El 21 de junio: Electrolux
Que la música no pare de sonar
Hombre sentado, recipiente para cal (0-600 d. de C.), procedente de Pueblo Rico, Risaralda.
Ver Magazín, páginas III, IV y V
Desde las 3 p.m. hasta las 11 p.m., la plaza de eventos
del Parque Metropolitano Simón Bolívar será el escenario para que la música, en todas sus expresiones, sirva de atmósfera en el fortalecimiento de la convivencia ciudadana. Es la Fiesta de la Música —con su evento Electrolux—, que pondrá en escena a un grupo de artistas nacionales e internacionales gracias al auspicio de la Alianza Colombo Francesa y la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte.
La idea original de la Fiesta de la Música nació en enero de 1982, cuando el galo Maurice Fleuret (en ese entonces director de música del Ministerio de Cultura de Francia) recordó que allí en armarios, graneros y sótanos re- posaban agonizantes tres millones de instrumentos musicales. Irremediablemente, con el paso del tiempo, miles de violonchelos, guitarras, trombones, timbales, triángulos y bombos irían a la basura. De esta manera nació la propuesta de crear una fecha en la que estos instrumentos se rescataran para ser restaurados e interpretados por una mano amiga —sin importar si fuese profesional o aficionada— y así expresarse con total libertad en espacios al aire libre, plazas, parques, cafés y restaurantes.
El 21 de junio de 1982 se dio inicio a Faites de la Musique para delicia de los melómanos franceses que «invadieron» los monumentos y lugares más representativos de París. La idea de Fleuret, gestor del proyecto, ha sido todo un éxito desde entonces. Se calcula que en el mundo son realizados simultáneamente más de 1.500 recitales en los quince países de la Unión Europea, algunos otros del norte de África y el Oriente Medio, Asia y Latinoamérica.
En Bogotá, la Fiesta de la Música tendrá como invitados a Electroluxe Family (Francia), DJ Mapiu (México), DJ Walter Lilly (Suiza), y por el lado nacional estarán RetroVisor, PostHuman y Ghava, entre otros.
En la madrugada del 28 de junio de
1969 la policía de Nueva York se tomó violentamente el bar Stonewall Inn. Fue una redada. ¿Por qué la realizaron? Porque en ese entonces, en todo el estado, estaba prohibido servir un trago a un homosexual; estaba prohibido que dos hombres caminaran por la calle tomados de la mano; estaba prohibido que un hombre vistiera ropa de mujer. Stonewall, situado en el barrio bohemio Green-wich Village, era un bar gay del que llegaban homosexuales, bisexuales y travestis, y todos eran tratados por las autoridades como criminales.
Pero ese día los clientes de Stonewall no aguantaron más: se rebelaron contra la represión y se enfrentaron a la policía. Durante dos días, Christopher Street, la calle del bar, se convirtió en un campo de batalla. Desde entonces, cada 28 de junio se celebra la Marcha del Orgullo Gay, que se ha ido extendiendo en todo el mundo. Bogotá, como ciudad que defiende la inclusión, la diversidad y el libre desarrollo de la personalidad, forma parte de esta celebración. Cada año —el domingo más cercano al 28 de junio— se lleva a cabo en la carrera séptima la Marcha de la Ciudadanía LGBT (lesbiana, gay, bisexual y transgenerista). El domingo 29 de este mes, llevando banderas con los colores del arco iris, este sector de la población demostrará que asume con orgullo su sexualidad.
Uno de los puntos fundamentales del programa Bogotá positiva es el de «Inclusión con equidad y dignidad». En una de sus partes dice: «Fortaleceremos los espacios ganados por la población LGBT en la ciudad y avanzaremos en el desarrollo integral de una política pública para esta población, mediante acciones afirmativas y transformativas tendientes a garantizar la exigibilidad y realización de los siguientes derechos: vida libre de violencias, educación en la diversidad sexual y de género, salud, de- sarrollo económico, comunicación, cul-tura y participación».
Desde hace varios años, el concepto de cultura en Bogotá se ha ampliado. No se trata únicamente de reconocer las expresiones artísticas desarrolladas en la capital, sino de hacer visibles a aquellos grupos que hacen de ésta una ciudad heterogénea en muchos aspectos. El programa Bogotá Intercultural, que arrancó en la pasada administración, continúa apoyando organizaciones de minorías, al establecer alianzas estratégicas y crear espacios para la participación ciudadana.
