Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte Carrera 8ª Nº 9-83
Teléfono 2428380
Dirección electrónica: ciudadviva@scrd.gov.co
¿Cuáles son las razas de los habitantes de Bogotá?
[...] no somos europeos, no somos indios,
sino una especie media entre los aborígenes
y los españoles. Americanos por nacimiento
y europeos por derechos, nos hallamos en el conflicto
de disputar a los naturales los títulos de posesión
y de mantenernos en el país que nos vio nacer [...]. Simón Bolívar
Discurso de Angostura, 17 de diciembre de 1819
Bolívar era un mantuano. Un blanco.
Pertenecía a la clase rica de lo
que ahora es Venezuela, colonizadores
de territorios usurpados a los indígenas
explotados con sangre esclava traída a
la fuerza desde África. El ex presidente
dominicano Juan Bosch, en su libro
Bolívar y la guerra social, nos cuenta
toda la larga travesía psicológica y social
que padeció Bolívar para ganar la
Guerra de Independencia.
Los mantuanos
eran los criollos poseedores de
grandes plantaciones de cacao y por
ello también recibieron el nombre de
«cacaos», apelativo que hoy todavía se
utiliza en Colombia para designar a los
grandes poseedores de fortunas. Aprovecharon
en 1810 la invasión napoleónica
a España para declarar la independencia,
dejar de pagar tributos al rey y
derogar las leyes que regulaban la explotación
de lo que ellos designaban
como clases inferiores. Instauraron una
tiranía peor que la española, frente a la
cual se rebelaron los «pardos» o mestizos
y mulatos, los indígenas y los negros,
es decir las mayorías del pueblo, y durante
ese rabioso levantamiento, dirigidos
por Tomás Boves, vivando al rey de
España, los rebeldes acabaron con casi
todos los mantuanos.
Huyendo de esa guerra perdida, pero
con la idea de la independencia todavía
muy metida en la cabeza, Bolívar
llegó a Haití, donde gobernaba el negro
Petión, quien le prometió ayuda a cambio
de liberar a los esclavos. Posteriormente,
en la brega independentista,
incorporó al ejército patriota, como soldados
a los negros libertos y como
mandos a algunos hombres surgidos del
pueblo, a los «pardos», a los peones de
las haciendas, y sólo así pudo coronar
la independencia. En este largo proceso
asumió que ser americano era otra
cosa distinta de ser indio o europeo. Olvidó
mencionar a los negros, a quienes
proclamó libres en 1816, aunque el régimen
esclavista en Venezuela persistió
hasta 1854 cuando mediante ley se abolió
la esclavitud. Ni las batallas ganadas ni
las proclamas bolivarianas fueron suficientes
para lograr la libertad de todos.
Toda la gesta libertadora ocurrió hace
casi dos siglos, y detrás de los sables y las
palabras estuvieron los hombres y mujeres
que, por un momento, soñaron con
un mundo de iguales ante la ley y las
oportunidades, más allá del color de la
piel, de los bienes y de las costumbres.
Sobre este tema de la identidad étnica,
territorial y racial escribió en los
mediados del siglo pasado el envigadeño
Fernando González, quien atribuía
a la falta de una identidad étnica los
males que padece nuestra patria. Su
explicación tenía como fundamento la
vergüenza del mestizo, porque las relaciones
originales que determinaron el
cruce de razas no fueron producto del
amor entre iguales sino resultado de la
posesión clandestina o violenta entre el
patrón blanco y la india sirvienta o la
negra esclava.
Esos mestizos eran «sólo»
hijos de madre, «hijuemadres», desconocidos
por sus progenitores masculinos
y vilipendiados por el establecimiento
como hijos «ilegítimos» o
«naturales». Tal interculturalidad fundacional
de nuestra nación, basada en relaciones
de dominio o de fuerza, habría
dificultado enormemente la generación
de una identidad nacional. Sin embargo,
el historiador Indalecio Liévano Aguirre
aclara que la formación étnica de las
regiones colombianas antes, durante y
después del proceso independentista
difiere notablemente del proceso venezolano:
allá los blancos eran una casta
privilegiada, mientras que en Colombia
el color de la piel no estaba necesariamente
asociado a privilegios de cuna.
Por esa razón, la Guerra de Independencia
en Colombia no estuvo acompañada
de una revolución social.
Cuando se les preguntó sobre su pertenencia
a un grupo étnico o racial, en septiembre
y octubre del año pasado, los
habitantes de Bogotá mayores de 13
años1 respondieron así: el 44% no se siente
identificado con ninguno, el 33,39% se
asume blanco, mientras que el 16,57%
mestizo. Tan sólo el 0,70% se identifica
como indígena, el 0,58% como rom o
gitano y el 0,55% como afrocolombiano
o negro. El 2,98% de los encuestados no
supo o no quiso responder.
Esta fotografía de cómo se asumen
los habitantes de Bogotá puede dar lugar
a muchas interpretaciones y a no
pocas discusiones. De entrada sugiere
muchas preguntas: ¿cuál es la importancia
de lo racial o étnico si el grupo
mayoritario de quienes habitan en Bogotá
no lo tiene en cuenta? ¿Las personas
que se consideran de raza blanca y
que son el grupo étnico mayoritario
determinan una perspectiva cultural
sobre el resto de la población? ¿Qué
pasa con la población que se asume
mestiza? ¿Las políticas culturales poblacionales
sólo deben tener en cuenta a las
minorías que asumen su condición étnica,
los afrodescendientes, los raizales,
los indígenas y los rom, mientras se ignora
al resto?
1 Encuesta Bienal de Culturas 2007, Secretaría de
Cultura, Recreación y Deporte, Observatorio de
Culturas.