Por Ati Quinua
[Apartes de la presentación
de la concejal indígena] La cultura es un escenario diverso donde hay una búsqueda constante de la conciencia de la vida y del mundo.
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Rostros Taironas por Antonio Grass
Me invitaron para hablar de la identidad y la diversidad,
y quisiera abordar el tema desde mi
experiencia personal, aunque también me hubiera
gustado cantar algo, tener un instrumento y compartirles
algo de mi cultura.
Cuando llegué a la ciudad de Bogotá, mi único sueño
era terminar mi carrera y regresarme a asesorar el cabildo
gobernador de la Sierra Nevada, que es la autoridad
de nosotros. Empecé e estudiar Administración
Pública. Fue como hacer antropología, pero a la inversa;
hice unos semestres en filosofía, y tuve la oportunidad
de acercarme al pensamiento urbano de la cultura.
Me impactó muchísimo en el primer semestre
leer un artículo de Estanislao Zuleta: El elogio de la
dificultad, donde se elegía la creatividad humana
como unas de sus mayores virtudes y empecé a notar
cómo en la ciudad existen modas pasajeras para
vestirse y pensé: existen también diferentes corrientes
de pensamiento.
Cuando volví a la Sierra, le pregunté a mi abuelo: ¿Por qué nosotros seguíamos cantándoles las mismas
canciones al sol, a la tierra, a la lluvia, a las cosechas? ¿Por qué nosotros no podíamos hacer
innovaciones en el vestido? Todos los días nos vestimos
igual. ¿Por qué danzamos las mismas danzas de
mis tatarabuelas? En la ciudad encontré una cultura
del cambio, mientras yo venía de una cultura de la
permanecía. La respuesta de mi abuelo fue: ¿Tú
cuando has visto que cambie la ley del sol, la ley del
agua, la ley de la tierra? ¿Cuántos pájaros cambian su
trinar? Las leyes esenciales de la vida nunca cambian.
Por eso nuestro pensamiento, nuestros cantos, nuestra
forma de sentir y de vivir siempre es la misma.
Después de haber estado un año en Bogotá, el
tiempo se detenía y algo superior me atraía a la ciudad.
Entonces entendí mi misión, empecé a darme
cuenta que el pensamiento indígena no es sólo para
los indígenas: es un pensamiento universal. Que nuestra
cultura debe ser un patrimonio intangible, de principios,
valores y concepciones de la humanidad.
Desde mi cultura, he planteado en la Universidad
una línea de investigación, que la denominé Administración
Pública Ancestral. En Colombia vivimos importando
modelos de Estado y visiones político–administrativas
artificiales, que no obedecen para nada
a las dinámicas geográficas o culturales de las regiones;
que rompen con esas dinámicas y hacen parte de
la política de los pequeños caciques regionales.
Las primeras naciones de América tenían unos principios
de organización territorial mucho más coherentes.
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Rostros Taironas por Antonio Grass
Nuestros asentamientos humanos se hacían
alrededor del agua y los ríos. Yo vengo de una de las pocas culturas indígenas del país que tuvieron verdaderas ciudades, a las que los españoles llamaron ciudades perdidas. Para nosotros no son perdidas: ellas tienen su arquitectura propia, sus verdaderos modelos sostenibles. Bogotá, por ejemplo, tiene un modelo de ciudad excluyente, un modelo artificial. Es una ciudad que se viene pensando como plataforma de negocios de las grandes élites, sin tener en cuenta sus dinámicas sociales, culturales, naturales y geográficas.
Colombia es un Estado multicultural, pluriétnico, comprometido en la protección del derecho a la identidad cultural como derecho fundamental de los pueblos. En la diversidad y la interculturalidad superamos los estereotipos que tenemos sobre el indígena; superemos la visión del Estado fragmentado donde, por ejemplo, la gente piensa que la identidad esta circunscrita exclusivamente al territorio, y por ello que un indígena lo es mientras esté en su resguardo, pero si sale a la ciudad ya deja de serlo. Yo creo que debemos buscar que nuestra cultura se universalice; que la gente se apropie del pensamiento indígena. Estamos en una campaña de sensibilización que hemos denominado “descubre al indio que llevas dentro”; al indio o la india que adoran el sol como su padre ama la tierra y que, como su madre, mueren convencidos de que el agua es el principio de la vida.
Espero que algún día nos sintonicemos los indígenas con quienes habitan las ciudades. Creo que es posible encontrar la paz y las oportunidades dignas para la gente, si somos capaces de repensarnos y reorientar nuevamente los destinos de nuestros estados. En este sentido, celebro lo que esta pasando en América Latina: por primera vez tenemos un presidente indígena en
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Rostros Taironas por Antonio Grass
Bolivia. Celebro también la llegada al parlamento Venezolano de una compañera indígena.
Celebro también lo que está pasando en Honduras, donde se va a implementar todo el marco regulatorio de los derechos de los indígenas. La cultura y el pensamiento nos invitan a una reflexión sobre los paradigmas diversos de esta cultura híbrida, de esta sociedad mestiza, de la cual también nosotros nos sentimos parte. Quiero terminar este compartir de mi experiencia y mis compromisos, con unas palabras del Popol Vu: […]“Muchos caminos se abren ante ti, pero sólo uno tiene corazón. Tú y solamente tú, tienes el deber de elegir. Hazlo con la razón del sentimiento.”
Gracias.