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Por la boca del poeta hablan los poemas
Acaba de salir un libro (en preciosa y cuidada
edición de Fundación Domingo Atrasado) y se llama 13 entrevistas a 13 poemas colombianos [y una conversación imaginaria]. En realidad aparecen catorce poemas, pero es que al décimocuarto, que es del gran poeta ya muerto, José Manuel Arango, le toca, la conversación imaginaria.
Las entrevistas a los poemas (por la boca de sus poetas) las firma Robinson Quintero Ossa, y los dibujos —excelentes— son de Darío Villegas. Entrevistador y dibujante son ambos paisas.
Por razones de espacio sólo vamos a publicar apenas una pequeña muestra de lo que el libro contiene, cada poema con un trozo de entrevista y su respectivo dibujo. Éstas son las arbitrariedades de las antologías —las del libro y las nuestras— y las exigencias del espacio, incapaz de contener todo un libro. Pero recomendamos su lectura (bien sea que se compre, se preste o se busque en las librerías).
Alguien se salva
por escuchar al ruiseñor
Digamos que una tarde
El ruiseñor cantó
Sobre esta piedra
Porque al tocarla
El tiempo no nos hiere
No todo es tuyo olvido
Algo nos queda
Entre las ruinas pienso
Que nunca será polvo
Quien vio su vuelo
O escuchó su canto.
Giovanni Quessep
13 entrevistas a
13 poemas colombianos
Por Robinson Quintero Ossa
Dibujos de Darío Villegas
Hay, más que buenos poetas, buenos poemas, reza un adagio
malicioso. Y lo que dice la sentencia de pronto es verdad. Insinuó Borges
en su Arte poética que los grandes poetas alcanzan el reconocimiento
de los hombres, más que por su obra en extenso por seis o siete poemas
inmemoriales. El adagio trae paradojas: muchos lectores, por ejemplo,
citan con claridad versos de memoria sin que recuerden el nombre de
su autor. Sucede muchas veces, también, que a un escritor le baste un
solo poema, magnífico, para que su nombre perdure en el elogio de
los lectores, mientras que a otro no le alcanza una amplia y esmerada
bibliografía.
Esas consideraciones me llevaron un día a preguntarme
por qué los libros de entrevistas, cuando interrogan a los poetas no
lo hacen también, a través de estos, a los poemas. Son los poemas
excepcionales los que mejor hablan de sus autores, y son las palabras
impresas en el papel las que permanecen. Ensayé entonces el camino
inusual y emprendí 13 entrevistas a 13 poemas colombianos.
Los 13 poemas seleccionados —presentados por el título, en orden
alfabético— exaltaron mi entusiasmo por la poesía en distintos momentos
de mi vida. No los propongo como símbolos de una época de
la lírica colombiana, aunque es innegable que han suscitado emoción y
reflexión en numerosos lectores y escritores. Los 13 los planteo más bien
como experiencias de creación literaria que merecen ser biografiadas.
Este libro bien pudo titularse Vidas de poemas.
Giovanni, ¿qué motivó la escritura de «Alguien se salva por escuchar al ruiseñor»?
Siempre será difícil para mí decir qué motivó la escritura de alguno de mis poemas, y en este momento la de «Alguien se salva por escuchar al ruiseñor», a pesar de que es uno de mis poemas predilectos. Pienso, sí, que un poema es siempre motivado por una conjunción inexplicable que se produce entre los elementos de la realidad y la ensoñación. Todo viene del asombro que al poeta le suscitan ambas percepciones. Después —como diría María Zambrano— aparece el vuelo, sin el que no se daría el poema.
¿Dónde escuchó por primera vez el canto del ruiseñor?
Escuché por primera vez el canto del ruiseñor en la campiña toscana, cerca de Asís. Cursaba mis estudios de Lectura Dantis y Arte del Renacimiento Italiano en la Universidad de Perugia, hermosísima ciudad etrusca, y como desde el parque situado sobre la roca Paulina, lugar donde se refugiaban los Papas durante las guerras entre las ciudades-estado de la Península, se divisaba la ciudad de san Francisco, fui a ver sus reliquias, los frescos de Giotto y todo Asís. Entonces oí un canto ya entrado el crepúsculo. Quedé en suspenso, y un amigo chileno-hebreo me dijo: es el ruiseñor. El encantamiento fue inmediato: música pura y elevación perpetua. Luego llenó la campiña un concierto inexpresable.
Ruego a Nzamé
Dame una palabra antigua para ir a Angbala,
con mi atado de ideas sobre la cabeza.
Quiero echarlas a ahogar al agua.