El decreto 627 de diciembre de 2007 —por el cual se reforma el Sistema Distrital de Cultura, dando inicio al Sistema Distrital de Arte, Cultura y Patrimonio— establece la creación del Subsistema de Culturas de Grupos y Comunidades Étnicas y Campesinas, Mujeres, Poblaciones y Sectores Rurales y Sociales. Este subsistema ejecuta políticas a favor de la inclusión, la participación, la equidad de género y étnica, y la garantía y restablecimiento de los derechos culturales de los sectores sociales LGBT de Bogotá, entre otros. Uno de los consejos que forman parte de este subsistema es el Consejo Distrital de Cultura de los Sectores Sociales LGBT.
Bogotá es una de las ciudades más adelantadas en cuanto a políticas públicas de diversidad sexual e identidad de géneros. No obstante, es primordial que las organizaciones que luchan por la defensa de los derechos sexuales se hagan visibles ante el resto de la ciudadanía: no es sólo que las organizaciones LGBT participen en las decisiones de orden público; es necesario que el resto de la comunidad cambie su concepción sobre la sexualidad. Es importante que se consoliden programas como el que se lleva a cabo en Chapinero, llamado Escuela Libre de Homofobia, en el cual los jóvenes pueden desarrollar su sexualidad libremente, sin vicios, sin insultos, sin discriminación.
La lucha por el respeto y el reconocimiento de la comunidad LGBT ha sido continua. En la actualidad, cuarenta años después de los disturbios de Stonewall, todavía hay discriminación sexual en muchos lugares del mundo. Aunque la búsqueda de la equidad continúa y compromete a todos los sectores de la población, Bogotá seguirá persiguiendo la meta de constituirse en una ciudad de derechos, que reconoce y respeta las diferencias.
Catalina Ramírez
Secretaria de Cultura, Recreación y Deporte
CARTAS DE LOS LECTORES
Señor director:
Muy bueno el regalo que Ciudad Viva nos hizo en la edición de abril, de agregar cuatro páginas más, escritas por nuestro máximo crítico, Hernando Valencia Goelkel —muerto hace cuatro años— sobre el fotógrafo Edward Weston, hoy injustamente relegado. Weston fue uno de los grandes de la fotografía, y estuvo en México por allá en los años veinte, dejando discípulos tan importantes como Manuel Álvarez Bravo. Fue amigo de Orozco y Rivera, dos de los tres grandes del muralismo mexicano, de quienes dejó estupendos retratos, así como de la primera esposa de Rivera, Lupe Marín.
De Valencia Goelkel alcancé a ser conocido cuando ambos trabajábamos en Cromos, él como columnista y yo como reportero raso. Y siempre me asombró que, a pesar de lo ligero de la revista, él fuera tan riguroso en sus escritos, sin ninguna concesión.También me admiraba su flexibilidad, pues escribía con la misma facilidad sobre Botero, Obregón, Grau, que sobre las grandes figuras literarias,
nuestras o del extranjero, o sobre las películas recién estrenadas. Lo que no conocía era este estupendo ensayo sobre Weston.
Y no hay que olvidar que, con Gaitán Durán, fue el fundador de la revista Mito, que le dio su nombre a toda una generación.
De nuevo, muchas gracias,
Gildardo Restrepo
(Vía Internet)
Señor director:
Corriendo el riesgo de parecer un inculto,
no voy a hablar de artículos de alto vuelo intelectual como el de Santiago Mutis sobre Antonio Samudio, el de Harold Alvarado Tenorio sobre los piedracielistas, o la reseña de Aguilera Garramuño sobre el libro de Gardeazábal, desafortunadamente de circulación cerrada.
Más bien me voy a referir a Óscar Domínguez, a quien yo suelo leer en El Colombiano, El Tiempo y El Nuevo Siglo, porque escribe muy bien y es muy divertido. No sé por qué no publican artículos suyos cada mes. Su crónica sobre el corrientazo es más sabrosa que ese corrientazo mejorado que llaman diplomático.