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Repertorio ornamental de la arquitectura de época republicana en Bogotá
Cuando Bogotá se europeizó
Sólo el perfil de la catedral, al fondo,
revela que la foto es de la carrera séptima. Parece más un pasaje que una avenida. A lado y lado, en cada acera, se ven las hileras de fachadas parejas con balcones de hierro. El dibujo de un gato anuncia un almacén de revelado de fotos. En un costado se observa el letrero
ovalado de medias Los Ángeles y más cerca la tienda de paños Atlas. Dos mujeres se asoman por un balcón y sonríen tímidamente a la cámara. Unos pocos hombres se alejan dando la espalda. El pie de foto dice: «Últimos vestigios del ordenamiento formal de la arquitectura republicana en la carrera séptima». Con esta imagen en blanco y negro, a dos páginas, se inicia el libro Repertorio ornamental de la arquitectura de época republicana en Bogotá, que cuenta cómo la ciudad cambió el adobe y la teja de barro por los moldes de yeso, los capiteles, las grandes columnas, las efigies de piedra. Y en el centro de la Plaza de Bolívar, el Mono de la Pila por la estatua del Libertador.
El historiador Hugo Delgadillo es el autor de esta obra que analiza el paisaje urbano de Bogotá entre los años 1880 y 1930. La arquitectura republicana se inicia con la construcción del Capitolio Nacional, ordenada por Tomás Cipriano de Mosquera con el propósito de albergar todos los poderes del Estado, incluso la residencia presidencial: se necesitaron 79 años y cinco generaciones de arquitectos para erigir la obra.
En el libro, Delgadillo cuenta que, lograda la independencia, a mediados del siglo XIX Colombia empezó a dejar atrás la estructura de la economía colonial y se convirtió en un país productor y exportador. El comercio del tabaco, la quina, el algodón, el cuero, el añil y finalmente el café contribuyeron al crecimiento económico. Las élites se enriquecieron y pudieron viajar con mayor frecuencia a Europa y Estados Unidos. Los colombianos se desligaron de la cultura colonial y empezaron a ser influenciados por Europa, imitando entonces las edificaciones de grandes capitales como París y Londres. La nueva ciudad que se estaba edificando fue reseñada por la revista Cromos de la siguiente forma: «Poco a poco, pero con impulso firme y resuelto, nuestra ciudad central se transforma y progresa [...]. Una ola de europeísmo nos invade, y gracias a ella las costumbres bogotanas van perdiendo
El libro Repertorio ornamental de la arquitectura de época republicana en Bogotá fue publicado por el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural —entidad adscrita a la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte—, en colaboración con la Casa Taller Ramelli.
Edificaciones modernas localizadas en la última cuadra de la carrera séptima, antes de llegar al Parque Centenario. 1927
insensiblemente ese sello de adustez y mojigatería que hacía de nuestra metrópoli un enorme monasterio laico, cerrado a piedra y lodo al regocijo de vivir».
Para Delgadillo, el aporte más importante de la época republicana fue la construcción de nuevas vías y la remodelación de otras. Según anota, «las avenidas fueron concebidas co-mo nuevos centros de socialización y esparcimiento». Además en tal época se cambió la nomenclatura y se mejoraron los servicios públicos.
El libro no ofrece únicamente un estudio de las características de la arquitectura republicana, sino que explica el desarrollo
Reproducción en yeso de la figura masculina localizada en el fuste de pilastra que enmarca el proscenio del Teatro Colón.
Residencia bogotana localizada en la carrera sexta entre calles octava y novena, que años más tarde alojaría la sede de la Universidad Libre. 1934
industrial y la coyuntura económica y política del país, cómo dejó de importarse el cemento Portland cuando se fundó Cementos Samper; quiénes fueron los primeros en fabricar vidrio en la ciudad, un material considerado de lujo cuando se traía de Londres, hasta que Fenicia y La Fábrica de Vidrio se dedicaron a elaborar este material.
El autor se refiere al taller de yeso de la familia Ramelli y al inventario de sus obras, a las construcciones de importantes arquitectos republicanos como Gaston Lelarge, Alberto Manrique Martín y Arturo Jaramillo. También a los bocetos de los capiteles, los mascarones, los adornos zoomorfos y antropomórficos, los techos ornamentados de florones y rosetones.
Todo acompañado por avisos de prensa y espléndidas fotografías de época. Ahí están los desaparecidos Hotel Regina y la antigua Universidad Pedagógica; la Alegoría al Dios del Tiempo en el Cementerio Central, el Palacio de la Gobernación y la primera de todas las obras, el Capitolio, con sus enormes columnas y sus grifones, en cuyas cabezas se posan las palomas.