Una palabra que me sirva para volverme negro,
quedarme el día entero debajo de una palma,
y olvidarme de todo a la orilla del agua.
Dame una palabra antigua para ir a Angbala,
la más vieja de todas, la palabra más sabia.
Una que sea tan honda como el pez en el agua.
¡Quiero volver a Angbala!
Jaime Jaramillo Escobar
Canción del que fabrica espejos
Fabrico espejos:
Al horror agrego más horror,
Más belleza a la belleza.
Llevo por la calle la luna de azogue:
El cielo se refleja en el espejo
Y los tejados bailan
Como un cuadro de Chagall.
Cuando el espejo entre en otra casa
Borrará los rostros conocidos,
Pues los espejos no narran su pasado,
No delatan antiguos moradores.
Algunos construyen cárceles,
Barrotes para jaulas.
Yo fabrico espejos:
Al horror agrego más horror,
Más belleza a la belleza.
Juan Manuel Roca
Jaime ¿cómo surgió «Ruego a Nzame»?
Nzamé es el nombre de Dios en Angbala, una aldea a la orilla del lago Victoria que visitó Blaise Cendrars. Los historiadores hacen notar que la humanidad tiene una añoranza subconsciente de los antiguos tiempos, cuando los hombres fueron libres de verdad, cosa que hoy no es possible. Todos nos engañamos con la palabra libertad, que finalmente resulta ser el nombre de la esclavitud contemporánea. El poema manifiesta ese escondido anhelo al que se da transistoria salida en las temporadas de vacaciones. El texto es un canto compuesto sobre la vocales, con predominio de la primera, que alarga las palabras para indicar el paso de una danza lenta, ceremoniosa, elegante, de movimientos rítmicos y delicados, es decir, la típica danza primitiva y salvaje. No como la actual, que parece endemoniada. Porque el demonio no lo inventaron los primitivos sino los civilizados. La poesía —dejó escrito Eduardo Mendoza Varela— tiene una personalidad autónoma que rechaza cualquier explicación y que no admite aditamento, fuera de su propia estructura.
Los espejos producen esa sensación continua de uno considerarse otro…
Los espejos procuran la duplicidad de las formas, son la única posibilidad de bilocación que tenemos. Si nos es imposible la ubicuidad, sí es posible estar en dos lados al mismo tiempo. El espejo permite eso, lo que tiene un poder mágico extraordinario. Imagina la sorpresa de los primitivos habitantes de América cuando se contemplaron en un espejo. A pesar de haberse observado en los lagos, lo cual fue, no fuente de felicidad narcisita, sino de asombro, descubrieron cómo existe uno en la mirada del otro.
Motivos del día
Mario me llamo
soy mordisco al aire
soy un husmea-cosas
soy un cuenta-cosas
Todas las mañanas
siento la hoja de barba
y la caricia del agua
cuando en el piso de arriba
posiblemente
un hombre y una mujer
yacen abrazados
El la tiene en sus brazos
medio adormilada
mientras oriento mis pasos
hacia el día
Digo mentiras inútiles
y verdades inútiles
Converso con los ancianos
que descansan en la hierba
o sobre los pedestales
de los héroes
Con el buhonero
que vende transistores
o lentes para que alguien se esconda
Con las nucas
que en los colectivos
se apoyan sobre el hombro
del vecino
Con los huéspedes de las buhardillas
y las de los cuartos de las casas coloradas
con rendijas
que miran a los árboles
Llego hasta el apartado
esa ventanita al mundo
abro una carta
que tiene una estampilla
de los mares del sur
donde los pescadores
tiran varios días sus arpones
hasta dar caza al tiburón
entre espumas de sangre
Voy al parque
y violo una naranja
para no mirar a una colegiala
que hace su colección
de hojas de otoño
Soy bachiller en lentos
amaneceres en los puentes
Todos mis recuerdos
tienen el leve brillo
de una joya perdida
aunque hay momentos
que merecen repetirse
Soy un husmea-cosas
soy un cuenta-cosas
un cero grita bajo mis zapatos.
Mario Rivero
¿Cuál fue el verso que impulsó “Motivos del día”?
“Mario me llamo, soy mordisco al aire”. Después no fue sino contar lo que veía. […]
¿Tuvo conciencia de que «Motivos del día» narraba en secuencia, al modo del cine?
Sí. Miré mucho cine cuando era muchacho. M gustaban las películas de western, en blanco y negro, no me gustan los filmes a color. Me gustó ver Casablanca, El acorazado Potemkin, La reina africana, El halcón maltés; también todas las películas de Bogart. Seguramente mi experiencia de espectador de cine se muestra en el modo como relato mi poesía, en especial en mis Poemas urbanos.