Dar es dar: 50 años de la mayor donación que se ha hecho al Museo Nacional
Por Germán Izquierdo Manrique
Rostro de homb re. Dibujo de José María Espinosa Prieto. Ca. 1840
El tres de enero de 1959, mientras el dictador Fulgencio Batista buscaba asilo en República Dominicana ante el triunfo de los revolucionarios comandados por Fidel Castro en Cuba, mientras Alaska se convertía en el Estado número 49 de Estados Unidos y la Unión Soviética lanzaba al espacio la primera nave en lograr la velocidad de escape de la Tierra, en la lejana ciudad de Bogotá, lejos de los pulsos de la guerra fría, Eduardo Santos donaba 324 piezas de su colección personal —pinturas, dibujos, acuarelas, grabados, fotografías, objetos testimoniales, manuscritos y libros— al Museo Nacional de Colombia. El invaluable regalo de Santos enriqueció notablemente la colección del museo, y hoy, cincuenta años después, tras un escrupuloso trabajo de curaduría, en el cual se escogieron 120 piezas, el Museo Nacional presenta la exposición Dar es Dar, que demuestra claramente la importancia de donar, de regalar para la posteridad.
La exposición se divide en tres partes. En la primera se exhiben objetos personales de Santos, como su banda presidencial, su brazalete de la guardia cívica y los bonos de la dirección del partido liberal por cincuenta centavos. La imagen de Santos y su vida está presente en la muestra. Una cronología que da cuenta de la vida de quien, en 1913, compró El Tiempo y lo potenció, convirtiéndolo en uno de los diarios más leídos del país. Santos era un fanático del periodismo. Entregaba su editorial hacia las dos de la madrugada. Corría para recibir los telegramas, traducía los cables, tijeras en mano organizaba la información, cortaba aquí y allá hasta que las cuatro páginas que formaban el periódico quedaban listas y pasaban a la prensa. Se encendía la imprenta y el diario iba saliendo, uno a uno, impreso en tinta húmeda, mientras Santos dormía al arrullo del ruido de la maquinaria. Según escribió Germán Arciniegas, «su memoria que se extiende a muchas lenguas —puede recitar a Leopardi, Shelley y Verlaine— está a una distancia astronómica de todo alarde erudito».
Cuchilla de El Tambo. Dibujo de José María Espinosa Prieto. Ca. 1845. Rostro de homb re. Dibujo de José María Espinosa Prieto. Ca. 1840
La donación de Santos es a la vez un legado artístico e histórico. No en vano durante su presidencia se creó el Museo de Arte Colonial y se instauró la enseñanza obligatoria de la cátedra de Historia de Colombia en todos los cursos del bachillerato; esto, no obstante la visión de la historia de Santos, de hazañas, mitos y grandes héroes, es considerado por muchos historiadores como ingenuo y errado.
Ese sincretismo entre historia y arte está presente en la exposición, integrada por una variada iconografía de Simón Bolívar, Francisco de Paula Santander y Antonio Nariño, que conforman la segunda parte de la muestra. Se trata de cuadros de artistas criollos, americanos y europeos. En ellos se ven distintos momentos, diversos reflejos, de los tres próceres, como El fallecimiento de Santander o Bolívar en el Chimborazo. La iconografía que se exhibe de Bolívar es de autoría de diversos artistas, como Carmelo Fernández, los criollos Pedro José y José Miguel Figueroa, y José María Espinosa, el ecuatoriano Antonio Salas, el peruano José Gil de Castro y Morales, el francés François Désiré Roulin, y otros pintores europeos.
En la tercera parte de la muestra se exhibe parte del trabajo del dibujante, grabador y caricaturista bogotano José María Espinosa. Los visitantes podrán apreciar el detallado trabajo del artista y su destreza en el manejo de la litografía, la acuarela y el dibujo. Espinosa fue un vanguardista, ya que trabajó completamente independiente; nunca realizó obras religiosas ni se ciñó a los modelos establecidos. En Dar es Dar se pueden observar los más heterogéneos personajes. No sólo hizo los retratos de personalidades como José María Obando, Atanasio Girardot, José Hilario López o Antonio Nariño, quien tuvo a su lado a Espinosa como abanderado. (Es en gran medida a Espinosa a quien se le debe la imagen que hoy se tiene de Nariño). Espinosa también dibujó individuos más anónimos, picarescos, ausentes en las páginas de la historia, que también forman parte de esta exhibición: locos, damas bogotanas, médicos, etc.
Eduardo Santos comenzó a hacer donaciones en 1939. Su colección de historia patria no fue legada sólo al Museo Nacional de Colombia, sino que a lo largo de su vida pública donó a la Casa Museo Quinta de Bolívar y a la Casa Museo del 20 de Julio de 1810 cerca de 160 piezas de pintura, artes gráficas, documentos y objetos testimoniales, así como dinero para la adquisición de obras. Un lugar en esta exposición exhibe algunos objetos prestados por la Quinta de Bolívar y la Casa Museo del 20 de Julio.
En este mes, cuando se celebra la Independencia de Colombia, qué mejor que recorrer esta exposición, volver los ojos atrás y detenerse en un instante exacto que sobrevivió a los azares del tiempo, gracias a los cuidadosos trazos de un artista.
General José María Melo.
Acuarela de José María Espinosa Prieto, 1854.
Luis Fernando Santos .
Anónimo, 1820. Pintura (Óleo/Madera).
Don Ignacio García.
Acuarela de José María Espinosa Prieto. Ca. 1850.
Antonia Santos.
Dibujo (acuarela/papel) de Roberto Páramo Tirado, Ca. 1910.
Simón Bolívar .
Acuarela de José María Espinosa Prieto. Ca. 1828