Hoy queremos iniciar con unas citas sobre la ciudad, su vida y su significado, que motiven a todos los ciudadanos a participar en el Plan Maestro de Equipamiento Cultural.
“El principal patrimonio de la ciudad es la vida de sus habitantes. Las anécdotas no las produce la arquitectura sino el diario de su gente. La arquitectura [de la ciudad] simplemente propicia el escenario.” Juan Carlos Pérgolis
Vivir es tener espacio J.E. Pacheco
La utilización de la ciudad para su fin más elevado: la civilización de la humanidad
D. W. Brogan La Ciudad en la Historia
Como prometimos en nuestra entrega anterior, hoy vamos a continuar con otros aspectos que integran el Plan.
III. Sobre el modelo de ordenamiento en el territorio
El Plan Maestro de Equipamiento Cultural en su proceso de formulación está definiendo un modelo de ordenamiento en el territorio que se articule a las estructuras y sistemas de la ciudad y la región, potencie las ventajas compara- tivas de los diferentes sectores o centra-lidades, refuerce oriente o consolide las vocaciones culturales, apoye los nodos de servicios urbanos, o sociales y sus redes, consolide y equilibre los sectores residenciales y sirva de sustento al tejido social y urbano, al hábitat cultural a las relaciones interculturales y a la convivencia urbana; proyectado de acuerdo a la dinámica poblacional y de demanda cultural en el largo plazo.
IV. Los aspectos económicos del Plan
El análisis de la cultura desde la perspectiva económica, más allá de intentar explicar las razones por las cuales el sector cultural hace importantes aportes no suficientemente reconocidos a los objetivos públicos de índole económica, busca examinar las implicacio-ciones de las manifestaciones culturales en la modernización de la ciudad, el entorno y la dinámica urbana.
El entendimiento de los procesos de cambio y desarrollo de las ciudades, permite analizar los elementos e inter-relaciones existentes y de las sinergias que se generan. “El desarrollo representa un cambio en la sociedad, un cambio en la forma de pensar, una transformación social fundamental”. Sin embargo es preciso considerar si también son las diversas expresiones culturales, las que exigen o empujan procesos de desarrollo y transformación a las ciudades.
Como parte del diagnóstico del sector cultural, el inventario de equipamien-tos de naturaleza pública, privada o comunitaria que presten o comercialicen bienes y servicios culturales, pretende un primer acercamiento a la oferta cultural en Bogotá, la visión regional del sector, el reconocimiento de la participación del sector en la producción económica a través de su inclusión en las cuentas nacionales, su consideración en la matriz insumo-pro- ducto y la oferta pública actual.
Los grandes escritores nunca las olvidan.
Ellos recuerdan a estas maestras
que se pasan la vida mirando hacia
abajo. Que se agachan para señalar
con la mano cómo se escribe una palabra,
para escuchar un secreto o se acurrucan
para amarrar un pequeño zapato.
Sí, ellas miran hacia abajo porque
nada les satisface más que acercarse y
enseñar a los niños. Y ese orgullo se
nota cuando hacen una rueda y cantan
tomadas de la mano con sus alumnos
cuando, con amor y tenacidad, los van
guiando, los van educando.
Mireya Guerrero recuerda que, cuando
era joven, sentaba a sus primos frente
a un tablero: “Yo empezaba a hacer
círculos y formas, como una profesora.”
Desde hace 16 años es maestra de
colegios oficiales, y su vocación se le
nota cuando le habla a los niños con
cariño y con calma. Para Guerrero, “Nada es más satisfactorio que ver a un
niño llamarme por mi nombre o ver su
gran sonrisa.”
En la institución educativa distrital
la Candelaria, sede C, todo el mundo
anda corriendo de un lado a otro. Una
hilera de niños sale a las doce del día y
es como una avalancha: se atropellan,
corren, se ríen, gritan. Luego, en la tarde,
cuando la escuela recibe a los alumnos
especiales, a partir de las 12:30, las profesoras de esta jornada van saludando
a todos con los niños con gran afecto, a todos por su nombre.
Una de estas maestras es Oneida Rojas, quien lleva 26 años en este oficio. Esta educadora, tiene muchas anécdotas, muchas razones para querer lo que hace: “Recuerdo a un niño que no podía hablar y que estaba en una silla de ruedas. La satisfacción de verlo progresar, verlo caminar sin su silla, fue incomparable.” Por las aulas de las escuelas pasan miles de alumnos, que ellas no vuelven a ver. Pero hay casos, como el de Diana Marcela Méndez, una trabajadora social que laboró en el programa gestores de paz, en el deprimido sector de altos de Cazucá, en Soacha.
Ella recuerda que, después de terminar su labor, uno de los niños con los que había trabajado, ya convertido en un joven, la llamó por su nombre y le dijo: “Gracias, Diana, porque usted me enseñó a soñar”. Todos recuerdan a una profesora en especial. La que nos enseñó a hacer las pausas después de los puntos y las comas, la que pacientemente nos mostró cómo dividir por dos cifras. La que nos lavó la cara cuando se nos rompió la nariz.