas y con playas,
y mi amada que habita su parcela de lágrimas
se suma sometida al concierto terrestre
por su calor, su paso, y ese germen de muerte
que transita la incierta materia de las cosas.
Ella integra la patria; vecina de la rosa,
la lluvia, el árbol solo, el berilo y la espuma.
La Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte,
en el marco de Bogotá Capital Mundial del Libro,
continúa realzando los encuentros literarios
del programa Elogio de la Lectura, con un invitado
de lujo: José Saramago. El escritor portugués dará
una charla el próximo 9 de julio en el teatro Jorge
Eliécer Gaitán, cuyo tema central será el libro como
instrumento de paz. La moderadora de la conferencia
será la autora colombiana Laura Restrepo.
Los abuelos maternos de José Saramago eran
analfabetos. Criaban cerdos incluso a veces en los
inviernos, dormían con los animales más flacos para
darles calor. De sus abuelos, de sus vivencias en un
caserío portugués, de esos personajes de provincia
que conciben la vida de otra manera, madrugan a
ordeñar unas pocas vacas, trabajan la tierra, saben
con exactitud cuándo va a llover y por lo general
mueren más viejos que los hombres de corbata que
trabajan en la ciudad, de todo eso se ha nutrido la literatura
del Nobel portugués.
Después de escribir su primera novela, Terra do pecado,
Saramago duró 19 años sin escribir ninguna
obra. Sobre esta larga pausa en su oficio el autor afirmó:
«Sencillamente no tenía nada que decir y cuando
no se tiene nada que decir lo mejor es callar».
Desde que publicó su primer libro, los textos del escritor,
con su prosa fluida, su capacidad descriptiva y
un marcado contenido político, se han convertido en
clásicos de las letras universales.
Hoy en día, a sus 85 años, Saramago sigue siendo
no sólo un sobresaliente escritor sino un reconocido
comentarista. Cuando dos aviones destrozaron las
Torres Gemelas, en uno de los golpes más fuertes al
sistema político estadounidense, Saramago escribió
un impresionante ensayo acerca de las matanzas en
nombre de Dios, titulado «El factor dios». Éste es un
fragmento:
Los dioses, pienso yo, sólo existen en el cerebro humano,
prosperan y se deterioran dentro del mismo universo
que los ha inventado, pero el «factor dios», ése,
está presente en la vida como si efectivamente fuese
dueño y señor de ella. No es un dios, sino el «factor dios»
el que se exhibe en los billetes de dólar, y se muestra en
los carteles que piden para América (la de Estados Unidos,
no la otra…) la bendición divina.
Durante la dictadura de Salazar, en Portugal, el
escritor fue perseguido y censurado. Años después,
cuando se publicó su memorable obra El evangelio
según Jesucristo, a Saramago se le prohibió asistir al
Premio Literario Nacional alegando que su libro ofendía
a los católicos. El autor se instaló entonces en la
isla de Lanzarote, en Canarias.
Obras como El ensayo sobre la ceguera, El año de
la muerte de Ricardo Reis, Cuadernos de Lanzarote,
entre muchas otras, componen la extensa producción
de Saramago, un auténtico defensor de la libertad
y la dignidad humana.
El autor se suma a la celebración de Bogotá Capital
Mundial del Libro y al Elogio de la Lectura, que
empezó sus actividades el pasado mes de junio y,
hasta abril de 2008, tiene una variada programación
en la que diversos autores hablarán, desde distintas
ópticas, acerca del libro y la lectura.
Bienvenido pues José Saramago a la capital de
Colombia. Lo invitamos a dar un paseo por esta ciudad
incrustada en los Andes, donde una tarde de sol
se puede convertir, súbitamente, en un sonoro aguacero.
Bienvenido a la ciudad del calor y el frío, del
ladrillo rojizo y la montaña, de los atardeceres anaranjados
y los buses verdes y rojos. Bienvenido a la
ciudad con mayor número de celadores por kilómetro
cuadrado, donde al café se le llama tinto, y hermano
o hermanito a cualquier parroquiano.
*Saramago: Bienvenido a Bogotá, Capital Mundial del Libro.