Coronación de la Virgen del Rosario
Angelino Medoro.
Temple sobre madera .
Siglo XVI. Museo de Arte Colonial
Bogotá Ver magazín páginas III, IV Y V.
En octubre de 2006 Libro al Viento se paseó
por el Metro de Madrid. Los libros de bolsillo
con lo mejor de la literatura colombiana, latinoamericana
y universal, que han logrado cautivar
a miles de lectores en Bogotá, llegaron a las
manos de los usuarios del Bibliometro, un programa
destinado al fomento de la lectura a través
del préstamo gratuito de libros en el metro
de la capital española.
Allí nació la idea de las Bibloestaciones, que
a partir del mes de marzo empezarán a operar
en Bogotá, en el sistema TransMilenio.
Un proyecto
de fomento a la lectura coordinado por la
Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, que
se convierte a la vez en un legado de Bogotá
Capital Mundial del Libro, celebración que concluirá
el próximo 23 de abril.
En estas pequeñas bibliotecas públicas ubicadas
en cuatro portales, Usme, Américas, Suba
y Sur, y en las estaciones Ricaurte y Avenida Jiménez,
habrá servicio de préstamo de libros y
recomendación de lecturas, con más de 1.500
títulos para niños y grandes, a los que se suman
los títulos de Libro al Viento. Cada bibloestación
será atendida por jóvenes de Fundalectura, quienes
se encargarán de expedir el carné a los usuarios
y de adelantar el préstamo gratuito de libros.
Para Ana Roda, coordinadora general de Bogotá
Capital Mundial del Libro, «las Bibloestaciones
son un aporte a la infraestructura cultural de
la ciudad y dejan implantada, de manera sostenible,
la valiosa experiencia de lectura que se logró
con los dispensadores de Libro al Viento.
En estos
seis puntos, los bogotanos se encontrarán así,
en el camino a su casa o al trabajo, con la posibilidad
de llevarse un libro en calidad de préstamo».Éste será un aporte más de la ciudad que durante
un año, hasta abril, será la Capital Mundial
del Libro, despertando, en más de un ciudadano
el interés por la lectura.
En este mes dedicado a la mujer es
oportuno recordar a quienes han
ennoblecido la condición femenina.
Quién mejor que Simone de Beauvoir,
cuando se cumplen cien años del nacimiento
de esta francesa que encontró
en las palabras la forma pacífica de revolucionar
el pensamiento del siglo XX.
Más que llamarla feminista, me gusta
asumir que De Beauvoir trascendió gracias
a esa alianza comprometida que estableció
con la problemática de su género
y con la defensa de sus ideas en
contravía de la lógica cultural de su
tiempo.
Leerla era «como si a una le creciesen
alas», según lo afirmaba una de sus
biógrafas, expresión que nos permite
entender por qué esta parisina es considerada
como suma sacerdotisa de un
movimiento de mujeres que por primera
vez se atrevían a criticar su relación
con el cuerpo y a cuestionar la pasividad
y renuncia de su género.
En 1946 publicó su libro más polémico,
El segundo sexo, un inteligente y
apasionado grito por la abolición de lo
que ella llamaba el «eterno femenino»,
en el que habla de sus experiencias
como mujer y la situación concreta de
otras mujeres, y protesta -entre muchas
otras cosas- por ese concepto milenario
que venía considerando a la mujer
como «la otra». De Beauvoir creía
injusto e inmoral el uso de las diferencias
sexuales para explotar a la mujer, y
de paso anotaba: «¿No es la longevidad
un signo de superioridad?». Dejó una
frase que se ha vuelto famosa con el
tiempo: «Uno no nace mujer. Se hace».
El siguiente es un fragmento de lo que escribió
en su controvertido libro:
¿Mujer? Muy simple, dicen los amigos de
las fórmulas simples: ella es un vientre,
un ovario; es una hembra: esta palabra
es suficiente para definirla. En la boca de
un hombre el epíteto hembra adquiere
el sonido de insulto, aunque no se sienta
avergonzado de su naturaleza animal; al
contrario, se muestra orgulloso si alguien
dice de él: ¡Es un macho! El término hembra
es derogatorio, no porque haga énfasis
en la animalidad de la mujer, sino porque
la confina a su sexo. [...] Sin embargo
[el macho] desea encontrar en la biología
una justificación de sus sentimientos.
Pero no sólo escribió sobre género.
