Promotores de lectura: los que entregan las palabras
Fotos:Carlos Mario Lema
Todos los sábados, a las once de la mañana, Laura Acero abre un cajón mágico. Laura, estudiante de literatura de 19 años, llega al Parque Simón Bolívar, saca un juego de llaves, les da la vuelta a dos candados, empuja las puertas con sus brazos, y entonces aparecen más de 300 libros de todos los tamaños y colores, volúmenes que resguardan las voces de Wilde, Chesterton, Dickens, Monterroso, Borges... Laura, una de las promotoras de lectura de los Paraderos Paralibros Paraparques (PPP), cree que lo mejor de su trabajo es acercar a la gente a la lectura.
En otro punto de la ciudad, en la Plaza de Mercado del barrio Quirigua, en medio de cientos de olores, como el de la hierbabuena y la albahaca, cerca de los cerros de papa, las montañas de granos y los refrigeradores en donde descansa la carne fresca, trabaja como promotora de lectura Yomar Rodríguez. «Mi trabajo se basa en entregarle a la gente las palabras», cuenta Yomar. Cuando era niña, tenía un único libro: Caperucita Roja; sin embargo, el oficio de sus padres estaba relacionado con el mundo de la lectura y la escritura. Su madre encuadernaba libros y su padre reparaba máquinas de escribir. «Mi mamá leía mucho. Y le gustaba encontrar en los libros mujeres luchadoras, que no sólo se dedicaban a coser y a cocinar. Desde niña me aficioné a los libros. No importaba que no tuvieran dibujos ni letra grande. Las palabras fueron las que me sedujeron». Aun hoy, cuando el computador ha desplazado completamente a la máquina de escribir, en la ventana de su casa se lee un aviso que dice: «Se arreglan máquinas de escribir». Y hay clientela.
Según los testimonios de los promotores de lectura, los niños son los usuarios más fieles de los PPP. La mayoría se entretiene leyendo los libros álbum, de tapa gruesa y llenos de ilustraciones. Según César Ruiz, quien tiene a su cargo los PPP de los parques Sauzalito y El Jazmín, hay niños que se interesan muchísimo en la lectura y vienen constantemente. Laura, por su parte, asegura que si se tiene en cuenta el género «las que más leen son las niñas».
Fotos:Carlos Mario Lema
En la Plaza de Mercado del Quirigua ocurre lo mismo. «Lo mejor del puesto de lectura es que los niños ocupan mejor su tiempo», dice Yomar. Pero no sólo los niños utilizan los paraderos. En el Quirigua, por ejemplo, uno de los asiduos lectores es el vendedor de lotería, quien siempre le pregunta a Yomar: «¿Qué me tiene hoy para leer, niña?». Marcos Bernal, uno de los tradicionales comerciantes de la plaza, también es un usuario constante de la biblioteca. Además, al finalizar cada lectura, la comenta con Yomar. En general, los adultos escogen los volúmenes de cuentos. Según César, la colección libro al viento es una de las más pedidas. «Son pequeños, ilustrados, cortos, bien editados», afirma. Uno de los autores más leídos es el escritor guatemalteco Augusto Monterroso, especialmente La oveja negra y otras fábulas.
La relación de los promotores de lectura con su entorno es muy buena. Laura se ha dado cuenta de que estableciendo un trato más cercano con los vendedores del parque, el PPP puede ser más conocido. «Los que venden helados o raspados, y los de las casetas, siempre les recomiendan a sus clientes pasar por la biblioteca», dice.
Para la promotora de lectura Liliana Moreno, las instituciones deben seguir avanzando en proyectos para el desarrollo de la lectura y la escritura. Según cuenta: «Yo empecé a trabajar en esto porque no entendía el divorcio entre los jóvenes y la literatura. Con el pasar del tiempo me di cuenta de que la promoción de la lectura es mucho más efectiva si se hace desde las instituciones». Liliana siempre ha estado interesada en que la gente conozca más a fondo la literatura colombiana.
El programa de los PPP surgió con la idea de fomentar directamente el hábito de la lectura, cubrir la ausencia total de libros en algunos sectores marginados de nuestra ciudad y conjugar dos prioridades básicas de la administración distrital: el buen uso del tiempo libre y del espacio público, además de democratizar los bienes culturales. Los promotores de lectura, desde sus bibliotecas, en cada una de las cuales se puede escoger entre más de 300 títulos, le entregan a la gente las palabras, como dice Yomar. Las palabras más amenas, las historias más emocionantes, los poemas más sonoros. Mientras el viento mueve las ramas de un árbol en una tarde cualquiera, qué mejor plan que apoyar la cabeza en el pasto, doblar un poco los brazos, abrir un libro y dejarse llevar por las palabras.