La contaminación lumínica, enemiga de los astrónomos
Foto cortesía de astronomy 2009.org
Durante este mes, el Año Internacional de la Astronomía (AIA) girará en torno a la preservación de los cielos oscuros, fuente principal para el trabajo y la investigación astronómica.
Este es uno de los once proyectos pilares del AIA, y se ha denominado Descubre el cielo oscuro: una reflexión sobre la importancia de disminuir los niveles de contaminación lumínica en las grandes ciudades, que es en donde se presentan los mayores niveles de iluminación artificial.
La herencia natural que suponía tener un cielo oscuro le permitió a Galileo Galilei, hace 400 años, observar objetos celestes a millares de kilómetros con su rudimentario catalejo, ya que la luz de las estrellas llega a la Tierra con mucha debilidad, y su imagen se proyecta mejor en condiciones de luz escasa. David Crawford, de la Asociación Internacional para un Cielo Oscuro (International Dark Sky Association), comenta: «Dentro del público en general, pocos han visto alguna vez un cielo oscuro de primera calidad. Los habitantes urbanos sólo pueden ver una noche clara, salpicada de estrellas, en las simulaciones de un planetario». Lo importante es tomar conciencia como ciudadanos y hacerles ver a las autoridades la necesidad de hacer un cambio en el tipo de alumbrado público.
Para ver en la oscuridad
El domingo 15 de marzo, en el Planetario de Bogotá, se realizará una videoconferencia dictada por un científico chileno (desde el Observatorio Gemini Sur, en el Cerro Pachón, a 80 kilómetros de La Serena, Chile), quien «hablará sobre la problemática de las grandes ciudades por la ausencia de cielos oscuros, lo cual dificulta las observaciones astronómicas de calidad», explicó Jorge Guevara, director científico del Planetario. También anunció el proyecto Astronomía al Parque, que se llevará a cabo desde finales de este mes hasta mayo, en lo que será una gran jornada de observaciones desde los principales parques bogotanos (como El Tunal, Simón Bolívar, El Virrey, Engativá, San Cristóbal, entre otros), así como en la Red de Bibliotecas Públicas.
Guevara indicó que los astrónomos de Bogotá tienen que salir de la ciudad a distancias considerables para poder hacer buenas observaciones. «Ni siquiera en poblaciones cercanas, como Tocancipá, Zipaquirá o Silvania, encontramos las mínimas condiciones de oscuridad, ya que desde allí se percibe la contaminación lumínica bogotana», añadió. Por algo, en el mundo existen muchos observatorios astronómicos en lugares alejados de las urbes, como en Chile, donde hay varios ubicados en desiertos, o en Hawaii, donde existe uno en una montaña a casi cinco mil metros de altura.
Además, durante el mes de marzo, expertos realizarán mediciones de los niveles de contaminación lumínica en la ciudad, para discutir científicamente las soluciones viables.
La comunidad astronómica internacional propone cambiar el tipo de alumbrado en las ciudades, «por bombillos que apunten hacia el piso y no hacia todos lados, como ocurre aquí en Bogotá», afirma Guevara, quien es consciente de que sería muy ambicioso poner en cintura a toda la ciudad para cambiar el nivel de iluminación. Esto conllevaría a ejercer un control sobre las industrias, el comercio y Codensa, cuyo criterio es «entre más iluminado, mejor». Y ese es precisamente el peor enemigo de la Astronomía.