Homenaje / Perfiles ejemplares
Tres mujeres que trabajan por la cultura comunitaria
En el mes de la mujer resaltamos la labor comunitaria que han llevado a cabo durante años, de forma silenciosa, tres mujeres que atan con su constancia y sacrificio los lazos culturales de los vecinos que las rodean.
La arqueóloga de Sabanilla
Cecilia Lamprea lidera un proyecto pedagógico de inve stigación arqueológica en la ve reda de Sabanilla.
Foto: Rafael Caro Suárez
En una casa rosada del barrio Quiroga reposan —en un improvisado mini-museo— centenarios tesoros chibchas, listos para ser contemplados por los amantes de la historia precolombina. Pueden pasar varias horas y doña Cecilia Lamprea no termina de contar las anécdotas que vivió cuando buscaba, en compañía de sus discípulos, aquellas piezas arqueológicas que hablan por sí solas de las raíces de la vereda de Sabanilla, en el vecino municipio de Ubaque. Esta mujer bogotana de 75 años, que ha dedicado más de 55 a la enseñanza, se ha ganado el respeto, la admiración y el cariño de los habitantes de esta población, a donde llegó en 1997, cuando a su hija la nombraron rectora del colegio rural del sector. «Mi hija me pidió orientación y ayuda porque no contaba con profesores suficientes, así que pedimos permiso a las autoridades para que yo pudiese trabajar, así no me pagaran», explica.
Así lo ha hecho desde entonces, y sus aportes a los estudiantes han sido muchos. Ha liderado un proyecto de investigación arqueológica en este lugar, donde habitaron los Chibchas hace cientos de años. «Pienso que esa es la verdadera educación: sentirse cercano a la tierra que lo vio a uno nacer, conocer sus raíces y antepasados para generar libertad de pensamiento y expresión», dice. Su trabajo se ha ganado el aval de instituciones como Colciencias, el Movimiento Expedición Pedagógica Nacional y la Cepal; también ha sido finalista del Premio Compartir. Pero para ella lo más importante es la cercanía con sus estudiantes, con quienes ha caminado durante horas para encontrar piedras con pictogramas indígenas y piezas precolombinas.
La matrona de Ciudad Bolívar
Aura Calimán dirige la Federación del Adulto Mayor
«A través de la cultura —dice Aura Calimán— se puede enseñar a la ciudadanía a expresar sus inquietudes y a que viva en comunidad de forma participativa». Aura tiene los ojos verdes y un larguísimo pelo negro cubierto de canas.
Desde hace veinte años trabaja por la cultura en la localidad de Ciudad Bolívar, una de las zonas más complejas y estigmatizadas de Bogotá. Actualmente es líder de la Casa de la Cultura de esta localidad. Con la ayuda de Aura, los cientos de familias que llegan a poblar un pedacito de esta zona, los desplazados, se han dado cuenta de que las costumbres de sus regiones y sus manifestaciones artísticas le aportan mucho a una ciudad que se distingue por la heterogeneidad de razas y culturas.
Con constancia, Aura ha ayudado a que Ciudad Bolívar sea territorio de paz. El respeto al trabajo barrial, sectorial, ha sido una de las banderas de Aura, quien además fue consejera de cultura durante cuatro años.
Esto se evidencia cuando afirma que su organización —Federación del Adulto Mayor— y 48 organizaciones más decidieron conformar la Casa de la Cultura, entre otras cosas, para fortalecerse y fomentar la influencia de cada organización en su sector, e identificar los problemas y necesidades muchas veces distintos. Aura le ha apostado especialmente al trabajo con personas de la tercera edad, porque, según ella, son el sector más rechazado y olvidado: «Las personas mayores pueden aportar, crear, producir. Pero pocos les prestan atención. No saben de las enseñanzas que se pierden».
La líder de Engativá
Lilia Alarcón representa a los adultos mayores en el Consejo Local de Cultura de Engativá.
Foto: Rafael Caro Suárez
Esta pequeña mujer de aspecto frágil, como de porcelana milenaria, es la responsable de los destinos de cientos de abuelitos de la localidad de Engativá. Se trata de Lilia Alarcón, quien preside el Grupo de la Tercera Edad del Consejo Local de Cultura de esta localidad, y quien, a pesar de tener en su cabeza cabellos plateados —que le dan una gracia ancestral a su hermoso rostro—, asegura tener la vitalidad suficiente para velar por los intereses de sus vecinos. Hace más de 10 años, en una salida que hizo a un parque de la zona para hacer gimnasia, recibió un consejo que le cambió la vida: «Se me acercó un profesor de educación física y me dijo que yo tenía la actitud y la fortaleza para dirigir grupos de acondicionamiento físico», recuerda. Así, tocó las puertas de las casas vecinas y logró reunir a 20 abuelitos para ir sagradamente tres veces por semana a hacer ejercicio. En 1997 tomó un taller de recreación y lúdica que dictó el Instituto de Recreación y Deporte, y quedó capacitada no solamente para hacer sesiones de ejercicio, sino también juegos, talleres lúdicos y actividades recreativas y culturales.
Su labor comunitaria tuvo eco y en 1999 logró integrar por primera vez el Consejo Local de Cultura de Engativá; desde entonces ha tenido una impecable labor, en la que se destacan la conformación de innumerables grupos de teatro, danza, literatura y deportes para el adulto mayor.