El voto es un derecho fundamental porque es
el acto a través del cual las personas que lo ejercen expresan su voluntad con autonomía y libertad. El voto es la expresión de la dignidad del ser humano en el campo de la política, la manera como los ciudadanos y ciudadanas ejercen el sufragio, y muestran su definición como sujetos verdaderamente democráticos. No votar es negar el carácter inherente a la persona como ser político. Es negarse al zoon politikon, como definió Aristóteles en su tiempo al hombre.
La mayor debilidad de la democracia colombiana es la ausencia de valoración del voto como expresión del poder de los ciudadanos y las ciudadanas. Nuestra democracia se ha definido con todas sus debilidades desde diferentes puntos de vista, y con esfuerzo logramos calificarla como la más antigua de Suramérica. Pero no es solamente en la insti-tucionalidad ni en la ley ni en la pobreza y las desigualdades, ni tampoco en la corrupción en donde radica el fundamento de la debilidad del sistema. Todas estas características deficitarias de la democracia colombiana tienen un origen primario, que es la falta de apropiación del sentido, los alcances, las bondades y las condiciones de existencia de la democracia como forma de vida. Es decir, el desconocimiento de la manera cómo se ejerce la democracia y del papel determinante de la persona en su realización.
Hace más de 30 años el maestro Darío Echandía parafraseaba a Abraham Lincoln así: “En Colombia la democracia es el gobierno de los ignorantes, por los ignorantes y para los ignorantes.” Y ésta parecería ser aún la debilidad por excelencia de nuestro sistema político. Aún existe un desconocimiento colectivo de la importancia que los ciudadanos y las ciudadanas deben darle al derecho al sufragio.
Comprar los votos —práctica corriente en la sociedad colombiana— o, peor aún, amenazar para que se vote en una u otra dirección, es negar la dignidad y la libertad de decidir como atributo esencial de la persona. En uno u otro caso estamos confirmando la opinión de Echandía y esto no es más que la negación de la dimensión política del ser. Los políticos ofenden la dignidad de los y las ciudadanas cuando hacen del voto una mercancía, así la ofrecen a los electores, y éstos someten su dignidad a la ley de la oferta y la demanda cuando permiten que uno de sus más preciados derechos fundamentales se convierta en mercancía.
Poco han hecho el estado y la sociedad para transformar el sufragio en una manifestación de la dignidad, la libertad y la autonomía de las personas y su definición como seres políticos. La Bogotá sin indiferencia, que el alcalde Lucho Garzón propone en su gobierno y que es aspiración de todos y todas las ciudadanas, también propone el voto sin indiferencia , con lo cual quiere hacer un llamado a todos y todas para que ejerzan el derecho al sufragio con autonomía y responsabilidad. El acto de votar no es un hecho banal como para no acudir a las urnas o para ejercerlo cautivado por una suma de dinero, un mercado, cualquier prebenda o bajo amenazas. Ejercer el derecho al voto es efectuar el acto más importante de la vida personal en una sociedad democrática. Porque con él se define la calidad de las institu- ciones que nos gobiernan. Si queremos fortalecer la democracia, es necesario consolidar sujetos democráticos activos y plenamente conscientes de su papel como titulares de los derechos políticos.
Bogotá sin indiferencia iniciará el liderazgo del voto masivo; del voto consciente: el voto sin temores, el voto libre, a partir de los procesos electorales que se avecinan. Pero desde el sector de la cultura sabemos que ésta es una tarea de largo alcance y que sólo se podrá realizar a través de un proceso pedagógico continuado, que se inscribe en el campo de la formación para la ciudadanía activa , como una de las formas más determinantes de participación y ejercicio de la titularidad de los derechos de los habitantes de bogotá. Mientras llegamos a la plena participación en el ejercicio de los derechos políticos, Bogotá buscará metas del 50% de participación en las elecciones para el Congreso y del 60% para las presidenciales.
Y recuerden: Votar es asumir lo público como propio, y manifestar lo propio como público.