Busto de Jorge Eliécer Gaitán, en la Perseverancia. Foto Marcela Osorio Lys.
Me entrevisté con el gestor cultural de la localidad de Santa Fe, Diego Caicedo, el sábado 13 de junio en las horas de la mañana, en el popular y tradicional restaurante de la Plaza de Mercado de La Perseverancia. «Este año estamos desarrollando como línea estratégica los apoyos concertados y los estímulos a iniciativas comunitarias», me comentó Diego mientras consumía un suculento y económico desayuno. «Queremos que en Santa Fe haya un proceso democrático y participativo; que los apoyos se realicen con mecanismos claros e incluyentes. También estamos buscando que los grupos contratados sean de la localidad; la plata, los recursos para la cultura nos rendirán un poco más si juntamos los esfuerzos comunitarios, los aportes locales y los del distrito». Entre estos proyectos se encuentra el Festival de la chicha, que pretende ser incluido en este proceso de convocatorias.
En eso llegó a nuestra mesa el señor Luis Alberto García, un hombre robusto y enérgico de más de sesenta años. «Le presento a don Luis, un importante líder cívico, comunitario y cultural de La Perseverancia», me dijo Diego mientras el recién llegado me daba un fuerte apretón de manos y «de una» empezó a contarnos historias del Festival de la chicha, la vida, el maíz y la dicha, que por los meses de octubre o noviembre se celebra en la localidad: «Este festival ya cumplió 20 años y fue declarado por el Concejo Distrital como patrimonio cultural de Bogotá. La chicha fue prohibida en 1948 por el Ministro de Salud Jorge Bejarano, dizque porque era mala para la salud. A la chicha le echaron la culpa de los desórdenes que hubo por el asesinato de Gaitán, pero fue más la gente que se emborrachó ese día con whisky: las cigarrerías fue lo primero que saquearon, y el whisky era algo inaccesible para el pueblo, así que se pusieron a beber ese licor como si fuera chicha y, claro, unos se enloquecieron y otros se fundieron; con decirle que a muchos de esos borrachos los echaron a las carretas que recogían los muertos para llevarlos al anfiteatro; allá resucitaron a algunos cuando el médico Marceliano Grosso, bisturí en mano, se disponía a hacerles la autopsia.
Pero la chicha, cuando está bien preparada, es buena, es energizante, es nutritiva y es curativa. Lo que pasó es que había una guerra de los dueños de la cerveza contra la chicha. Imagínese que el barrio La Perseverancia fue un barrio construido por y para los obreros de la primera fábrica de Bavaria, cuando los dueños eran los Kopp, don Leo y su hijo Daniel, y necesitaron mano de obra cercana a la fábrica. Pero esos obreros eran de origen campesino y siguieron consumiendo chicha, aun después de que los Kopp vendieron su fábrica. Era una bebida muy popular en Bogotá y se producía de modo industrial. Se repartía en carrotanques; en la calle 32 con carrera 6 había tres grandes chicherías: una de ellas era propiedad del doctor Alfonso López Pumarejo. Pero después de la prohibición, la gente la seguía elaborando en la casa. A esa chicha ilegal le llamó la gente la bejarana para burlarse del Ministro de Salud que la prohibió».
Salimos del restaurante hacia la Plaza de La Perseverancia, donde se celebra el citado festival. En la parte baja hay un busto en cemento de Jorge Eliécer Gaitán, pintado con colores fuertes: puro pop art. «Lo que ocurrió es que los enemigos de Gaitán tumbaron su estatua, que estaba más arriba: una estatua en bronce, con todas las de la ley. Entonces unos artesanos decidieron reemplazarla por ésta; cada año se hace una ceremonia para repintarla, porque la lluvia y el sol van quitándole el colorido», nos cuenta don Luis. Efectivamente, una cuadra más arriba, sobre el pedestal de la estatua destruida hay una de Jesucristo, pero en la leyenda del monumento dice que esa estatua de Jesús está ahí en homenaje a Jorge Eliécer Gaitán.
En nuestro recorrido, a don Luis lo saluda mucha gente. Algunos le preguntan por el partido de fútbol; entonces me explica que él dirige un equipo de muchachos del barrio, pero que tienen que ir hasta una cancha de Fontibón a jugar y entrenar: «La cancha del Parque Nacional sólo la usan los equipos de Chapinero, pese a que el Parque Nacional se encuentra en nuestra localidad». A más de ser uno de los principales promotores del Festival de la chicha, y de ser dirigente deportivo, don Luis es uno de los dueños de la Casa Cultural Comunitaria de La Perseverancia, cuyo principal tesoro es una biblioteca que alcanza la no despreciable cifra de 11.000 volúmenes. «A los muchachos toca meterlos en el deporte y en la cultura desde pequeños, así los alejamos del vicio; aquí en la casa de la cultura hacemos asesorías para desatrasar a los estudiantes que tienen dificultades académicas», una de las dificultades más recurrentes en La Perseverancia y en otros barrios pobres de la localidad.
Nos despedimos de Don Luis, y Diego me explica que la localidad de Santa Fe es más que La Perseverancia y más que el Festival de la chicha. Pero se nos agotó el espacio, así que en el próximo número de Ciudad Viva les contaremos el resto.