Ellas han contribuido a forjar la historia del arte audiovisual por excelencia en sus consecutivas calidades de productoras ejecutivas, guionistas, actrices, editoras, sonidistas y ocasionalmente fotógrafas. En recientes publicaciones de Ciudad Viva nos referimos al malestar delictivo captado por la periodista Margarita Martínez en La Sierra , y destacamos algunos aciertos de La historia del baúl rosado, a cargo de Libia Stella Gómez. Aunque esta columna sólo pretende mencionar a las principales realizadoras cinematográficas del país, no están por supuesto todas las que son y de antemano pido disculpas por las involuntarias omisiones.
Tres documentales de corte sociológico, realizados hace cuarenta años, sitúan a la bogotana Gabriela Samper como un ejemplo imperecedero de búsquedas antropológicas y exploraciones exhaustivas en torno a nuestra realidad: Páramo de Cumanday (en compañía de Ray Witlin); Los santísimos hermanos y El hombre de la sal . En esa línea comprometida con las comuta Rodríguez (viuda del codirector y fotógrafo Jorge Silva) sienta presencia en la historia del cine nacional gracias a trabajos de indiscutible calidad humana: los medio metrajes Chircales (obra maestra) y Campesinos [de Cun-dinamarca], además de la ficción cau-cana e indigenista titulada Nuestra voz de tierra, memoria y futuro (en 1982).
Cine –Mujer —cooperativa creada a finales de los setenta por las bogotanas Eulalia Carrizosa y Sarah Bright— se preocupó por incluir en las pantallas del sobreprecio ciertas temáticas feministas expuestas en el corto metraje: A primera vista —estereotipos de la publicidad—. La pregunta del millón ¿Y su mamá qué hace ? y… una relación del trabajo artesanal desarrollada por Carmen Carrascal . Las hermanas Ventura, Joyce de Durán y la poeta Bella (ex de Mitrotti), con anterioridad se habían lanzado como directoras para recrear dos llagas: Cuando las puertas se cierran (el desempleo) y No hay mal que dure cien años (la prostitución).
Si nos remontamos al período de la compañía estatal Focine, dos décadas atrás, Camila Loboguerrero logró estrenar la comedia sentimental Con su música a otra parte (84), y poner en cinta una biografía costumbrista de la combativa María Cano (90) —ahora Camila se dispone a filmar Nochebuena —. Otra de las figuras femeninas igualmente destacadas de aquel entonces fue Gloria Triana, a través de dos series de reportajes etnográficos ( Yuruparí y Aluna ), en donde recogió los testimonios de fiestas patronales y tradiciones de cultura popular, a lo largo y ancho del mapa colombiano.
También de la prolífica era Focine, durante el gobierno de Belisario Betan-cur, fueron rodados en 16 mm algunos mediometrajes para televisión, con una duración promedio de 25 minutos y conllevan la autoría de una compatriota. El más sobresaliente : La mirada de Myriam , por Clara Riascos, al plasmar la existencia cotidiana de quien ha sido “la protagonista de su propia vida”. Sería imperdonable no registrar los aciertos interpretativos de una fábula de la guerra civil como Reputado, de Silvia Amaya; la evasión que rompe los esquemas de Esperanza, según Mady Samper, el humor al estilo Chapinero, de Camila Loboguerrero, en Vida de perros o las complicaciones maritales escritas por Alexandra Cardona para Derechos reservados .
Una de las figuras más prominentes de la política local, dejó huellas y tuvo sus antecedentes en el medio. Me refiero a María Emma Mejía, con la trágica evocación de una campesina desterrada en Bienvenida a Londres (codi- rigida con Carlos Mayolo) y aquella otra recreación desde Mompós de una joven francesa enamorada del Libertador, Ana Lenoit . Más en los terrenos independientes o marginales, Patricia Castaño y Adelaida Trujillo emprendieron controvertidas investigaciones de carácter político como La ley del monte (desde la serranía de La Macarena) y Las otras guerras de la coca (en el Magdalena Medio).
Sin duda alguna la cineasta internacional que más fronteras ha trascendido es Patricia Cardoso. Primero fue El reino de los cielos (1995), historia campesina basada en anécdotas de la vida real, que ganó un Oscar en la categoría estudiantil y, posteriormente, estrenó en Sundance Festival una producción HBO con actores hispanos desde Nueva York, cuyo título alude a que La mu-jeres de verdad tienen curvas . Aunque nos salgamos del tema propuesto, cabe recordar la figuración número uno del cine colombiano en este siglo: Catalina Sandino postulada al Oscar como actriz principal gracias a su espontáneo desempeño en María, llena eres de gracia .
Aunque no haya cubierto las vastas manifestaciones contemporáneas grabadas en video, no abiertas al público como tales, conviene anotar los aportes en el campo profesional de la fallecida antropóloga Nina de Friedemann sobre San Basilio de Palenque y los qui-lombos chocoanos. Así mismo, considerar nombres fundamentales que han incursionado en el dibujo animado: Magdalena de Massonat —fantasías oníricas— María Paulina Ponce —de tendencias didácticas— y la diseñadora gráfica Marta Granados. Desde Ba-rranquilla, no hay que olvidar los itinerarios de Sara Harb —sobre los refugiados palestinos— ni la extravagante re- velación sobre las andanzas de una tal Rita en un moderno supermercado.
Como se ve, pues, la participación femenina en el cine colombiano (y nos hemos referido principalmente a la dirección) es amplia y brillante. Si hubiéramos hablado de la actuación, la totalidad del espacio del periódico no nos hubiera alcanzado. Y habríamos tenido que empezar recordando a doña Berta Hernández de Ospina Pérez bailando tango en la prehistórica película colombiana, Bajo el cielo antioqueño.