El investigador español Santiago Sebastián (1931- 1965) realizó importantes avances en la identificación y clasificación de piezas notables de Colombia. La iconografía de la flora, las obras renacentistas, los grabados europeos, las iglesias, las influencias arquitectónicas fueron parte de su materia de estudio. Editado por la Corporación La Candelaria (hoy Instituto Distrital de Patrimonio Cultural) y el Convenio Andrés Bello, Estudios sobre el arte y la arquitectura coloniales en Colombia es un tratado de esa transferencia en dos sentidos que tuvo lugar en América.
«Que las casas sean umildes y no aya en ellas superfluydades más que aquello que forzosamente es nessessarlo para su habitación y horden», rezaba una orden de la real cédula impartida desde España en 1550. Mientras que a comienzos de 1610, tras la entrega de mil ducados a Santa Fe, el Consejo de Indias ordenaba lo siguiente: «Tenga la mano en estos conuentos para que no sean sumptuosos y sean descentes». De órdenes como las anteriores, de la austeridad que exigía la corona española para alivianar los despilfarros cometidos en México, de ahí concretamente, cuenta Santiago Sebastián, provienen la sencillez y la funcionalidad que caracterizan la arquitectura colonial neogranadina.
El libro de Sebastián es un completo catálogo en que el autor da cuenta de las iglesias, las techumbres mudéjares, las columnas, la ornamentación arquitectónica, las construcciones coloniales más valiosas de Cali, Cartagena, Popayán, Tunja, Santa Fe y otras poblaciones como Honda, Monguí o Guaduas. Una gran parte del libro está dividido en dos itinerarios: uno que contempla la zona central de Colombia y otro que recorre la región de la Costa Atlántica. Desde las fachadas y los techos hasta los más pequeños detalles de carpintería están señalados y explicados por el autor.
Sobre Tunja, una de las ciudades más importantes durante la Colonia, cuenta Sebastián que fue la primera de la Nueva Granada que tuvo conciencia artística: «Ninguna ciudad nos ofrece una visión tan compleja del desarrollo del arte colonial [...]. Hay muestras muy elocuentes del gótico isabelino, del mudéjar, del plateresco, del manierismo, del rococó y del arte mestizo». La iglesia metropolitana de la ciudad boyacense era «la más fastuosa y bien acabada que hay en todas Las Indias», aseguraba desmedidamente don Juan de Castellanos —quien en el siglo XVI dirigió su construcción—, como queda enunciado en este libro.
Sebastián se ocupa de temas tan diversos como Los Arcángeles de Sopó, la influencia mudéjar en Colombia, los grabados en la cultura neogranadina, la influencia de Rubens, los patios y las plazas de Santa Fe de Antioquia. Al respecto afirma: «Es inevitable que el viajero piense en la ilustre ascendencia de este patio santafereño: primero recuerda los ejemplares de Andalucía y del norte de África, y de aguas arriba de la historia están los patios árabes y los romanos, levantados también en las riberas del Mediterráneo».
Sobre Bogotá
Croquis de Bogotá y sus alrededores en 1797 (detalle). Mapoteca, Archivo General de la Nación.
Resulta agradable escudriñar en las páginas del libro de Sebastián para encontrarse con datos como el de la construcción de la catedral de Bogotá. Primero fue un pobre templo de bahareque. Luego tres alarifes construyeron la primera iglesia que, aunque finalizada en 1565, se desplomó unos días antes de su consagración. En 1572 el maestro mayor Juan de Vergara inició la obra de un nuevo templo que el terremoto de 1785 destruyó. La iglesia que hoy ven los bogotanos se terminó 1823. «Al fin Bogotá pudo tener una catedral comparable hasta cierto punto con las de México y Puebla», dice Sebastián.
Cuenta el autor que en Bogotá la arquitectura fue la directora de las otras artes. A partir de ésta se elaboraba por ejemplo la pintura, que consiguió liberarse con la figura de Vásquez de Arce y Ceballos, a juicio del autor, «el mejor pintor de la Colonia de Hispanoamérica, si se exceptúa al mexicano Echave el Viejo».
La exuberante decoración mudéjar del Convento de Santa Clara; las portaditas manieristas de la Iglesia de San Ignacio, construida en el siglo XVII; la Ermita de Egipto, la Recoleta de San Diego, la arquitectura doméstica de Bogotá representada en la Casa del Florero y la Casa de Moneda; el Observatorio Astronómico, dedicado a Urania y que fue el primer observatorio levantado en la zona equinoccial... Todo eso está consignado en el libro de Sebastián.
Desde los materiales de los pisos y su forma hasta el color de las paredes, el estilo de las columnas, los marcos de los cuadros, los retablos, las figuras de los techos, los altares, las pilastras, las naves de las iglesias, las materas, los dinteles. Todos esos detalles han sido registrados en este libro que da cuenta de lo que aún se puede observar de un pasado remoto.
En la Nueva Granada se interpretaron las diferentes modas estilísticas, desde el Renacimiento hasta el Neoclasicismo, en un lapso de tres centurias.
Santiago Sebastián Estudios sobre el arte y la arquitectura coloniales en Colombia
Agradecimientos a
Gabriel Pardo García-Peña, gerente general del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (antes Corporación La Candelaria) y a José Antonio Carbonell, director editorial del Convenio Andrés Bello.
Virgen del Campo. Madera tallada, policromada y estofada. Juan de Cabrera y Juan Dome. Siglo XVII. Recoleta de San Diego.
Museo de Arte Colonial. Portada. Siglo XVII
Señor de Monserrate. Pedro Lugo de Albarracín. Madera tallada, encarnada. Siglo XVII. Iglesia de Monserrate
Museo de Arte Colonial. Portada tipo dosel. Anónimo. Madera tallada, policromada y dorada. Siglo XVIII
Santa Rosa de Lima con el Niño. Dibujo. Gregorio Vásquez. Siglo XVII. Museo de Arte Colonial
Canéfora. Taller boyacense.
Madera tallada, policromada y estofada. Museo de Arte Colonial
Iglesia de San Agustín. Fachada. José de la Cruz, Bartolomé de la Cruz, Lorenzo Rodríguez, Juan Velásquez, Juan Moreno y Nicolás Rico. Siglo XVII
Iglesia de Santa Clara. Vista del interior. Siglo XVII