Cuerpo verdadero de Andy Warhol en fotografía de Richard Avedon (1969).
El Pop Art norteamericano nació en Inglaterra, en un mundo convulsionado, como siempre, entre la frivolidad y la guerra, el lujo y el hambre, la humillación y la moda, la sangre derramada y la riqueza... ¡Como siempre!
El kitsch, tomado por arte, como lo hace el Pop —Marta Traba lo vio en los años 70 y cita a Greenberg— «pasa a ser un sucedáneo miserable de la cultura, un mero repetidor, donde la creación se extenúa... Un fraude... el [resumen] de todo lo que hay de espurio en la vida de nuestro tiempo». Y crea una obra —agrega Marta— gratuita, que continuamente cae en lo grotesco, como el kitsch generado por los medios de comunicación, un falso estilo ya digerido y gastado, que no causa problemas de asimilación: «la larga tradición de estafar y pervertir al público».
El rechazo, abaratamiento y desacralización del arte y de la imagen por parte de la televisión, el cine, las revistas masivas, la publicidad... están relacionados con su comercialización y consumo. Convertido en fetiche, en ideología, en mercancía, en obsoleto objeto del pasado, en inversión... dio paso a nuevas corrientes en su contra —una vez vaciado de contenido, forma y ética— y a un nuevo artista, que pasó a la fetichización de sí mismo, como es el caso de Andy Warhol. Tal desfase, dice Marta Traba, es lo único capaz de explicar la posterior demencia de (ciertos) cultores... y de una nueva fetichización «marcada por ritos oscuros y claramente patológicos ». Galeristas y comerciantes han consagrado sus «héroes consumibles», sus estrellas, como las del cine, el porno o el espectáculo: adiós a la reflexión, el carácter, el espíritu, la sensibilidad, la crítica... y bienvenido el estrellato, el escándalo, el color, la publicidad. Marta Traba asegura que la gente In consume todo, hasta su propia destrucción, «como los animales que se tragan sus propias heces», concluye brutalmente.
El Pop fue un arte figurativo realizado con ideas y objetos que caracterizaron la época que va de 1955 a los años 60, en Londres y Nueva York: costumbres, apariencias y figuraciones del tiempo, imágenes y destellos de la metrópoli, la fotografía, la televisión, avisos y carteles publicitarios, el automóvil, las gasolineras, las autopistas, la proliferación de electrodomésticos, los espectáculos, los comics, la comida enlatada, la «vida moderna», Hollywood, los accidentes automovilísticos, la máquina, los objetos seriados, el sexo, la señalización, la basura, lo sintético, los empaques, la calle, la fascinación del color, el diseño, los periódicos sensacionalistas, el consumo, lo desechable, lo artificial... lo superficial, el dinero, lo kitsch, el hot-dog, los helados... El «nuevo realismo » quiere representar —superficialmente— una época, cuyas imágenes, ideas y objetos suelen estar tras el vidrio de la abstracción, y cuya aparición se encarna en el diseño publicitario: el arte como producto y lenguaje temporales.
Self-Portrait in Drag , 1980 (Autorretrato como Drag Queen),1980. Andy Warhol Foundation for the Visual Arts / Artists Rights Society (ARS), New York.
Foto: Carlos Mario Lema
El Pop toma de Duchamp la idea de que el arte puede encontrarse ya hecho y en cualquier parte —apenas basta saber exhibirlo para alterar o potenciar su lenguaje—, pues todo lo es o puede llegar a serlo.
En 1955, Rauschenberg salpica de pintura una cama y la presenta como obra, reclamando para el arte el objeto cotidiano y posesionándose del espacio del espectador: «yo opero en el vacío entre arte y vida». Ese mismo año Jasper Jones usa la bandera y el mapa de Estados Unidos en sus obras: «fuertemente formales y abstractas con imágenes familiares, reconocibles de inmediato, que caracterizarán el Pop». Un complejo hecho lingüístico, pero simple e impactante. Rauschenberg utilizó botellas de Coca-cola; Jones, latas de cerveza. Con esto el extraordinario expresionismo abstracto (Rothko, Kline, Pollock...) quedaba en el dominio exclusivo de la generación anterior: había nacido su opuesto, el Pop. Querían ser figurativos, realistas, nutrirse del mundo que los rodeaba, dejar de ser espirituales, intimistas, «utópicos». Y se hundieron en lo comercial y en la banalidad.
Andrew Warhola nace en Pittsburgh (1928) de padres eslovacos; su padre llegó a Estados Unidos en 1913, mientras su madre sufre la guerra. A los 9 años tiene un «ataque de locura» que sobrelleva en la cama pintando. Estudia artes gráficas, se gradúa en artes en un instituto tecnológico y se traslada a Nueva York, en donde se hace publicista y produce llamativas ilustraciones para revistas como Glamour y Vogue, por las que recibe sonoros premios. Diseña «zapatos para famosos» utilizando hojas de oro. Sigue ganando premios como publicista, expone dibujos de Popeye y comienza sus serigrafías de superestrellas. «Conmociona el mundo del arte contemporáneo al mezclar el arte con los negocios». Realiza obras por encargo; instala su «propio canal de televisión», etc.
El estilo aplanado y frontal de Warhol, sostenido por la brillantez del color y por el aura —la fama y la repetición— del objeto mismo, tuvo su esplendor, y una gran riqueza e irresistible atractivo, en su fecundísimo año de 1962, un momento que mezcla el Ku Klux Klan y Mickey Mouse, Vietnam y Armani, las Panteras Negras y la Pepsi-Cola, Martin Luther King y Marilyn Monroe, Nelson Mandela y el Pato Donald, las hambrunas de Rhodesia y la abundancia de las sopas Campbell... Pero Warhol siempre prefirió lo que encontraba en los supermercados.
Tú, [Andy Warhol], eres el Voltaire de Estados Unidos. Le das a Estados Unidos exactamente lo que se merece: una lata de sopa en la pared.
Taylor Mead
Todos los cuadros de las páginas III, IV y V fueron pintados por Andy Warhol. La publicación de las obras expuestas en la Luis Ángel Arango nos fue autorizada por la BLAA, y los derechos pertenecen a la Andy Warhol Foundation for the Visual Arts / Artists Rights Society (ARS), de Nueva York. En los demás casos, el nombre de quien nos suministró las fotos está al lado de los cuadros.
Marilyn (1979-1986). Reversal series (Serie negativa). Serigrafía sobre lienzo. Colección particular.