También publicó textos filosóficos y narrativos,
como Todos los hombres son mortales,
y uno de ellos, Los mandarines (1954),
recibió el más importante premio literario
francés, el Goncourt. Después de morir el
gran filósofo existencialista Jean-Paul Sartre
—su inseparable compañero desde 1929
cuando lo conoció en la Sorbona, mientras
ambos estudiaban filosofía— ella le dedicó
un libro titulado La ceremonia del adiós
(1981), donde evoca la figura de Sartre.
Hasta antes de la Segunda Guerra Mundial
había sido profesora de filosofía en diversas
ciudades de Francia, pero la invasión
alemana la obligó a renunciar a la
enseñanza y a unirse a la Resistencia Francesa.
Con Sartre, y hasta el día de su muerte,
fue editora de Les Temps Modernes, la
revista política fundada en compañía de
Maurice Merleau-Ponty, Paul Nizan y otros
intelectuales de la izquierda francesa.
Más que feminista era una filósofa, una
filósofa existencialista. Nos lo dijo claramente
en La fuerza de las cosas:
Nunca he alimentado la ilusión de
transformar la condición femenina;
ella depende del porvenir del trabajo
en el mundo y no cambiará seriamente
sino cuando haya una verdadera
revolución en la producción. Por
esto he evitado encasillarme en lo
que se llama «feminismo»
.
Murió de pulmonía en 1986 y a su
funeral concurrieron más de 5.000 personas.
Sus cenizas fueron sepultadas en
el Cementerio de Montparnasse, al lado
de Sartre, con quien vivió prácticamente
toda su vida, sin casarse.
En lugar de
ir pasando al olvido, sus obras —literarias,
políticas, filosóficas— cada vez
adquieren mayor importancia. Sylvie
Chaperon, historiadora especialista en
los movimientos feministas franceses,
dice que cuando en la constitución francesa
se consagró el principio del «acceso
igualitario» a los mandatos y funciones
electorales, en el fondo, se le
estaba reconociendo a Simone de
Beauvoir su aporte a esa larga marcha
hacia la igualdad. De Beauvoir ayudó
también, de manera contundente, a
que las mujeres dejáramos de ser simplemente
«la otra».
Catalina Ramírez
Secretaria de Cultura, Recreación y Deporte
CARTA DEL LECTOR
Señor director Ciudad Viva
En la publicación de la referencia, en el
artículo de la última página [edición de
enero], «Los biocombustibles etanol y
biodiésel, una alternativa para el medio
ambiente», la caricatura que ilustra el
artículo va en contravía de lo que en su
titular de primera página informa:
«Estamos empezando la nueva Bogotá
positiva», pues el autor del artículo en
lugar de informar está desinformando a
los lectores porque dice que el diésel de
Colombia es el más contaminante del
mundo. Lo invito a que visite la página
de la UNEP (Oficina Ambiental de las
Naciones Unidas) para que revise el
mapamundi de la calidad de diésel de
todos los países del planeta y verifique
que no somos los mejores pero tampoco
somos los peores como lo dice la
caricatura y el artículo.
Lo segundo es que está desconociendo los
esfuerzos e inversiones que Ecopetrol ha
venido realizando en los últimos años, al
impulsar los programas de gas natural, de
biocombustibles y las mejoras tecnológicas
en las refinerías de Barrancabermeja y
Cartagena, lo que nos permitirá tener en
Bogotá diésel de 50 ppm de azufre; pero de
nada servirá esto si todos los demás
agentes involucrados realizan la tarea [sic]
que tiene que hacer especialmente la
alcaldía: mejorar la infraestructura vial,
mejorar la movilidad vehicular, cumplir
los programas de chatarrización, controlar
las empresas que usan
combustibles más
contaminantes como los aceites usados,
llantas y carbón sin ningún control de
emisiones, y por supuesto el sector
transportador para que renueve su flota
obsoleta, pues hay buses de más de quince
años circulando por las vías capitalinas y
sin el debido programa de mantenimiento.
Señor director, por lo anterior lo invito a que
hagamos esa Bogotá positiva y apoyemos las
buenas iniciativas y no le demos palo a
quienes estamos en proceso de mejora.
Cordialmente,
José Guillermo León
PD: Este comentario lo hago a título
personal y para nada compromete la
organización para la cual laboro.
Respuesta del director
Felicitamos a don José Guillermo León
por su lealtad a Ecopetrol, pero le aclaramos
que ser positivo no significa aceptar todo,
incluyendo lo malo. Los combustibles que
produce Ecopetrol están entre los peores del
mundo, y si en el futuro se le va a dar un
mejor combustible a Bogotá me parece
injusto (y hasta inconstitucional)
discriminar al resto del país. Ésta es mi
opinión personal.