Johannes Gutenberg, inventor de la imprenta de tipos móviles.
Steve Jobs , presidente de Apple, con uno de sus ordenadores portátiles.
Avanza con rapidez el siglo XXI y el mundo apenas comienza a darse cuenta de los tremendos cambios para intercomunicar al exagerado número de sus habitantes. En pocos años se ha precipitado la desaparición de telégrafo, teléfonos fijos, correos, fax, telex, las grandes circulaciones de los periódicos y otras costumbres con fuerte arraigo en todos los sectores sociales. Hay un mercado abierto de inventos sorprendentes que buscan adueñarse de millones de seres que ya no creen necesario lo que antes fue indispensable para la cultura —saber leer y escribir—.
Una revolución parecida la desató el alemán Gutenberg cuando inventó hace 500 años la imprenta con caracteres móviles, que fue instrumento fundamental para organizar la opinión y la información. El papel impreso dominó la capa superior de la cultura hasta que, a mediados del siglo XX, vino la invasión de luz y sonido a apoderarse de lo que antes era patrimonio del sector alfabetizado. Lo que hizo Gutenberg lo hace hoy el iPhone al instante, con la diferencia de que basta accionar un solo dedo para poner al mundo entero en la palma de la mano.
El papel de los viejos maestros
La noticia, que antes se daba periódicamente, ahora es instantánea y puede lanzarla cualquier persona, no importa su edad o su grado de educación. Eso obliga a capacitar mejor a la juventud con deseos de estudiar el nuevo periodismo. En diversos países desarrollados, y en la mayoría de los de América Latina, se alcanzó a lo largo de los dos últimos siglos una alta categoría de periodismo, centralizado en familias cultas entregadas por entero a esa profesión. Los nuevos consorcios financieros de las comunicaciones han desplazado a esas familias. Sin embargo, hay una frase que no pierde actualidad: el dinero solo no hace buenos periódicos. Al disminuir el número de lectores de los diarios tradicionales, hay afán por encontrar lo que busca el público en su reemplazo. El camino más directo es dejar que la primicia noticiosa sea en la radio, los desarrollos inmediatos en televisión e Internet, y en tercer lugar los medios impresos. Lo grave es que en ese orden descendente funciona también la publicidad que financia los costos de producción. Para no dejarse derrotar, el diarismo impreso está apelando a la máxima calidad en cuanto a factura y diversificación de sus productos. Quienes se cansan con lo audiovisual escogen lecturas que les ofrecen mayores conocimientos y el placer de tener a mano un libro, una revista o un diario que explica y analiza mejor todo suceso. Los grandes periódicos tradicionales están adaptándose al cambio, reducen el tamaño para economizar el papel vegetal y buscan la ayuda de viejos maestros y de organismos públicos y privados para actualizar la enseñanza de la profesión, con miras al futuro. En el pasado, los estudios de periodismo se hacían con la práctica en las mismas redacciones. Eso ahora es imposible. La nueva escuela exige poner a prueba la vocación y disponer de firmes conocimientos de las nuevas tecnologías y haber aprobado con excelencia las primeras escalas de la educación tradicional. El más fácil acceso a las nuevas modalidades de periodismo es para los que dominen por lo menos un idioma distinto al propio y estén dispuestos a continuar estudiando después de comenzar a trabajar. Para ese tipo de aspirantes abundan las ofertas de trabajo, así los sueldos iniciales sean bajos, y también abundan las becas en universidades de todo el mundo.
La multiplicación de las oportunidades
El iPhone, uno de los inventos de Apple.
Soy un extraño caso de longevidad periodística, porque he pasado una larga vida trabajando, aprendiendo y enseñando, en un mismo diario. Eso me da autoridad para aconsejar a quienes entran a un nuevo siglo y a un mundo diferente de las comunicaciones.
Antes de las facultades de comunicación, que comenzaron a funcionar a mediados del siglo pasado, los estudios de periodismo se hicieron únicamente con la práctica de tiempo completo y con la noticia fresca en la mano en cada instante del día o de la noche. De allí salieron grandes figuras de la literatura, el arte o la política.
La mayoría de los presidentes de Colombia en los últimos cien años fueron primero periodistas, que nunca aprendieron periodismo en las aulas. Para hoy y para el futuro no se conciben los periodistas toderos, como no se conciben los impresos sólo con noticias inmediatas sino con textos y gráficos muy escogidos y con la creatividad que exige un público ávido de conocer los secretos y la exactitud en cada uno de los hechos del momento. Se ha regresado a la teoría del periodismo que se inventa con cada noticia que vale la pena difundir. Hoy la noticia llega al instante a todos los rincones y en todos los idiomas y no hay exclusividad para las primicias. Ante la crisis de los periódicos, se ha recordado un diálogo entre dos grandes escritores, Borges y Sábato: «La noticia cotidiana, en general —decía Sábato—, se la lleva el viento.
Lo más nuevo es el diario, pero al día siguiente es lo más viejo». Borges agregó: «Nadie piensa que debe recordarse lo leído en un diario, que se escribe deliberadamente para el olvido». Sábato añadió: «Sería mejor publicar un periódico cada año o siglo o cuando sucede algo muy significativo. El señor Cristóbal Colón descubrió a América daría para ocho columnas». Y Borges remató: «Nadie puede anticiparse a los hechos trascendentales que trae cada día. La crucifixión de Cristo fue importante después, no cuando ocurrió».
(Este texto, en versión modificada, fue publicado antes por la Fundación Carolina)